miércoles, 8 de marzo de 2017

Capitulo 6 de Gótica "Ángeles de la Muerte"


Capitulo 6

Nadie nota cuando estas muriendo por dentro, cuando tu luz se va desvaneciendo…
Llueve una vez más la ausencia, llevándome lentamente a las tierras del silencio y de la oscuridad.



“Déjame morir”

Respiró hondamente y observó el camino,  todavía le faltaban atravesar la parte más densa del bosque, los sonidos nocturnos  la envolvían, las plantas se enredaban en sus pies y las ramas de los árboles le habían rasguñado el rostro y los brazos,  debía de armarse de valor  ya que una vez que estuviera del otro lado, los recuerdos de quien había sido volverían a su mente, Elizabeth había bebido toda la botella y comenzaba a sentir la pócima recorrer su cuerpo,  primero vendría la duda, después el miedo y por último la ansiedad y los sentimientos humanos.  Se dejó vencer por la fatiga y cayó de rodillas, le ardía el estómago y los calambres en las pantorrillas no le permitían ponerse de pie,  sabía que al ingresar al plano humano dejaría de ser inmortal, pero prefería desaparecer que vivir sumergida en la melancolía, intentaba darse ánimos a si misma soñando que del otro lado una vida humana la esperaba,  entonces  a unos pocos metros unos rayos de luz la enceguecieron, se arrastró por la hierba y al fin ya estaba del otro lado, miró el rojizo cielo de una tarde de otoño y sonrió, fue entonces que una fuerza sobrehumana la levantó del suelo y luego la dejó caer, había dejado de ser un ángel de la muerte para volver a ser humana, los sentimientos la abrumaron, Elizabeth se desmayó.

 Al abrir los ojos estaba recostada sobre un catre,  miró a su alrededor, parecía estar en una cabaña,  una mujer echaba leños en la chimenea, le dolía la cabeza, un hombre se acercó a ella y acarició con fuerza su cabeza, Elizabeth gritó.
-¡Máximo! Vas a espantar del susto a nuestra invitada.- Dijo la mujer
- ¿Dónde estoy?- Preguntó Elizabeth
- Soy Sarah, mucho gusto…Te encontré desmayada en el bosque, ¿recuerdas algo de lo que te paso?- Preguntó la mujer dándole un trozo de carne cruda al hombre que la acompañaba.
- Algo me levantó del suelo y me volvió a lanzar, fue como si una parte de mí se hubiera desprendido de mi cuerpo.- Dijo Elizabeth  intentando sentarse.
- Si es lo que creo…Mejor quédate 5 minutos recostada, te daré un poco de caldo así  juntas fuerza para ir al pueblo.- Dijo la mujer revolviendo la cacerola que estaba sobre el fuego de la chimenea.
- ¡Sí! Voy al pueblo, tengo que buscar a Dante.- Dijo y luego sonrió
- Ya sé lo que eras.- Dijo Sarah
- Creo que estoy recordando, yo era una mujer casada con un hombre llamado Dante… Dante era mi esposo y lo amo tanto, es por él que no pude soportar mi inmortalidad…- No dejaba de sonreír.
- ¡Tranquila!..Primero bebe este caldo y después puedes irte a buscar a Dante.- Dijo Sarah y la miró con pena, Elizabeth bebió el caldo.
- No sé porque me emocionó tanto…Te recuerdo eres la hechicera…Voy a desaparecer en unas dos horas.- Dijo tristemente Elizabeth.
- Si te sirve de consuelo, mírame a mí,  mi esposo a veces no sabe quien soy… No sentir amor te vuelve más fuerte, pero sentirlo, sentir el amor correr por tus venas te consume - Dijo Sarah

