miércoles, 22 de febrero de 2017

Capitulo 4 Gótica "Ángeles de la Muerte"





Ángeles de la Muerte

No es que me seduzca el sabor de mis lágrimas, es que en ellas recuerdo que aún queda un rastro de sentimientos humanos dentro de mi oscuro corazón…



“Amor Inmortal”

  Esto de ser una muerte súbita cada vez me gusta más, tomé esta vida para volverme inmortal, he complacido tanto a mi creadora,  Morgana  me tomó cariño, soy su mejor trabajador, le he entregado tantas almas que rápidamente fui mutando más y más, soy la envidia de quienes la aman, todas las muertes la amaban, menos  yo, hice el amor muchas veces con ella en la más profunda oscuridad, me ha dado tantos privilegios, no se da cuenta que lo que yo ansío es estar en su lugar, convertirme en la muerte que gobierna a todas las muertes, no comprende que si no sentía amor en mi anterior vida, menos lo haré en esta, igual lo de ella pasa por otro lado, esta acostumbrada a recibir halagos,  que todos la veneren, yo sólo cumplo con mi trabajo, sé que ella siente algo especial por mí, porque no tengo escrúpulos a la hora de saciarme y satisfacerla con almas, me da igual, para mí son simples almas que se van a su propio paraíso o al mismo infierno, muchas caen en el inframundo, un lugar destinado para las almas perdidas, para aquellos cuya balanza esta equilibrada y por ende no pertenecen ni al cielo ni al infierno, también esta destinado para las diversas criaturas de la noche, nadie quiere ser una muerte trabajando ahí, porque debe custodiar a las criaturas de la noche, porque sólo debe buscar la manera de hacer pecar a los humanos, puesto que únicamente envía almas al infierno, porque la muerte del inframundo esta condenada a vagar perdida en el tiempo, pierde todos los recuerdos, pierde la oportunidad de volver a la vida entre los humanos, ya jamás tendrá la ocasión de tener una vida  eterna en el mundo humano, eso es a lo que aspiramos todos.  Soy tan eficiente a la hora de devorar un alma, no importa sea mujer u hombre, sólo busco más y más, es por eso que la parca me asignó el mejor rol, puedo estar en el día, en la noche, en mi casa, me llevo la mitad del tiempo comparado a otras muertes, mute más rápido porque entregué muchas almas, más que cualquier otro, llevo tanto tiempo, y cada día y cada alma la disfruto con todo mi ser, a veces no puedo creer que he pasado de ser un pobre humano que se la pasaba en las tabernas borracho buscado pelea y esperando la muerte, a ser la muerte súbita, haberme encontrado en la noche con aquel caballero que me prepuso ser inmortal es lo mejor que me ha sucedido en mi miserable vida mortal.

