jueves, 1 de junio de 2017

Capitulo 8 de Gótica "Ángeles de la Muerte"


Capitulo 8

“Las Lágrimas de la Muerte


Ni los viejos conjuros alivian las viejas heridas, cuando la herida más profunda es el propio nacimiento, sabes que me embriaga la muerte, que no temo ante la idea de lanzarme al vacío, sabes muy bien que estoy enamorada del silencio y de la oscuridad.

Gótica acariciaba con dulzura la cabeza de su gato mientras este dormía acostado sobre la mesa, ella una vez más se dejaba llevar por el silencio y la oscuridad, con la mirada fija en la vela encendida, pensaba en cientos de cosas a la vez, se percibía ansiosa y molesta aunque también esas sensaciones le provocaban un cierto grado de tristeza. Todo a su alrededor estaba oscuro, había bollos de papel y hojas rotas esparcidas por toda la sala, tomó la pluma que yacía dentro del tintero, una gota de tinta cayó sobre el papel en blanco, suspiró y la regresó a su lugar, la puerta se abrió lentamente provocando un sonido crudo, un viento frío ingresó arrastrando las hojas secas de los árboles al interior, ella se puso de pie, sus ojos miraban con intriga, entonces notó que la muerte ingresó a la sala.
- ¡Eras tú!- Exclamó ella y volvió a sentarse.
- Estaba de lo más tranquilo trabajando, y sentí tu voz susurrándome al oído.- Dijo él.
-A veces siento que nada es real, ¿Quisiera saber de donde nace en mí esta melancolía que me invade?... – Dijo Gótica sin mirarlo mientras acariciaba a su mascota.
- Cuando un alma se desvanece entre mis manos y siento la tibieza de ese último suspiro, mi cuerpo siente por un instante el sabor de la vida humana… pero ella...siempre es tan rápida para quitarnos ese instante de dulzura,  que entonces nuevamente vuelve el sabor amargo de la vida inmortal…-Dijo él observando por la ventana, afuera el cielo se tornaba gris.
-¿Quién es ella?- Preguntó Gótica
-¡Morgana!... No debemos nombrarla porque siempre esta ahí esperando sigilosa el momento exacto… Sarah tiende a dejarte en este estado… La bruja del bosque que todo sabe y todo lo ve, en sus manos aún corre mi última lágrima de amor mortal, ella conoce mis secretos, desde entonces y se niega a revelarlos.- Dijo la muerte.
-¿Y por qué conoce tus secretos? - Preguntó Gótica y lo observó, él seguía de pie erguido junto a la ventana sin mirarla.
-Una lágrima de la muerte y unas gotas de sangre pueden revivir un cadáver, me compadecí de su dolor y le di tres gotas de mi sangre y mi esencia más valiosa, mi última lágrima que es lo que quedaba de mi destello humano, aquella lágrima era, el amor que alguna vez corrió por mis venas y que me mantenía cautivo, me tenía amarrado a alguien que alguna vez amé pero ya no recordaba, eso es lo que te sucede, debes dejar caer esa lágrima que te mantiene atada a una vida humana que no recuerdas y te llena de melancolía, yo le dí mi última lágrima a Sarah porque ella perdería su cordura al perder a su amado, ella es diferente al resto, ella es una bruja especial y me sentí forzado a ayudarla.- Dijo la muerte.
- Pero entonces si mis últimas lágrimas pueden ayudar a alguien deberíamos dárselas de beber a alguien que este muriendo o que ya este muerto, debo hacerlo, debo redimirme, entre tantas almas que he entregado podría mantener el equilibrio si salvo tan solo una, puedes llevarme al mundo humano, para que derrame mis lágrimas y pueda ser un ángel de la muerte sin culpa.- Dijo Gótica poniéndose de pie.
-Cuando tus últimas lágrimas caigan de tus parpados cerrados, entonces dejarás de sentir esa melancolía que mantiene cautiva y estarás vacía, no habrá nada de humanidad en ti es lo único que te queda, y es muy valioso, es como el único recuerdo de que fuiste humana alguna vez.- Dijo la muerte.
- ¡Lo sé! pero estaremos en las mismas condiciones, quiero acompañarte en la eternidad y entregarte almas sin un rastro de culpa, ser como tú.- Dijo Gótica y tomó las manos de la muerte entre las suyas, sus ojos se perdieron en la fría profundidad de la mirada de la muerte.
-¡Lo haremos!.. Debes cerrar tus ojos y no abrirlos hasta que lo diga.- Dijo y la abrazó.
Las alas de la muerte se abrieron y comenzaron a envolverla lentamente, Gótica escondió su rostro en el pecho de la muerte, todo fue oscuridad, ella apretaba los parpados.
- Se escucha el cántico de un antiguo conjuro y el canto de los cuervos. – Dijo Gótica y se aferró con fuerzas a la muerte.
- ¡Abre los ojos!- Susurro él.
Al abrir los ojos ella percibió un aroma a enfermedad, estaban en un largo y ancho pasillo de pisos de mármol gastados, había varias puertas de las cuales entraban y salían personas, el aire se tornó pesado y húmedo, un olor a peste abundaba allí.
-¿Dónde estamos?- Preguntó ella ansiosa.
- En el hospital de la ciudad, aquí vengo a buscar almas pecadoras o quienes desean un pacto por un poco más de vida, aquí deambulamos las muertes de todos los reinos ¡Bienvenida al mundo humano! Un mundo para alimentar a demonios, aquí se siente dolor corporal, los humanos se pudren en vida lentamente, estamos en medio no pertenece a ningún reino, por eso es frecuentado por ángeles, demonios y parcas,  este lugar me pone de buen humor. – Dijo la muerte, dos mujeres pasaron caminando frente a ellos y una de ellas exclamó.
