miércoles, 15 de marzo de 2017

Capitulo 7 de Gótica "Ángeles de la Muerte"


Capitulo 7



Gótica

Mis alas están rotas, se que si me abrazas con fuerza volveremos

a volar y entonces podré salir de las tierras del silencio y la oscuridad...




El valle de la Muerte

De repente el viento abrió el ventanal de la habitación, las velas en los candelabros se apagaron, Gótica dejó  caer la pluma sobre la mesa, un cuervo se poso sobre el barandal del balcón, ella caminó lentamente pensándolo,  salió al balcón, su larga falda era mecida por el viento y al caminar rozaba el suelo,  la brisa era embriagadora, el inframundo la envolvía en suaves caricias como almas abrazándola, los cuervos comenzaron a posarse sobre las columnas y los hierros, ella dejó a uno posarse en su hombro, miró instintivamente la luna, su gato comenzó a frotarse en sus pies,  gótica se arrodilló junto a él y le dijo.
- Mientras escribo pienso en él y no aparece, no acude a mis llamados como es su hábito; no me interrumpe, ni me atosiga como de costumbre… Ya no logro distinguir los instantes de oscuridad,  vivo todo mi tiempo a su sombra, mi soledad está llena de su presencia, entonces él es para mí como la penumbra, ahí estará por siempre, como un fantasma más de la  noche, son sus ojos los culpables, me convierten en la reina de las tierras del silencio, donde amanece la nostalgia, donde se beben las lágrimas, donde las frías aguas del tiempo inundan la memoria, hasta arrastrarte al fondo de tus sueños, lo peor es que creo amarlo, aunque no sé si esto que siento es amor, como una niña suicida que se sienta a esperar a la muerte, hasta que se queda dormida en la más profunda oscuridad del día, así me hace sentir, eso me molesta… Miraba la luna mientras acariciaba a su gato, cuando sintió los pasos y luego aquella voz de ultratumba que le era familiar, el cuervo en su hombro se hecho a volar, la muerte estaba  a su lado, dejó caer la guadaña y se acomodó junto a ella.
- Buena luna estimada gótica. - Exclamó la muerte.
- Me he cansado de tanto esperarte. - Dijo ella.
- Dichoso de mí que me estabas esperando, mi hermosa dama, todos mis caminos están rodeados de sombras, de gritos de dolor, de muerte, pero solo tú, eres la luz que me ilumina en mi triste mundo de eterna oscuridad. - Dijo la muerte, ella lo observaba, por unos segundos reino el silencio.
- Disculpa la demora, he perdido a uno de mis ángeles de la muerte, y en el mundo de los vivos un escritor se suicidó para no pagar con su pacto, suele pasar, pero lo que me ha molestado es perder a Elizabeth, ella fue la primera escritora que trabajo aquí para mí, era una excelente criatura, no sé porque me dejó sumergido en la tristeza.- Dijo la muerte
- ¿Elizabeth que le sucedió? ¿Cómo la haz perdido?- - Preguntó gótica.
- Dejó de escribir, se sumergió en una profunda nostalgia, se dejó llevar por las voces de las almas perdidas, fue desvaneciéndose lentamente, y se esfumó por el valle de la muerte, decidió caminar por  el sendero del recuerdo…Estaba en el bosque caminando y el viento se torno raro, los susurros pronunciaban un nombre, las almas me estaban advirtiendo lo que Elizabeth estaba por hacer, entonces vi una joven mujer desnuda de cabello largo y rojizo  correr entre los arbustos, su risa era contagiosa, me provocó correrla, intentaba seguirla pero se escabullía entre los árboles,  primero creí que era una ninfa, pero no, entonces logré alcanzarla la tomé del brazo, ella me miró directo a los ojos, era el alma Elizabeth, me abrazó con tanta fuerza que casi ingresa en mi cuerpo, después su alma cayó entre mis brazos desvanecida, el viento soplo con fuerza tanto que debí cerrar mis ojos, al abrirlos ella se había desvanecido, el universo no desperdicia ninguna esencia ni ninguna energía, y cuando un alma que pertenecía a algunos de los reinos se pierde como Elizabeth, el universo se la lleva para que forme parte de los elementos.  -Respondió la muerte.