Aquella tarde de verano comenzaba a caer la noche, me destinaba a la plaza principal de un pueblo que visité, porque si en algo me destaco es en ser forastero, las personas que están morir tienen un olor muy particular, es la manera en que las Moiras  nos dan la señal, seguimos el aroma de su perfume y así encontramos a quienes ya tienen su destino marcado, su hora final ha llegado, en aquel pueblo el perfume de las Moiras estaba en el aire, los humanos no pueden percibirlo,  es similar a las primeras gotas de lluvia que caen sobre la tierra seca en una tarde de verano , también se parece a la fragancia que emanan  los bosques después de una tormenta, es una mezcla demasiado complicada de expresar en palabras, el aroma de la muerte es casi embriagadora para nosotros, me senté en el banco de la plaza,  allí el aroma estaba latente. En aquel pueblo me compré una casa  por muy poco dinero, puesto que está internada en el bosque y sus antiguos dueños habían desaparecido o la habían abandonado, en aquella hermosa casa solían hacerse grandes fiestas, a las cuales acudían todos aristocráticos, aquella casa tiene algo especial para mí, esta en el limite de los mundos, el reino de los espíritus transita por ella, aquellas tierras están encantadas por la hechiceras del bosque, ellas tiene cerca sus cabañas y protegen las puertas del inframundo desde el mundo humano, los lugareños las llaman brujas y les temen, ellas solo son humanos sin alma cuyo destino es incierto, no pertenecen a ninguno de los reinos, pero pueden transitar por todos ellos, sus cuerpos no mueren, y se ocultan en los bosques, desde que intentaron cazarlas como animales para enviarlas a la hoguera, ellas decidieron ocultarse, la cabaña más próxima a la casa es la Sara, una muchacha que perdió su alma por amor.
Entonces me senté a mirar a las personas a miraba los pájaros volar, y por instinto vi a una joven sentada junto a la fuente, llamo poderosamente mi atención, leía mientras que sus pies se refrescaban en las agua diáfanas y frescas de la fuente, era tan hermosa, me acerqué lentamente a ella, me miró, sus ojos eran profundos, color miel, muy grandes con largas y negras pestañas, me sentí entrar en ellos, su mirada aparentaba guardar secretos, fue por unos instantes que solo nos miramos, como adolescentes en un romance de verano, luego tomé de mi bolsillo una moneda, sonriéndole le dije,
- ¡Buenas tardes bella dama! Sabes usted algo, si se coloca de espalda junto a la fuente y lanza una moneda pidiendo un deseo, este se vuelve realidad.- Lancé la moneda. Ella se levantó sonriendo dejando unas huellas de agua dibujadas sobre el piso, extendí mí mano para darle una moneda, ella me sonrió y la tomó, se colocó de espalda, cerró sus ojos, se veía tan bella, que extrañamente sentí conocerla de toda la vida, jamás una mujer había despertado ningún sentimiento en mí, ni siquiera cuando fui mortal, su largo cabello era mecido sutilmente por el viento de verano, sus labios enseñaban una pequeña sonrisa, entonces lanzó la moneda, luego abrió sus grandes ojos,
 - Espero que el deseo se haga realidad.- dijo sonriendo, su sonrisa era tan humana, tan tierna, tan mortal, no sé porque la voz me tembló cuando le pregunté que había pedido de deseo,
- Si le digo mi deseo quizás pierda fuerza y jamás se  realice. – Me contestó ella tomando sus libros del piso.
- ¿Ya se va? Espere, quédate un momento, soy un forastero que jamás podrá salir de este pueblo, porque acabo de conocerla.- Le dije
- Todos los días vengo aquí a leer y escribir, nos vemos.- Dijo ella sin dejar de mirarme a los ojos.
- Púes, entonces mi dama, vendré mañana, y pasado mañana, y pasado de pasado y siempre  vendré, hasta que el ángel de la fuente se canse tanto de mí que cumpla mi deseo.- Le dije, tomé su mano y la besé, ella se sonrojo.
- No es un ángel, es un espíritu del bosque, ves sus pequeños cuernos, y sus patas de cabra, es la representación del espíritu del bosque, cuenta que el artista que lo esculpió era un antiguo pagano que murió por pena de amor, su tristeza era tan profunda que ni el gran espíritu del bosque pudo salvarlo, se cuenta que en esta fuente murió su esposa al regresar y encontrarlo desfallecido en su lecho, ella se suicidó aquí, todos los enamorados vienen a lanzar monedas y pedir deseos de amor eterno.
- Bellísima historia, ¿Quién pueda amar así  ha salvado su alma?- Le dije
-   Y sabes algo, mañana, y pasado mañana y pasado de pasado vendré para que a mí también me haga realidad mi deseo.- Dijo la joven, colándose sus zapatos y se marchó.
 Aquella chica había hechizado mi cruel corazón, me dejó con ansias de verla, y lo haría, claro que iría cada tarde al caer el ocaso solo para ver aquella dulce sonrisa humana, siempre le huí al amor, porque jamás alguien me despertó aquellos sentimientos de necesitar ver sus bellos ojos para poder seguir adelante, aquella dama logró que sintiera algo que jamás se despertó en mí, un sentimiento desconocido en mi vida humana y ahora en mi vida inmortal lograba sentirlo pese a que mi sangre corría fría por mis venas. Y cumplí mi promesa y ella la suya, nos veíamos junto a la fuente, teníamos largas conversaciones, caminábamos tomados de la mano, por el centro del pueblo, por los senderos, por caminos soleados, por el bosque, íbamos al lago, y hablamos  de cosas cotidianas, de historia, de música, de teatro, leíamos poesía y hasta escribimos