- “Deberían cerrar las ventanas, este pasillo esta muy frío, o al menos reponer los vidrios rotos que faltan”.- La muerte sonrió.
- Aquella mujer que acaba de pasar por aquí sintió un escalofrío en su cuerpo, percibió nuestra presencia, este pasillo es como una entrada y salida rápida para nosotros… Basta de hablar y busquemos a alguien para que salves su vida con tus lágrimas, antes de que me excite tanto que me lleve a varios de ellos.- Dijo la muerte.
Ingresaron a la sala de mujeres donde había varias camas, Gótica observó a cada una de ellas,
- ¡Muchacho ven!.. necesito que me alcances otra cobija.- Dijo una anciana a la muerte, Gótica se sorprendió.
- ¿Por qué puede verte?- Le preguntó
- Ella es Sonia, ya la visite varias veces, tiene 72 años y sufre de un cáncer terminal, puede verme porque le queda poco de vida… ¡Ya estoy con usted!- Dijo la muerte
- ¿Quieres que salve a ella?- Preguntó Gótica.
-¡No!..No de ninguna manera...Ella es mía, envenenó a varias personas, entre ellos dos de sus hijos, era la cocinera de un hotel de alta categoría, nunca la descubrieron, asesinó a unas siete personas, fue muy grata para mí su estadía en la tierra humana, tiene un lindo lugar reservado en el infierno, es una dulce mujer ¿verdad?- Dijo la muerte y se acercó a  la anciana.
Gótica observó a la muerte hablar con la mujer mientras la cubría con una manta, entonces sintió un aroma agridulce casi embriagador, aquel aroma que solo los ángeles de muerte podrían percibir entre tanta enfermedad, y era el perfume que brotaba de un alma pura o virgen, caminó lentamente guiada por su instinto, salió de la sala de mujeres y en el pasillo vio a dos médicos hablando con una mujer que lloraba desconsoladamente, se acercó a ellos que no notaron su presencia,
-“Ya le hemos puesto sangre estamos haciendo todo lo que esta a nuestro alcance…”- Dijo uno de los médicos.
- “Perdió demasiada sangre, cuando ingresó estaba en un pésimo estado…”- Dijo el otro medico.
-“Es mi niño doctor debe salvarlo…”- Repetía la madre del niño enfermo, luego la mujer salió por la puerta que daba a la calle sollozando.
Gótica supo entonces que aquella encantadora fragancia era en la sala de niños, ingresó, todas las camas estaban vacías salvo una, allí recostado estaba un niño pequeño, sus antebrazos estaban envueltos en vendas manchadas de sangre, el niño estaba pálido tanto que ya no parecía tener vida, Gótica posó su mano sobre el pecho del niño y sintió su corazón latir lentamente, hasta pudo escuchar aquel latido, primero deseo llevarse su alma para terminar con su agonía y la de sus padres, su instinto de ángel de la muerte intentó controlarla, ansió llevarse esa alma tan pura y bella, pero luego el niño movió los ojos bajo los parpados, Gótica supo entonces que aún había vida en aquel frágil cuerpo, se inclinó sobre él y respiró hondamente aquel aroma humano, posó su mentón en la frente del niño, un extraño sentimiento la sumergió en la tristeza, como si aquella alma pidiera a gritos ser rescatada de las garras de la muerte, a su vez su aroma se hacía familiar para ella, entonces sus pestañas se inundaron de lágrimas, recorrieron todo su rostro y se derramaron sobre la frente del niño, esas lágrimas ya estaban destinadas a salvar su joven vida humana, ella lo observó, las gotas de sus lágrimas recorrieron todo su pequeño y demacrado rostro hasta caer en sus labios, el niño se movió en el lecho, luego abrió los ojos pudo verla por un segundo y enseguida la figura de aquella hermosa dama se desvaneció como en un sueño, ella sitió las manos de la muerte tocar sus hombros,
-         ¡Debemos irnos!- Exclamó él.
-         ¡Gracias! Ya no siento tristeza, curaste mis viejas heridas, siento que ya no sangro por dentro.- Dijo Gótica mirando al niño con una sonrisa.
-         ¡Perfecto! Porque necesito que tomes un par de almas con tu guadaña, hay varios aquí que deben irse, tú ve a la sala 2 y yo a la 5.- Dijo La muerte.
 Ambos tomaron sus guadañas con firmeza, y salieron de la sala de niños, entonces vieron a la madre del niño correr por el pasillo cuando estaban ingresando a sus respectivas salas, lo último que gótica escuchó fue la voz de uno de los médicos que felizmente exclamó -“Es un milagro…”-


Próximamente no dejes de leer el Capitulo  9 de Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos de góticos. Solo 2 Capítulos nos separan del final.
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Les deseo unas eternas lunas
L.C.D


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3 comentarios:

  1. Que bello capitulo el N° 8, todo sigue un orden, en esta vida y en la otra.

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    1. Muchas gracias por tu comentario Andres, espero te guste el final ya queda poco. Un abrazo y eternas lunas

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