- ¿Sufrirá?- Preguntó gótica.
- ¡No sé! – Respondió la muerte
- ¿Quieres que sienta pena por ti o por ella? Eso jamás, enseguida te repondrás, es cuestión de instantes, aunque aquí no hay tiempo, ya pasará ¿Cuál fue la causa de para dejar de escribir y condenarse? Preguntó ella.
- Algo que recordó, fue humana y eso la llevo a los recuerdos y se dejó llevar por la depresión por los susurros de las almas en pena y el canto de las Hadas y lamias inundaban su alma de melancolía y horror. -  Dijo la Muerte
- Yo, ya no sé quien fui, no me importa, cada pacto, cada escrito, vuelve más duro mi corazón y mi sangre ya no fluye, sólo es tinta… La melancolía es normal en nosotros cada tanto, ya se te pasará, yo siempre siento nostalgia a pesar de que tomó venganza con mi pluma. - Dijo Gótica.
- A veces siento  miedo de perderte,  temo que recuerdes algo, ¡a perderte mi dama!-  Dijo la muerte con una voz trémula.
- Quieres estremecerme con eso.-  Dijo Gótica riendo.
- Aunque a veces me siento atraída por ti, y suelo extrañarte. – Prosiguió, luego ella.
- No sé porque te necesito tanto, mi amada, llévame entre el dulce y embriagador manto de la noche, ahora desearía ser humano para entregarme a ti, mi bello ángel de la muerte, mi gótica, mi ama, mi esclava, mi amada. Juro que sería en estas tierras desoladas, en estas dulces tinieblas el hombre más feliz y enamorado, quisiera entregarte este frío corazón mío, dejarlo a tus pies, necesito de ti, contemplar tus sueños, pero lamentablemente no duermo, no tengo hambre sólo sed de almas, por desgracia no podemos amar.- dijo la muerte, Gótica lo observaba con desconfianza mientras él hablaba,
- He atravesado todos los círculos del infierno, he caminado en los infinitos  bosques del inframundo, sólo para verte a los ojos y me tratas así tan fríamente. - Dijo la muerte.
- ¡Cállate! No te creeré que sientes algo especial por mí. -Dijo ella desafiándolo.
-  Si me amas bésame en mis fríos labios. - Dijo la muerte.
- ¡No! ¡Jamás! - Respondió ella.
- ¡Esa es mi criatura de la noche!.. La que amo. -Exclamó la muerte, ella lo miraba fijamente y con gran desconfianza.
- No juegues con esta vieja muerte súbita protectora del inframundo.- Dijo la Muerte.
- Debemos
cumplir un rol, no podemos estar enamorados, no fuimos hechos para eso, ya no soporto más, esta extraña fascinación me esta molestando, es una atracción fría, un necesitarte a mi  lado cada instante, aunque el tiempo no corra y la noche sea eterna y las criaturas que aquí habitan sean de corazón duro o vuelto cenizas, me sucede que no puedo dejar de pensarte, te detesto. -Dijo Gótica, la muerte, tomó su delgada y pálida mano, la besó, ella  sintió como su sangre corría aún más fría que nunca se sintió extraña.
- Amada mía tranquila, no sé que sucede con nosotros, debe ser la poca esencia humana que te queda, eso  me esta enloqueciendo, me hace creer en que puedo amar, pero no puedo, pero me confundes, mi respeto hacía ti es muy grande, me embriagan tus sombras, sentir tus labios sobre los míos, un dulce y nefasto instante de consuelo para mí, quiero perderme entre las líneas de tu boca, formar un laberinto de caricias, empaparme con el dulce rocío de tu cuerpo, saciar al fin esta sed incontrolable de tu esencia. -  Dijo la muerte observando los labios de Gótica.
- Quizás tú tampoco quieres dejar esa pizca de humanidad que aún se percibe en ti. - Dijo ella.  
La muerte corrió el cabello del rostro de gótica; con su mano derecha tomó el costado izquierdo de su blanco y frío rostro, un deseo incontrolable de besar sus labios con pasión se apoderó de él, entonces con su dedo pulgar acarició suavemente sus labios, mientras que sus ojos se perdían en los sentidos, cuando intentó besarla arrimándose aún más cerca de su boca se contuvo, ella navegó profundamente en la necesidad de besarlo, y eso la fastidio.