varios poemas juntos,  cada vez que ella  sonreía yo sentía que mi corazón intoxicado de muerte volvía a la vida lentamente, podía oler el dulce e inocente aroma de su joven alma, hasta que una noche no soporté más las ansias de besarla en los labios, aquella noche llovía y la invité a mi casa, aunque sabía que si la besaba ella se contaminaría con muerte, la convertiría en un engendro del demonio como lo soy yo, o moriría lentamente en siete largos días de agonía con tan solo posar mis labios sobre los suyos, no podía hacerla mía porque moriría al despuntar el alba, me enamoré como nunca pensé enamorarme, comprendí entonces a mi padre, ya no me imaginaba la vida sin ella, era mi día y mi noche, el airé que respiraban mi pulmones marchitos, me contuve con fuerzas, ella leía unos dulces poemas en voz alta y yo solo pensaba en cientos de formas para poder hacerla mía, besarla, saciar mi instinto animal con mi amada, asesinarla a besos, intoxicaría con  muerte todo su cuerpo, beber su alma para saciar mi sed, sé que terminaría haciéndolo, terminaría devorando su frágil vida y gozaría al sentir como se apagaría lentamente al llegar mi veneno de muerte a su corazón,
- ¿Qué te sucede?- Me preguntó mientras acariciaba mi cabello, y cuando intentó besarme la corrí  nervioso, la aparte de mí lado,
- No puedo hacerlo ¡mi amor!- Le dije, me miró con tristeza, luego se levantó del sillón,
- Llevamos dos meses juntos, solo tomas mi mano, me evitas cada vez que intento besarte.- Dijo molesta mi dama.
- ¿Acaso no me deseas? – Me preguntó con sus ojos llenos de lágrimas, luego se aventuró a la puerta, no supe que hacer,
- ¡Te amo! Pero ya no puedo seguir viéndote, ¡Ya no quiero saber de ti!- Exclamé confundido, solo quería besarla, no herirla con mis palabras, ella giró el picaporte y se fue corriendo bajo la lluvia, me quedé tieso sin saber como reaccionar, la deseaba, deseaba cada fibra de su cuerpo, deseaba hacerla mía más que nada en el mundo entero, quien creería que conocería el amor siendo yo la muerte súbita, llevaba tanto tiempo saciando a la mi creadora, comportándome como el más fiel servidor, solo quería besarla estrujarla en mí pecho, cargarla entre mis brazos para llevarla a la alcoba y hacerle el amor con todo esta dulce desesperación, casarme y tener una vida mortal junto a ella, fue tan fuerte mí grito, que cuando abrí los ojos parada junto al umbral de mi puerta estaba la parca, sus ojos ardían como llamas del mismo infierno, me apuntó con la guadaña.
- Ya no quiero esta vida, he viajado al pueblo equivocado, me enamoré locamente de una dama.- Le dije y deje caer mí cabeza en el respaldo del sillón, la muerte se sentó junto a mí.
- ¡Cuánto la amas! Te confieso algo, siempre quise que me ames así.- Me dijo la muerte, luego acarició con sus frías manos mí rostro.
- Quiero mi vida, por favor, siempre te fui fiel, no me dejes con este dolor.- Le supliqué apoyando mí cabeza en su regazo.
- Sé que la amas como jamás vi a una muerte amar, ya no me sirves, mi muy querido, ¡No me sirves enamorado! debería hacerte desmembrar por los demonios que están hambrientos, como suele sucederle a los ángeles de la muerte que me desobedecen, sé que te arrepentirás ¡Lo sé! y volverás a mí, solo que ya no serás mi preferido, serás un esclavo, me hieres,  la prefieres a ella que a mí, amándola me provocas daño, en mí solo hay ira, pero has humanizado un poco esta vieja muerte has logrado cosas bellas en mí.- Me dijo la parca, me levanté lentamente.
- ¿Me harás mortal?, jamás me voy a arrepentir de esta decisión, la amo con locura quiero ser humano, me lo debes, te he dado lo mejor de mí.- Le dije
- ¡Sí, lo sé!, te devuelvo tu vida, ya te dije así no me puedes servir, y como algo te estimo, te dejo libre, pero no creas que lo hago porque soy buena, lejos estoy de eso, lo hago porque has de volver a mí y ahí vendrá mi desquite, ya puedes irte tras ella.- Me dijo la muerte la parca, no me importaron sus palabras, sólo corrí bajo la lluvia buscándola, corrí tanto que sentí mi corazón agitarse, sonreí por eso ya era humano otra vez, hacía tanto tiempo no sentía tantas sensaciones humanas, ser humano después de todo no era tan malo, seguí corriendo pensándola, hasta que la hallé junto a la fuente donde nos conocimos, lloraba bajo la lluvia mirando el agua caer en el estanque, me acerqué a ella, lancé una moneda a la fuente pidiendo con gran confianza al espíritu de aquel lugar que me cumpliera mi deseo, ella me miró, aquellos ojos eran tan grandes, tan mágicos, con sus largas pestañas arqueadas, y su color miel, sus ojos eran bellos tanto como esta lluvia de verano, extendí mi mano para darle una moneda,
- Vuelve a pedir lo mismo que en nuestro primer encuentro.- Le dije, luego ella sonrío tristemente, entonces ante aquella extraña criatura de cemento posada en medio de la fuente, y bajo la lluvia, tomé su rostro entre mis manos, y posé mis labios sobre los de mi amada Helena,  no podía creerlo sus labios y mis labios unidos dándonos la demostración de amor más pura y simple que los humanos enamorados se expresan mutuamente, fue un momento que no se pueden expresar con palabra, el silencio basta,  luego me incliné ante ella,
-         ¿Quieres ser mi esposa? Helena Mendizabal Brand- Le pregunté, ella sonreía y lloraba.
-         ¡Sí! Sí, quiero mi amor, mi caballero, mi amado Abel LeRoy.- Respondió entre lágrimas bajo la lluvia.

