miércoles, 1 de marzo de 2017

Capitulo 5 de Gótica "Ángeles de la Muerte



Ángeles de la Muerte

Soñé anoche contigo, las gotas de rocío no parecían de una noche de ensueños, podía sentirlas caer sobre mi piel, era como tu presencia bajo la pálida luz de la luna y su magia iluminando cada rincón de mi ensombrecida habitación, y sentía tus labios sobre los míos , me besaban  silencio...Y mis lágrimas no morían sobre mis  labios secos, nacían en tus ojos al caer de los míos... Pero solo fue un sueño.



 Morir de amor

  Aquella noche sentí sus dulces y húmedos labios sobre los míos, desperté y la busqué por toda la casa, ella ya no estaba, mi amor me había abandonado, toda su vestimenta estaba ahí, sobre la mesa de luz yacía una moneda la tomé, recordé cuando nos conocimos junto a la fuente, nada se había llevado, todo estaba en su lugar, corrí desesperado por las calles gritando su nombre bajo la lluvia, su familia nada sabía de ella, entonces me interné en el bosque para buscarla, pero nada ella no había dejado rastro alguno, solo me abandono, como lo había hecho mi madre con mi padre, exactamente igual, recordé que mi padre la busco por meses y mi madre al igual que mi esposa no había dejado huella, desaparecieron, yo sentía que ella no había muerto, sentía en mi corazón que ella estaba viva, pero no comprendía porque no deseaba verme. Nada tenía sentido ya para mí, sólo pasaba el día junto a la ventana, esperándola, mi corazón me decía que ella volvería, que su figura atravesaría el bosque hasta llegar a mí pero muy dentro de mío supe que mi amada esposa me había abandonado, recordé haber visto a mi padre morir de amor cuando mi madre nos abandono, ahora yo correría la misma suerte, porque la amo, amo a mi esposa. Busqué y busqué inútilmente parecía haberse esfumado en la noche,  contrate detectives privados y cazadores de recompensas y nada nadie supo darme ni un sólo indicio de lo que pudo haberle sucedido a mi Helena, los días y semanas  corrían tan rápido y ella no regresaba.
 Nos comprometimos con una fiesta en casa de sus padres, frente a su madre, su hermana y su cuñado, le volví a pedir matrimonio,  después de una cena familiar, caminamos por el bosque en dirección a nuestra casa, pero antes al llegar a la plaza del pueblo, le pedí a Helena que me acompañara a la fuente, donde aquella estatua siempre era testigo silencioso de nuestros secretos y estando uno al lado del otro mientras que luz del sol y la pálida luz de la luna rompían el cielo,  de rodillas ante ella, puse un anillo de compromiso en su dedo. Este anillo era bastante particular, tenía la forma de dos serpientes entrelazadas, era el símbolo de la eternidad, el amor y el poder; había pertenecido a mi madre y antes a mi abuela, este era de oro blanco en una de las serpientes y oro dorado en la otra, los ojos de las mismas eran pequeños diamantes rojos. Ambos nos juramos  fidelidad, sin importar peligros o dificultades, en los pesares y en los cambios, en la riqueza o la miseria, nos juramos amor eterno y ni la muerte podría separarlos, ella me abrazo rodeando mi cuello y nos besamos largamente bajo un cielo ahora estrellado aquel día lo llevaré en mi para siempre.
Nos casamos una tarde de verano, el sol resplandecía, hice los arreglos para llevarla de luna de miel pero Helena no quiso salir del pueblo, su madre se enfermaba muy seguido y el último invierno la había pasado en cama, yo era  huérfano, y su madre me acogió como hijo, entonces tuvimos una pequeña ceremonia de casamiento con su familia y sus amigos, la gente del pueblo nos adoraba por las grandes fiestas que solíamos dar para que las solteras conocieran a sus futuros maridos, yo amaba tanto a mi dama de cabello dorado, pero dentro de mí sentía siempre, como si algo no estuviera del todo bien, en algunas ocasiones durantes todos estos años que llevamos de casados me pareció ver junto a la ventana de mi lecho, mientras mi amada dormía una sombra pasearse, algo funesto me perseguía, recuerdo haber tenido esa sensación de niño y corría a la cama de mis padres, hasta que una noche aquella visión o presentimiento se convirtió en realidad y mi madre desapareció, y ahora volvía a sentirlo, era una lúgubre visión frente al amor soñado y perfecto.