- Basta de sentimentalismos baratos ¡te detesto! – Le dijo gótica poniéndose de pie, a pesar de la atracción que sentía por él, le dio la espalda y apoyó sus brazos en la baranda del balcón, comenzó a mirar  la luna llena que los iluminaba siendo testigo de sus confesiones.
- En realidad no me odias, creo que no sólo estamos perdidos en el tiempo, en esta noche, quedamos perdidos en este sueño de poder amarnos, aunque nuestros corazones negros estén ya marchitos, jamás he visto que suceda esto con una muerte y una criatura nocturna. -Dijo la muerte, la abrazó con fuerza, ambos suspiraron para liberarse, luego ella le sonrió de una forma sombría y distante, con aquella mirada fría, como la vida descolorida de sus grandes ojos sin vida, su sangre ya no corría caliente, sólo corría tinta por sus venas,
- Entiende, solo somos seres oscuros que mienten, engañan y seducen, embriagamos a los humanos con esperanzas y momentos felices para luego despojarlos de todo y así pueden por voluntad propia venir en busca de nosotros, le damos ese dulce esa droga humana llamada momentos o instantes felices, los pobres, pobrecitos son sólo un juego, una partida más entre el bien y el mal que los domina por dentro. – Dijo Gótica
- Hay noches que siento el  horror de esos estúpidos humanos, cuando se avecina la muerte a ellos, eso es lo más cercano al placer para mí, su terror, su miedo a la muerte, el temor que sienten al pensar o al hablar de nosotros,  entonces tomo sus almas y cuando todo termina, siento algo muy parecido a la tristeza.- Dijo la Muerte.
- Es lo mismo que suelo sentir, como si estuviéramos conectados, bueno tu me creaste, yo lo llamo justicia poética, la muerte es una dosis de placer, es poesía para mí.- Dijo Gótica.
- Eso deberíamos hacer, eso puedo permitírtelo, crucemos el umbral y vallamos hacer el amor mi dama.- Dijo la muerte
- No podemos hacer el amor, ¿Qué propones?- Preguntó Gótica
- Saciar nuestras guadañas, juntos eso es hacer el amor, ese instante entre la vida y la muerte siempre la victima logra vernos y saber quienes somos, ese inexplicable momento es una eyaculación mental.- Dijo la muerte
- ¡Sí! Eso me daría placer, hagamos algo, tu escribes también, una historia que nos dará placer, propongo dos mujeres perdidas aquí en el inframundo…- Dijo Gótica con su rostros excitado, sus enormes ojos bien abiertos y brillantes,
- Que sean hermanas gemelas,  una no puede vivir sin la otra.- Dijo la muerte, Gótica tomó su pluma, sonreía macabramente, se sentaron juntos en cómodas sillas en el balcón, la noche los envolvía, mientras que reían, se oían sus voces narrando una historia que  llenaría de nostalgia el plano mortal,
- ¡Listo! Ya la tengo, escucha con atención y has tu trabajo mi querido lord de la muerte… Unas Hermanas gemelas  se encuentran en una especie de limbo, mientras se determinan si están vivas o muertas, cada una analiza su propio suicidio, la una no podría jamás vivir sin la otra, se amaban, se odiaban, se necesitaban, el suicidio de la niñez, la falta de atención, la discriminación, el abuso, los miedos entre más sentimientos atenuados llevaron a estas  hermanas de 25  años hacer un pacto suicida, intentan recordar el momento en murieron, quizás se cortaron las venas, quizás bebieron veneno, o quizás usaron el más antiguo método de suicidio y se echaron la soga al cuello, haciendo de la experiencia del suicidio la forma más utilizada comúnmente el ahorcamiento,  enfatizan, acerca de las pequeñas grandes cosas, que dan calor, sabor y sentido a la vida, pero esos sentimientos en ellas sólo tienen un bello color de luto, el negro, ¿lograron morir? No lo saben, dicen que cuando tienes una