-         Mi querida amiga Sarah, fuiste la única que me ayudó en el inframundo, y eso hace que me sienta agradecida contigo, y pase lo pase conmigo, quiero que sepas que pudimos ser amigas y que para mí tú no eres lo que todos te creen, eres una buena mujer, me hubiera gustado ser tu amiga para siempre…La vida es oscuramente bella, como la primera gota de lluvia en una tarde de verano, como  las noches de tormenta, como ver el vuelo de los pájaros en un día gris de invierno, y esto que hiciste por mí no tiene precio.- Dijo se levantó del catre y abrazó a Sarah.
-         ¡Gracias! Lograste que dejará caer una lágrima, en un una bruja eso no es poca cosa.- Le sonrió
-         Amo a Dante y vale la pena verlo aunque sea un instante, no me importa ser polvo, quiero verlo a los ojos una vez más y decirle que yo no lo abandoné, mi memoria aún esta débil pero lo recuerdo… Buscó la casa del escultor, ¿Lo conoces?- Preguntó Elizabeth
-         ¡Si! Esta muy cerca de aquí, ese hombre construyó una casa alejada del pueblo…Pero él esta…- Elizabeth la interrumpió
-         ¡Gracias Sarah! Te debo mucho, mi estimada amiga- Dijo y se marchó.

La casa se veía abandonada, sentía escalofríos mientras la observaba desde afuera, los cuervos volaban y se posaban sobre el techo,  el cielo se nubló, Elizabeth ingresó a la casa. La sala era muy grande y sombría, caminó con pasos lentos por toda la sala, los recuerdos  venían a su mente, sobre la chimenea había un cuadro, el retrato mostraba a Elizabeth sentada con un bebe en sus brazos y junto a ella su esposo,
-¡Tuve un hijo!- Exclamó entre susurros.
 Miraba atónita todo lo que tenía frente a ella,  poso su mirada sobre una puerta doble que dividía la sala del comedor, a una le faltaba el vidrio, entonces recordó que su hijo había atravesado el cristal, esto le provocó que se cortara las venas. Dejó caer una lágrimas, había pactado con la muerte para salvar la vida de su hijo, escuchó que alguien tosía, el sonido venía de una de las habitaciones de arriba, subió las escaleras lentamente, se sobresalto al ver de repente a  un gato negro bajar, el pasillo era largo y oscuro, podía verse luz en uno de los cuartos, se asomó y vio a un hombre en su lecho de muerte, se acercó hasta él.
-         Al fin regresaste… Elizabeth… ¡Mi amor!- Murmuró.
-         ¡Sí!...Dante…Aquí estoy.- Dijo con los ojos cargados de lágrimas, se inclinó y besó sus pálidos labios. El hombre la miró a los ojos  y expiró.
Elizabeth comenzó a gritar desesperada, tomó un abre cartas de la mesa de luz,
-         ¡No! No lo hagas.- Le dijo la voz de Sarah detrás de ella.
-         Llegue tarde, él murió, mi Dante murió…- Repetía llorando.
-         Te queda poco tiempo.- Le dijo Sarah tristemente.
Elizabeth cayó al suelo exhausta por la emoción, le temblaban las piernas, Sarah la ayudó a levantarse apoyándola sobre su hombro,  la llevó abajo, en la sala la alzó en sus Brazos Máximo.
La recostaron sobre el catre en la cabaña, el cabello de Elizabeth comenzó a ponerse blanco, su piel se resecaba, exhalaba sus últimos suspiros, Sarah buscaba algo revolvía sus cosas y algunos frascos se cayeron al suelo,
-         Déjame morir querida Sarah.- Exclamó entre susurros Elizabeth, su voz estaba cambiando.
Sarah al fin encontró lo que buscaba, lanzó el polvo que contenía el frasco sobre la cacerola que hervía, entonces  lleno un recipiente con aquel caldo extraño, Elizabeth estaba envejeciendo con rapidez, la ayudó a beber.
-         Bebe, rápido quedan muy pocos segundo.- Le dijo Sarah, pero Elizabeth se negó a beber.
-         Vas a desaparecer, morirás, te harás polvo y eso no va  a pasarte frente a mí.- Dijo Sarah, Elizabeth bebió,
-         Déjame desaparecer.- Murmuró Elizabeth,
-         ¡No! No te dejaré morir, eres mi amiga…Estas bebiendo Elizabeth, tu no quieres desaparecer es el dolor que habla por ti.- Le dijo Sarah sosteniéndole la cabeza para ayudarla a beber, Elizabeth sonrió luego cerró los ojos.



E Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos de góticos. 
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¡Gracias por tu visita!

Les deseo unas eternas lunas

L.C.D


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