Entonces el tiempo trascurrió y la madre de Helena hizo que la declarasen muerta, quizás para aliviar el dolor por su ausencia, quizás para poder morir en paz, quizás para que yo no siguiera esperándola, recuerdo que me negué y discutí estando ebrio con su madre, luego con su hermana, y juré que iba a encontrarla, luego un oficial me dijo que encontraron su chalina en el bosque y dieron por cerrado el caso alegando que los animales habían terminado con sus restos, a mi me pareció sin sentido común eso,  ¿Cuántas veces ella cruzó el bosque sólo para verme? ¿Por qué alguien iba  asesinarla? ¿Cómo podrían los animales del bosque despedazarla hasta no dejar ni un solo miembro ni uno solo de sus huesos? Esto me desesperó, sólo para tener una nueva esperanza de que estuviera viva. Después unos pescadores encontraron los restos de una mujer semidesnuda, ¡yo lo vi! fui a la morgue y no era mi esposa, su hermana insistía en que era Helena por el cabello dorado, el rostro lo tenía destrozado por animales y por la descomposición,  pero no era ella, ese pobre cadáver no era el de mi esposa, no tenía el lunar en su seno derecho, ni tampoco las viejas cicatrices de sus muñecas,  en sus dedos hinchado y en descomposición no estaba la alianza de mi madre, ese cadáver era de una mujer de unos 28 años pensé, no era Helena, mi esposa era un poco mayor que eso,  pero su hermana dijo y juro que era ella, me explicó que lo hacía para darle un cierre a este asunto y para que su madre no sufriera más, entonces la declararon muerta, se hizo una pequeña ceremonia donde se enterró en el cementerio familiar un ataúd sin sus restos, sino que los restos de una desconocida para mí, el sacerdote dio una misa en su nombre por su eterno descansó, al poco tiempo su madre murió, la encontraron en su cama muerta, tenía en sus manos una fotografía de Helena.
Los recuerdos me estaban atormentando, comencé a sentir odio por ella, comencé a llorar sin razón lógica, comencé a sumergirme en la oscuridad, tomé el sillón y lo coloqué junto a la ventana, afuera llovía, pasaba el día mirando por la ventana, la melancolía empezó a deprimirme de tal manera que  no sentía ni el deseo de comer, tomaba alcohol  en exceso otra vez, ahogaba en vicios mi dolor, sólo,  ahí sentado me quedaba hora tras hora, cada minuto del día esperándola, cada segundo era una agonía, sólo, muy sólo en la casa, aquella casa donde vivíamos la felicidad de tenernos, caminaba a veces por la casa recordando cada lugar donde la hice mía, los bailes y fiestas que hacíamos para las personas del pueblo, podía  sentir su perfume que me acompañaba siempre, hasta sentía su voz en el silencio de la casa vacía y su presencia estaba latente en mis venas, como si su espíritu estuviera ahí, pero no podía verla, a veces por las noches escuchaba pasos, y a veces veía un gato negro que desafiándome me hacía perseguirlo por la casa. Mi melancolía tenía voz propia y era el sonido de mis lágrimas, y  mi soledad estaba intacta por su culpa, mi mirada posada en la ventana, mis ojos no dejaban de ver el bosque, las sombras me perseguían, el silencio era tal que podía oír los sonidos del bosque, mi mente jamás paraba, estaba tan inquieto en mi asiento, que a veces salía a caminar esperando que ella volviera, no pedía vencer a mi corazón que no soportaba su ausencia fui a la fuente, allí nos conocimos, allí nos confesamos todos nuestros secretos, allí nos veíamos reflejados uno junto al otro, recordé la tarde en que lanzamos la moneda y pedimos un deseo, como sus ojos penetraron hasta en fondo de mi alma cuando ella me sonrió, fui cada tarde a la fuente después que ella me abandono, la belleza de la fuente con su extraña estatua entre ángel y demonio y sus frondazas plantas flotantes, su agua cristalina ya no eran lo mismo sin sus bellos pies posados dentro, la imaginé ahí sentada, necesito sentir sus brazos  enredándome, que me mire a los ojos y me diga, “Aquí estoy amor mío, he vuelto, jamás podría olvidarte  solo debías buscarme y encontrarme dentro de tu mente de tu corazón”.
Ya nada me importaba, comencé a tomar alcohol desenfrenadamente, encerrado en el día a día de mi propia y eminente muerte, en mi cuarto junto a la ventana, no quería ni dormir solo para imaginarla, fui un día a buscar a una hechicera, me lo recomendó una mujer del pueblo, ella viví en una cabaña muy cerca de mi hogar, primero desconfió de mí, después me dijo que Helena estaba más cerca de lo que yo creía, me dio un infusión que debía tomar para soñarla, la hechicera me dijo que ella ya no estaba en este mundo, que había partido y que debía cumplir con su designio y que era imposible que ella vuelva a mi lado, bebí la infusión aquella tarde, soñé con Helena, en mi sueño la veía distinta, sombría, escribiendo encorvada y con la mirada ansiosa, la veía en mi casa subiendo las escaleras y desperté sintiendo el aroma de su perfume.