experiencia muy cercana a la muerte, tienes el don de caminar por ambos mundo, y estas jóvenes pueden transitar por los oscuros senderos de la mente de todos los humanos, fueron condenadas a no morir jamás entonces la manera que encontraron para saciar su sed de suicidio es el asesinato a través de sus voces, ellas se convirtieron en aquellas voz que te incita al suicidio, ese martirio y padecimiento que es la voz del fracaso y de la tristeza que se repite en la mente de todo suicida,  si las ves en la noche cubre tus oídos no las escuches o te guiaran a una muerte segura… Fin.- Susurró Gótica, unas lindas y tenebrosas risas se escucharon a lo lejos,  risas casi adolescentes, entonces ambos miraron hacía abajo, hacía el bosque, vieron a unas mujeres correr entre los arbustos, las hermanas suicidas que incentivarían al mundo humano habían sido creadas, Gótica suspiró hondamente,
- Eres la más bella poesía que mis ojos hallan podido leer mi dama, sin ti no podría haberlas creado. –Dijo la muerte y le dio un pequeño beso en su mano haciéndole reverencia.
- Es sólo una historia más de una escritora muerta como yo, sin ti no serían reales mi lord, más allá de todo, tu no necesitas a los ángeles de la muerte, existimos para liberar tu trabajo, los humanos te temen, los humanos nacen con un solo miedo y es a la muerte, tu eres poesía, tu eres  la verdadera inspiración en ambos planos, se piensa en la muerte todos el tiempo en el mundo humano.- Le dijo Gótica
- Soy una vieja muerte perdida en el tiempo, y lo que más necesito es  mi dama.- Dijo la muerte.
- Cuando comenzamos a escribir esta historia te sentí real, fue real, sentí cada fibra de mi cuerpo, sentí perderme en ti, pero ¿Ya no hay salida para nosotros?..¡No podemos amar! Esto fue lo más se acercó al placer desde que tengo memoria aunque no se si es memoria o un tenue espejismo. – Gótica entre susurros
-Al igual que me sucede a mí y todos los ángeles de la muerte, nuestra memoria es de esta existencia inmortal… ¡No digas eso! Quizás podemos amar, Quizás seamos la excepción, quizás aún podemos sentir, la escritura nos une, une nuestras almas, y también nos une esta maldición, pero a la vez me separa de ti, te odio y desearía asesinarte en mi prosa, a veces creo que podría amarte, otras veces siento que no tengo nada de amor en mí -  dijo él.
- No hay amor para las criaturas de la noche y para las muertes, no hay amor que viva en donde todo es muerte, yo sólo soy la muerte del inframundo, pero en cambio, mi atracción hacia ti no puedo controlarla… Hay algo que no me deja apartarme como lo he hecho con otras criaturas, los condeno y jamás nunca vuelvo a verlos,  eres diferente, porque compartimos algo internamente.- Dijo la muerte, ella tomó con fuerza la mano de la muerte y le dijo.
- ¡Ya basta! O voy a querer dejar esta existencia nefasta que adoro.- Dijo Gótica.
La muerte tomó su guadaña y desapareció entre los arbustos, Gótica notó que Sarah estaba cortando flores y hierbas, su gato comenzó a maullar, caminó hasta ella,
-         ¿Cómo te encuentras?- Le preguntó Gótica, a Sarah se le cayó la canasta al suelo, Gótica se inclinó junto a ella y la ayudó a recoger todo,
-         Estoy bien, aunque con mucho por hacer.- Le respondió Sarah
-         No te ves nada bien, ¿quieres un poco de agua?- Le preguntó Gótica
-         ¡No! Gracias, es que he llorado mucho es solo eso.- Dijo Sarah
-         ¿Por Elizabeth? Sé que ambas hablaban lo suficiente como para que te sientas triste por lo que sucedió con ella, la vi caminar juntas en varias ocasiones, intenté ayudarla pero ella quería aferrarse a su vida pasada.- Dijo Gótica
-         Era mi única amiga, las hechiceras tenemos una vida solitaria, vivimos escondidas en los bosques, y Elizabeth era un alma bondadosa y pura, fue la primera vez en mi vida que alguien me llamo “Amiga”…Bueno debo irme solo a buscar unas bayas- Dijo Sarah
