jueves, 11 de mayo de 2017

"Bajo la luz de la luna llena" Cuento de terror


"Bajo la Luz de luna llena"
Cuentos de terror L.C.D
De: Cuentos Sombríos


Sentada en el bote con sus piernas cruzadas, Alicia acomodaba su rojizo cabello hacía un costado con elegancia, lo miraba de reojo aún con un poco de timidez, se trenzo el cabello y apoyó sus codos sobre las rodillas, lo miró a los ojos y sonrió tenuemente, luego con delicadeza arrojó una piedra pequeña al agua, apoyó luego su mentón sobre las palmas de sus manos y sus dedos tocaron sus rosados labios,  posó su mirada sobre el agua. Martín, remaba sin apuro, cortando el agua mansa muy despacio con los remos, era la primera vez que utilizaba su bote, prefirió estrenarlo con una muchacha que pretendía en aquella tarde de verano, pensaba pedirle matrimonio a orillas del río, una vez que estuvieran en el puerto, como cada tarde que observaban junto a la orilla la puesta del sol, al caer el ocaso la acompañaba hasta su casa caminando, para seguir un rato más a su lado, hacía unos pocos meses de su noviazgo, pero él ya sentía que la amaba.  Miró el cielo rojizo con algunos pájaros volando en círculos, mientras amarraba el bote, el crepúsculo se aproximaba y debía llegar a tiempo para que Alicia no fuera regañada por sus padres. Una tenue bruma se desplazaba hasta cubrir tenuemente el puerto, el ocaso había dado paso a la noche mientras emprendieron la caminata, Martín se quitó el saco para cubrir los hombros de Alicia, comenzaron a caminar por el sendero que bordaba el oscuro bosque, por momentos él la miraba, pero aún no se atrevía a decir nada, se quitó del bolsillo del pantalón la sortija y la sostuvo en su puño cerrado, ella observó unos instantes la luna llena por entre las ramas altas de los finos árboles, lanzó un suspiro.
Al oír unos pájaros gritar alarmados en la espesura del bosque, ambos miraron hacía los árboles,  sin darle mayor importancia siguieron el camino, seguro era alguna comadreja o animal cazando su presa en la noche, pensó Martín fugazmente mientras seguía esperando el momento oportuno para pedirle matrimonio, a lo lejos se escuchó el aullido de un lobo, Alicia se asusto.
-         Tranquila Alicia, el animal esta lejos, no va a suceder nada.- Le dijo.
La sensación de que algo los estaba siguiendo comenzó a crecer en los pensamientos de la joven, como un fatídico presentimiento, entonces Martín para tranquilizarla la abrazó
-         ¿Qué era eso tan importante que debías decirme?- Preguntó Alicia, él se arrodilló.
-         ¿Quieres ser mi esposa?- Le preguntó con sus ojos ansiosos por la respuesta, los ojos de Alicia se llenaron de lágrimas, mientras que Martín colocaba la alianza en su dedo anular.
-         ¡Sí! Quiero casarme contigo.- Dijo Alicia.
En ese instante se escuchó el crujir de una rama seca, ambos se miraron en silencio, Martín se puso de pie, luego se oyó como si alguien corriera por el  bosque pisando ramas y hojas secas, los pájaros que despertaban espantados delataban una presencia furtiva y peligrosa, alguien o algo se oculta en el follaje, Martín le pidió que se quedará quieta para que no notaran su presencia ocultándola tras su espalda, Alicia lo abrazó con fuerzas.  La más oscura y amenazante  noche los rodeaba, se oyó como una respiración que no era humana, casi imperceptible, luego fue aumentando,  hasta que de un solo saltó la bestia que los seguía se apareció frente a ellos tan rápidamente que apenas pudieron advertirlo,  de su boca abierta emanaba el vapor de su furia,  lanzó un espantoso gruñido, trataron de no correr, luego la bestia dio un aullido estremecedor que confirmó el miedo que sintió Martín, definitivamente tenían frente a ellos un hombre lobo, Martín empujó a su novia y le gritó que corriera, la bestia se lanzó sobre él quién luchaba para quitárselo de encima, Alicia corría con desesperación por el sendero que la llevaba a su casa, lloraba, el sonido de un disparo la detuvo, el estruendo fue tal que ella al frenar la corrida cayó al suelo, pensó en volver, no podía dejarlo, y regresó a donde estaba Martín luchando por su vida.
 