Ya estaba dispuesto a morir, a morir de amor, el humo de opio forma figuras en el aire, aquella mañana desperté al despuntar el alba, y al ver la claridad del día cerré mis ojos nuevamente, los débiles rayos del padre sol, brillaban sobre la alcoba, entonces abrí lentamente los ojos y en aquel resplandor me pareció ver su silueta, exclamé con mi voz dormida- “Mi amor, has vuelto por mí”. Me levante de la cama con mis pies desnudos y aquella imagen de ensueños aún seguía frente a mí, erguida brillante ante el astro rey, pero a medida que me acercaba se desvanecía lentamente y volvía a dejarme solo, supe entonces que me di cuenta que no podría, seguir, mi hora había llegado, sentí que mi cuerpo inútil era arrastrado por la marea embriagadora de su perfume, los demonios estaban al asecho para ya comenzar a devorar mis restos, percibí que mi corazón estaba enfermo de ira, entonces que podía hacer, sólo un pensamiento me invadía y era la muerte, otra vez estaba sumergido en el alcohol y en la drogas, volví a mi cama para dejarme vencer, las piernas me temblaban casi no podía caminar, no comía, a lo último ya deje de beber agua, sólo bebía alcohol, entonces dispuesto a cerrar a los ojos para morir, una voz familiar me hablo detrás mío,
-Te dije Abel, te advertí que no funcionarias en una vida humana, mira como te dejó ella yo te entregué en perfecto estado.-  Intente girar para ver quien era aquella voz femenina, cuando la vi sentada en la oscuridad junto a mí logre recordar.
-Pensaste que la vida humana sería fácil, y mírate, ella te abandono y te dejas morir, este estropajo enamorado que veo, no es aquella muerte impecable que me entregaba más almas que ninguna otra muerte. - Dijo
-¡Morgana! Oh hermosa muerte, muerte dueña de todos los reinos olvidados, mi querida parca, siempre debiste ser la única, ¡llévame! dame tu beso mortal, seré aquel que más te servía otra vez. - Le dije sin moverme.
-No es así de fácil, preferiste a ella antes que a mí, preferiste amar y ser humano antes de servirme, siempre quise que me ames así,  no podía maldecir tu destino, y te dejé intentarlo, mejor enviaré a alguien a  buscarte. - Dijo ella, me levante tembloroso y casi sin fuerzas. Ella seguía sentada, me incliné ante ella y le supliqué que me diera el don de ser su muerte preferida otra vez, tomé su mano y la besé llorando y pidiéndole que me quitara esta agonía humana.
-¡Me gustas así rendido ante mi! Pero ya no puedes tener los privilegios de antes solo querías tu vida humana.-  Dijo ella.
-¡Vida! Esta agonía no es vida. - Le respondí.
-Te estas dejando morir por amor, mírate eres un estropajo, pero te voy a condenar, no serás el ángel de la muerte que eras antes, te morirás de pena de amor y  te condeno al infierno, estarás en el destiempo, en el inframundo, deberás controlar a las criaturas de la noche, vigilar a las almas perdidas, solo serás el ángel de la muerte en las puertas del infierno y del inframundo y deberás mantener el orden, jamás hice esto por nadie, pero no sé por qué te daré otra oportunidad, mi estimado Abel ahora ¡Muere! Te quedan pocos minutos de vida. - Dijo ella.
-Gracias querida muerte, mi querida, la escogida por ambos reinos olvidados por los humanos, ¡así será! - Le dije. Ella inclinó su cabeza y me dio su beso mortal, me contagio de muerte una vez más, luego se esfumó, caminé hacía el bosque el alba cayó sobre mí, ahora soy el ángel de la muerte en el inframundo y deberé buscar la manera de entregarle almas a mi maestra, lo único que puedo recordar de aquella trágica noche en la que volví a  nacer en la oscuridad, es la mirada de Morgana cuando me encontró en la oscuridad de mi cuarto, estaba llena de odio, parecía un demonio, tengo algunos recuerdos borrosos de aquel último ocaso, es más bien un tenue espejismo, en fin, estoy condenado por mis errores cometidos, a estar en el inframundo, debo controlar a las criaturas de la noche, ellas no pueden atravesar el umbral del mundo de los vivos, pero lo peor de todo es que tengo que enviar almas al infierno, debí buscar la manera de hacer que los humanos cometan los peores errores, olvidaré quien soy, de esa forma olvidaré a mi amada Helena.