Gótica tomó su guadaña al ver a una anciana acercarse apoyándose en su bastón que era una rama seca,
Sarah se interpuso entre la anciana y Gótica.
-         Es inofensiva, no es una humano que acaba de morir y cruzó el portal, es mi amiga.- Dijo Sara.
La anciana tenía el cabello extremadamente largo y canoso, casi blanco aunque podía notarse aún algunas mechas finas de cabello rojizo,  estaba encorvada y apoyada con ambas manos sobre su cayado, la parca que llevaba puesta era negra y estaba deshilachada en las mangas dejando ver así sus manos arrugadas y secas, Gótica no en su dedo anular una anillo que se hizo familiar, lo miró con detención y luego observo su propia mano derecha, ambas  tenían el mismo anillo, eran dos serpientes entrelazadas con ojos de diamante rojo, asustada dio unos pasos hacía atrás y alzó la guadaña confundida,
-         ¿Quién es? ¡Sarah! ¿Acoso ella soy yo misma?- Preguntó atormentada
-         ¡No! No…Ella es…
-         ¿Por qué ambas tenemos el mismo anillo?- Preguntó. La anciana alzó su cabeza, Sarah dejó caer su mirada al suelo, se veía acongojada, la anciana temblorosa corrió su cabello de su rostro, Gótica se quedó perpleja
-         ¿Elizabeth?- Preguntó
-         ¡Sí! Es Elizabeth, ¡Salve su vida! Pero no pude salvar su alma.- Dijo Sarah
-         ¿Por qué esta en ese estado? Acaso cruzo el portal, la muerte me dijo que ella murió, que se dejó vencer y que su alma…- Dijo Gótica
-         Su alma fue reciclada, su alma es parte de cada elemento…Dijo Sarah
-         El universo no desecha nada.- Eso me dijo pero él no sabe que ella esta viva.
-         Ella es un mortal, o al menos debería ser un mortal, cruzó el portal por una pócima que yo misma le di, en su desesperación suplicó salir, le quité su don de Ángel de la muerte, y cuando estaba envejeciendo para convertirse en polvo, le día otra pócima que detuvo el proceso…- Dijo Sarah
-         ¡No comprendo! Y ¿Qué sucederá con ella?- Preguntó Gótica
-         Nadie puede saber que ella esta viva, tiene un hechizo de protección, ella es parte de mi familia ahora, las hechiceras la aceptaron y me dejaron cuidarla… No sabe quien fue,  su mente se perdió para siempre, estará eternamente entre ambos mundos, entre la delgada línea que divide los reinos, nadie podrá notar su presencia, ella ahora es  una peregrina, las peregrinas son ancianas eternas  que vagan por ambos mundos, buscan a humanos e inmortales que necesiten de nuestros conjuros o de nuestra ayuda, dan vida y dan muerte, son ancianas sabias y justas, es por eso que siento tristeza, aún necesita fuerza para recorrer los senderos  entre la vida y la muerte, todas las hechiceras tenemos una peregrina que visita los pueblos para vender conjuros y pócimas, ellas son justas y saben decidir quien merece el bien y quien el mal, es su don, son nuestras intermediarias, nada puede herirlas ni matarlas.-Dijo Sarah
-         ¿Y por qué tenemos el mismo anillo?- Preguntó Gótica
-         No puedo decirte nada más, ya hable mucho, iría contra las reglas.- Respondió Sarah.
-         ¿La muerte podrá verla?- Preguntó Gótica
-         La muerte es una creación de las hermanas del destino, no pueden ver a las peregrinas, ella no tienen alma, y las peregrinas no están vivas ni muertas, están en el medio… La muerte solo puede ver a una peregrina si ella lo permite, tú pudiste verla porque ella así lo quiso.- Dijo Sarah.
La anciana le sonrió, sus ojos negros la observaron, Gótica también le sonrió, Sarah y la anciana desaparecieron entre los arbustos.




 Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos de góticos. 
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Les deseo unas eternas lunas



L.C.D




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