Cuando llegó vio a dos hombres armados con pistolas y escopetas, Martín se veía en perfecto estado, solo tenía unos rasguños, ella lo abrazó y lloró desconsoladamente, los cazadores, les contaron que llevaban seis días de luna llena intentando matar al hombre lobo, la bestia que permaneció oculta entre los árboles esperando el momento de atacarlos al rozarle una bala, se escapó, cuando miró Martín hacia atrás el terrorífico monstruo estaba en el final del sendero, antes de que la escopeta volviera a tronar se sumergió en la oscuridad del bosque que
lo amparó nuevamente como a otros misterios que seguramente se deslizan entre las sombras esperando pacientemente ver cruzar a una persona por algún camino o sendero apartado. Los cazadores, quisieron acompañarlos hasta donde iban para que estuvieran a salvo, pero Martín se negó, tomó la mano de Alicia y retomaron el sendero, cuando llegaron a la casa de Alicia, ella sintió que la mano de su novio estaba mojada, miró y la notó ensangrentada,
-         ¡Te hirió!, déjame ver.- Dijo ella preocupada, él descubrió su brazo derecho, tenía cuatro heridas muy profundas que sangraban.
-         Busquemos un doctor.- Exclamó Alicia.
-         ¡No! Son unos simples rasguños.- Dijo Martín
-         ¡Te ha mordido!- Exclamó Alicia mirando su hombro izquierdo.
-         No va a pasarme nada, mañana voy al doctor.- Dijo y la despidió con un pequeño beso en los labios.