Gótica 
“Todos Somos Ángeles de la Muerte

La creciente luna se refleja en las oscuras aguas,  los cuervos volaban allá en lo alto, el viento mecía las ramas de los árboles,  los sonidos y los aromas nocturnos las envolvían,  Elizabeth observa los paisajes apoyando sus antebrazos en el balcón,
 -¡Listo!- Exclama Gótica dejando la pluma en el tintero,  mira a la mujer cuya expresión de melancolía la deja en estado de pavor,  se levanta de la silla y sale al balcón,
- Tienes que escribir Elizabeth, es tu destino.- Le dice Gótica,
- Es como si mi corazón extrañara a alguien o a algo que no recuerdo, que no sé, siento un vacío enorme.- Le dice Elizabeth.
- Porque debes llenar ese vacío escribiendo, es fácil, como acabo de hacer, tu estabas leyendo y sobre el final saliste al balcón y aunque no quieras voy a  enseñarte lo que paso gracias a mi escritura reciente, nosotros hacemos pagar a los malvados, es como darles una oportunidad más.- Dice Gótica y se lleva las manos a la cintura para acomodar el corsé de su vestido.
- Haces las cosas muy simples, yo lo veo como que los obligamos a ese único acto que los lleva al infierno.- Responde Elizabeth.
- Deberías ser un ángel en el cielo, solo quieres ver las cosas a color y mira frente a ti, aquí todo es negro y gris no hay una dualidad en este maravilloso lugar.- Le dice, Gótica, por un instante reina el silencio.
Gótica sonríe macabramente, al ver pasar corriendo por el bosque a un hombre de mediana edad, que desesperado cae entre las hierbas y flores,  se cae y se levanta mirando  atrás cada tanto, asustado como si algo lo estuviera persiguiendo,  pero solo él lo ve, Gótica baja las escaleras corriendo como niña que va en busca de su regalo de navidad, detrás suyo  la sigue Elizabeth. Su cabello suelto se mece con el viento cuando abre la puerta principal de par en par, gira y observa a Elizabeth quien se ha quedado de pie junto a la escalera.
-         ¡Fue rápido!- Exclama Gótica y toma la guadaña que estaba junto a la pared.
-         ¡No lo hagas!- Exclama Elizabeth atormentada.
El hombre ingresa a la casa desesperado,
-¡Necesito ayuda! algo me persigue.- Dice, las dos mujeres lo miran, el hombre observa la enorme sala, ella cierra la puerta.
-Nadie te persigue,  solo tu mismo.- Le dice Gótica. El rostro del hombre esta aterrado.
-Yo estaba en el bosque y algo golpeo mi cabeza, no puede ver quien fue, desperté y vi algo que no puedo describir...- Se toca la cabeza, mira su mano y esta ensangrentada.
- Lo sé, estabas en el bosque junto a la laguna, sepultando a alguien ¡No debiste asesinarla!- Dice Gótica
- ¿Y como sabes?.. La mate porque estaba engañándome.- Dijo él mientras da unos pasos hacia atrás,
-No te engañaba, buscaste una excusa para matarla, y ahora lo que te persigue es algo creado por ti mismo, son todos los  errores que cometiste, esos oscuros secretos inconfesables que han cobrado la forma de ese ser  monstruoso que te persigue.- Le dice sonriendo.
- No…No puede ser.- Aterrado
- Traicionaste, robaste, asesinaste a tu esposa por dinero y por lujuria, pero alguien hizo justicia y te golpeo la cabeza provocando tu muerte.- Dijo Gótica, el hombre no entiende.
- ¡Estoy muerto!..¿Quién me mato?- Pregunta y cae de rodillas al suelo
- ¡Tu amante!.. La hija de tu esposa, creíste demasiado en ella, te ganó la ambición y la soberbia,  no te diste cuenta que ella te utilizo para cobrar la herencia, o pensaste que te amaba, nadie que te ame va pedirte que asesines.- Dice Gótica, comienza a reírse  a carcajadas.
- ¡No!...No es verdad, me mientes…Ella me amaba- Dijo enojado, y se puso de pie, Gótica seguía riéndose, el hombre la mira.
-¡Estas muerto! si miras por aquella ventana verás a los cuervos y animales del bosque desmembrar tu cuerpo humano, moriste en el límite de ambos mundos, pero tranquilo que hallarán tus huesos.- le dice Gótica y le señala una ventana en el fondo de la sala, sigue riendo
El hombre se acerca lentamente a la ventana, sus ojos se llenan de lágrimas de terror al verse muerto, era cierto. Entonces extrae una daga de su cintura y corre para intentar enterrarla en alguna de las dos mujeres que tiene frente, Elizabeth se asusta, Gótica alza la guadaña y le corta el brazo derecho que cae aún con su mano apretando la daga, el hombre la mira con horror, ede un solo golpe ella lo corta del hombro izquierdo hasta la cintura derecha, la sangre salpica a las mujeres, el cuerpo desaparece.
-         ¿Donde esta? Yo vi que lo cortaste en dos pedazos.- Pregunta Elizabeth buscando a su alrededor.
-         Lo envié al infierno.- Responde Gótica
-         ¡Pobre alma!- Exclama Elizabeth
-         Pobre alma dices, el mato por dinero a su esposa, se acostaba con la hija de la mujer que le dio todo, que lo ayudo a no morir de hambre en las calles, que lo salvo de la muerte, planearon asesinarla por dinero, y para qué, aquí el dinero no existe, en ninguno de los tres reinos existe el dinero, fueron sus actos lo que lo enviaron al infierno, yo solamente escribí el pecado que le faltaba.- Dice Gótica molesta limpiando con un paño su guadaña.
-         No podré jamás ser como tú.- Dice Elizabeth atormentada.
-         No sientas culpa,  si sigues así solo vas a desaparecer, necesitas alimentarte, te acabo de enseñar como, ahora siento tanto placer que corre por mis venas, que solo ansío seguir escribiendo y seguir sintiendo esta delicia, todos somos  Ángeles de la muerte, nosotros los humanos, todos asesinan de una u otra manera ¡Es que no te das cuenta! Estas despareciendo.- Dice Gótica
-         Entonces ¡prefiero desparecer!-  Exclama Elizabeth
-         Dime algo ¿Recuerdas tu vida humana?.. Necesito saber porque no puedes cumplir con tu designio- Le pregunta Gótica
-         ¡No! Un día abrí los ojos y estaba aquí.- Responde Elizabeth
-         Aquí comienzan tus recuerdos, aquí volviste a nacer, los recuerdos humanos ya no están en tu mente, entonces porque te aferras a la humanidad, si ellos fueran perfectos como tu los crees, no existiríamos nosotros.- Dice Gótica
-         Prefiero terminar con todo esto.- Le dice Elizabeth
-         Si sales del inframundo te convertirás en polvo ¡Ya lo sabes!  envejecerás y en unos días tu cuerpo habrá desaparecido, y tu alma quedara perdida en este lugar.- Le dice Gótica. Elizabeth la mira sin decir nada más y sale cerrando las puertas.