Dos semanas después del ataque, la pareja contrajo matrimonio, y vivían en una pequeña estancia, dedicándose a la compra y venta de caballos, trabajo que la familia de Martín  brindaba desde varias generaciones, Alicia y Martín estaban viviendo el sueño de toda su vida, formar una familia,  pero a la cuarta semana de casados Martín enfermó. Las heridas provocadas por aquel encuentro con el hombre lobo, nunca cicatrizaron, se cambiaba las vendas entre cinco y seis veces por día, cubría de esa manera el estado de sus lesiones para que su esposa no se diera cuenta de su infección, Martín, percibía aromas y olores que otros ni siquiera conocían, su temperatura corporal estaba siempre elevada como si tuviera fiebre crónica, podía oír los más leves sonidos, como el de las ratas en el ático, o el gotear de la canilla de la cocina y en las noches cuando todo era silencio, a pesar del canto de los grillos, él podía oír la gota del grifo de la cocina, y el de las agujas del reloj de pared que estaba en el living de la casa, junto con el correr de las peñas patas de las ratas en el ático, y los búhos en cercano bosque, todos estos sonidos y olores no lo dejaba cerrar tranquilamente los ojos para dormir en la habitación de arriba, Alicia insistía en llamar al doctor, pero él se negaba molestándose.
Los dos últimos días antes de lo inevitable, Martín se sentía irritado, Todo lo fastidiaba, había colocado algodones para tapar sus oídos porque ya no soportaba los susurros, por último comenzó a ponerse también tapones de gasa en los orificios nasales y tomaba largas duchas frías. Eran las seis de la tarde y Alicia estaba en la cocina picando cebollas y zanahorias para agasajar a su marido con una carne rellena al horno, Martín ingresó, bebió un vaso de agua,
-         ¿Quieres una limonada? Es una tarde calurosa.- Dijo picando unos dientes de ajo.
Martín no respondió, poso su mirada ansiosa sobre el pedazo de carne cruda, cuyo plato que la contenía estaba lleno de sangre, Alicia le contaba cosas que había hecho durante el día, pero él se sentía poseído y excitado por aquel trozo de carne sangrante, entonces Martín tomó con fuerza la carne con una sola mano y la llevó a su boca, arrancó trozos con los dientes, Alicia gritó, él la dejó caer al suelo, de dos grandes mordiscos ingirió medio trozo de la carne cruda.
-         ¿Por qué? ¿Qué te esta sucediendo?- Gritó Alicia,  Martín corrió y subió las escaleras, abrió la ducha y se metió en ella con la ropa puesta, Alicia lo siguió, lo halló sentado en el piso bajo el agua fría.
-         ¡Mi amor! ¿Qué esta pasando?- Sollozando Alicia.
-         Fue por el ataque de la bestia.- Dijo quitándose la ropa mojada. Salió de la ducha.
-         Tus heridas han empeorado ¿Por qué lo ocultaste?- Dijo Alicia curándolo.
-         Debes prometerme que harás todo lo que este a tu alcance para alejarte de mi los siguientes días.- Suplicó Martín.
-         ¡No! ¿Por qué aceptaría eso?- Preguntó ella pasando el antiséptico sobre sus lesiones.
-         Quiero que me escuches muy bien.- Dijo tomando la mano de su esposa, ella se sentó frente a él.
-         Fui a visitar a Estela.- Exclamó Martín.
-         Estas muy mal Martín, es la bruja del bosque, es una mujer hechicera, una gitana que ha robado a varias mujeres en el pueblo.- Dijo ella molesta.
-         No me interrumpas, tengo poco tiempo.- Dijo Martín, Alicia lo miraba con un gesto de preocupación marcado en su joven rostro.
-         Estela, vive en una pequeña cabaña muy en lo profundo del bosque, dos días después del ataque, compraba en una tienda unas vendas y                      
          yodo, y encontró un hombre pidiendo lo mismo que yo, presumí que          
          era el hombre lobo que nos atacó, lo seguí sin que lo percibiera 
          estaba bastante herido, cojo de una pierna y cada tanto presionaba su
          hombro, era un hombre muy joven, no más de diecisiete años. Lo vi
          ingresar a la cabaña de Estela y llamé a su puerta. Ella me recibió
          muy amablemente y me pidió disculpas por la mordida que me dio su
          hijo, me dijo que ya no podía hacer nada, salvo cuidarme los noches
          de luna llena.
-         ¿Por qué cuidarte? Para eso estoy yo.- Dijo Alicia
-         Luché contra los instintos que intentan dominarme.- Dijo Martín
-         Todas las personas luchamos una pelea en nuestro interior.- Dijo Alicia acariaciando el rostro de su esposo.
-         Estela me explicó que son los hombres lobo, ella fue condenada por su aquelarre, por traicionar a una cofradía, cayó sobre ella la maldición, daría a luz hombres lobo, tuvo tres hijos, el mayor de sus hijos me contaminó, todos creen que es una leyenda, el hombre lobo fue creado para proteger los bosques de la mano del hombre, para proteger a los brujos y paganos, para exterminar a todos aquellos que están arruinando la tierra, siglos atrás, en tiempos inmemorables, los hombres lobos habitaban las montañas, campos y bosques en manadas, todos ellos eran una parte del espíritu de la tierra, algunos de ellos con el correr del tiempo comenzaron  a hostigar a los humanos que intentaban robar su territorio, luego resignados se aislaron, se quedaron en los bosques, pero algunos de ellos se llenaron de ira y asesinaron algunos lugareños ya no les alcanzaba con alimentarse de otros animales, los humanos comenzaron a cazarlos, uno a uno fueron desapareciendo, los pocos que han quedado se unieron, y se ocultan los días de luna llena en el bosque, Estela se asegura de mantener en control a los recién iniciados mediante la hechicería, ellos son el espíritu del bosque y deben de volver a protegerlo, el muchacho que me atacó estaba recién iniciado. Se ha dicho que el hombre lobo debe alimentarse de carne humana para sobrevivir pero no es así, solo atacará a un humano si este ingresa a su territorio para devastarlo, o aniquilar a su especie, en esencia es un cazador que disfruta matando y devorando sus presas cuando estas atentan contra la naturaleza. Te sorprenderías mucho si supieras lo culto e inteligentes que son estos pocos hombres que protegen el secreto, todos los humanos tienen en su interior a una bestia, los hombres lobo tienen la capacidad de exteriorizarla, la mayoría de ellos puede vivir una vida plena y llegan a  dominar a la bestia y a convertirse cuando lo desean.- Dijo Martín
-         ¿Te convertirás en hombre lobo?- Preguntó Alicia
-         ¡Sí! Esta noche será la primera vez, vendrán a buscarme.- Dijo Martín
-         ¿Por qué no me lo habías dicho?- Preguntó ella,
-         Porque no te hubieras casado conmigo, llevó ahora la carga de esta maldición ¡Te amo Alicia!- Exclamó y cayó al suelo.
-         ¿Te sientes mal?- Preguntó asustada
-         Tengo calambres, ya falta poco debo irme.- Dijo Martín
-         No me importa amor mío si te conviertes en una bestia, si tendremos hijos que lleven la carga de esa maldición ¡Te amo!- Dijo Alicia.
-         Enciérrate bajo llave en la alcoba ¡ahora!- Gritó Martín.
Alicia lo abrazó, su piel estaba caliente y sus ojos se habían puesto amarillos, comenzó a retorcerse en el suelo como si una fuerza ajena a la suya le quebrara los huesos. Alicia corrió a la habitación y puso llave, empujó contra la puerta las dos mesas de luz, se metió en el armario y cerró las puertas, cubrió sus oídos con ambas manos, los gritos desgarradores de su esposo se escuchaban en toda la casa. Después de unos minutos Alicia salió del armario, observó por la ventana, vio a su esposo correr hacía el bosque iluminado intensamente por la luz de la luna, su tamaño era tres veces mayor al de un lobo común pero igual a estos, Alicia se persignó, suspiró hondamente y posó su mirada sobre la luna llena.










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