Elizabeth se sienta a orillas de la laguna a observar el cielo, el tenebroso y salvaje aspecto del paisaje le produce tristeza, se escucha el canto de las lamias muy a lo lejos,
-Hola puedo sentarme a tu lado.- Le dicen
-¡Sí! Claro… ¿Cómo te llamas?- Le pregunta Elizabeth
- Soy Sarah.- Responde
- ¿Eres una hechicera?- Pregunta Elizabeth
- ¡Sí! Suelo juntar las flores y hierbas de este mundo y no pude evitar escuchar lo que conversabas con Gótica, la que vive en el límite de ambos mundo.- Le dice, Sarah, extiende su mano y ofrece un trago de una botella, Elizabeth bebe un poco y hace un gesto por lo fuerte de la bebida.
- Entonces, puedes ayudarme, quiero salir de aquí, ya se que me haré polvo con los días, pero quiero salir,  volver a mi hogar, tengo que haber tenido un hogar, quiero ver como era mi vida humana.- Le dice con los ojos cargados de lágrimas.
- Déjame cerrar mis ojos unos instantes y te diré como era tu vida humana…
Sarah cierra los ojos, Elizabeth la observa, un viento mueve su enmarañado cabello.
- Tu vida era hermosa… hasta que ella se cruzo en tu camino, una mujer  tan antigua como el mundo humano.- Le dice Sarah
- Podrías darme algún preparado que me deje salir de aquí y volverme polvo más rápidamente.- Le ruega Elizabeth
- ¡Sí! Claro, pero será un suicidio y tu alma vagara en el inframundo sin ningún recuerdo, ni de tu vida humana ni de esta… Serás como parte del viento, el agua, serás parte de los elementos ¿me entiendes?- Le dice Sarah.
- ¡Sí! Lo entiendo, pero es lo que deseo.- Exclama Elizabeth
Sarah extrae un pequeño frasco, se levanta camina unos pasos e introduce algunas hiervas, después lo sumerge en el agua de la laguna, y canta entre susurros un conjuro, el interior del frasco se vuelve un liquido negro.
- Ve al limite de los reinos y bebe esto, sentirás como si algo se desprendiera de ti, no te asustes, dejaras de ser un ángel de la muerte…Cruza luego el umbral, mientras lo atraviesas pide a los guardianas mentalmente que te dejen salir en tu tiempo, quizás puedas salir a tiempo para cambiar el destino, aunque en 2 horas caerás dormida y un cuerpo va a envejecer en un minutos hasta hacerte polvo. ..¿Estas segura?- Le pregunta Sarah, Elizabeth le quita el frasco, luego la abraza, se pone de pie.
-¡Estoy segura!- Exclama sonriente, luego se pierde entre los árboles., Sarah se queda ahí observándola desparecer en el camino mirándola con pena, luego se levanta, -Máximo es hora de volver.- Exclama juntando su cadena.



 Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos de góticos.
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Les deseo unas eternas lunas





L.C.D


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1 comentario:

  1. me encanta, esperando con ansias el capitulo 6 :)

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