La lleve nuevamente a la casa, al entrar la cargue en mis brazos, y entre risas casi adolescentes subí las escaleras, ella abrazo mi cuello y dio pequeños besos uno tras otro en mis mejillas, al llegar a la puerta de la recamara ella volvió a mirarme a los ojos en silencio, entonces tomé su mano, otra vez no hicieron faltas las palabras al abrir la puerta y ver la blanca cama matrimonial que nos esperaba, junto a la misma el ventanal estaba abierto y permitía que el viento fresco de la lluvia se colara meciendo las cortinas, la verde enredadera centelleaba ante nosotros, cerré las cortinas, Helena caminaba por la habitación, tomó un viejo cuaderno de una de las mesas, sopló suavemente el polvo que traía por encima, la tapa era  marrón y tenía grabadas unas letras que aparentaban ser iniciales, ella lo llevó hacía su nariz y exclamó
-         Que delicioso aroma a perfume francés. – Tomó el cuaderno
-         Era de mi madre, ella era poeta, una dulce y hermosa dama francesa que siempre llevaba consigo este viejo cuaderno.- Le dije
-         Debió ser hermosa.- Dijo Helena y se sentó al borde la cama, quitándose su zapatos mojados, sus blancos pies se frotaban unos con otros como si estuviera nerviosa, deje el cuaderno sobre la mesa junto al ventanal, encendí todas las velas del gran  candelabro dorado que estaba sobre nuestras cabezas,  luego me senté junto ella y quite mi camisa, ella miraba mi torso,
-         No haremos nada que no desees.- Le dije.
-         Quiero estar a tu lado el resto de mi vida Abel.- Me dijo
-         Como debe ser mi hermosa dama. – Le respondí.
-         Cuando mi padre salía a trabajar lo extrañaba tanto que me quedaba jugando junto a la ventana para verlo llegar, porque él me alzaba en sus brazos y me cantaba una rima que  había escrito sólo para mí, me la recitó tantas veces al llegar que aún la recuerdo de memoria,             
       De nuevo aquí a mí lado,
              Mi niña de bucles dorados,
              Eres cálida como los rayos del sol,
              Purísima Doncella, Más que la luna bella,
              Postrados a tus pies, mi niña de ojos de miel,
              Nunca te dejaré de querer...- Recitó Dana, Abel. Sonrió con ternura
-         ¿Tu también tienes el hábito de escribir rimas?-  me preguntó ella,
-         ¡Sí ¡ Solía escribir poemas en una pequeña libreta que llevaba conmigo en el bolsillo del pantalón, después con los años deje de escribir, aún la cargo, al escribir sentía que ella, mi madre, seguía a mi lado de esa forma dolía un poco menos su ausencia, su abandono se esfumaba en cada verso, todos mis poemas eran sólo suyos, aunque desde el día en que te conocí que no necesite más de esa vieja libreta, pues tu eres la poesía que necesitaba mi vida, y la angustia el vacío que generó en mí la desaparición de mi madre, se aleja cada vez que me miras. Es más lograste en mi que dejara de observar por minutos las cicatrices de mis muñecas, estas marcas me hacen revivir la perdida de mi madre, pues, desde el día que tuve aquel accidente en el que atravesé el vidrio, que mi madre comenzó a comportarse diferente, se había convertido en un fantasma que deambulaba por la casa oscura, sólo por su maldita adicción a la escritura, como si fuera que únicamente la pluma la mantenía viva. –
-         Ahora que me cuentas esto, todo en ti cobra más sentido, tu mirada a veces ausente o melancólica, quizás tenemos demasiadas cosas en común, como si nuestras vidas hubieran sido recortadas por la misma tijera para calzarlas en un marco y hacer de eso el arte del abandono y la pena, paradójicamente llevo en mis venas, en mis muñecas las mismas cicatrices del pasado, aunque en mi fueron provocadas con un único propósito, ¡el suicidio!- Dijo Helena y extendió sus brazos enseñándome los cortes cicatrizados.  Me miró a los ojos, luego su mirada cayó en mis cicatrices después nuevamente a mis ojos, luego con su dedo índice acarició las líneas de mis muñecas,
-         ¡Son como un mapa del destino! Si las unes forman un camino. – Exclamó
Luego paso su lengua por mis cicatrices, como si quisiera con eso curarlas, sanar mi melancolía.
-         Las peores cicatrices son las que llevamos por dentro, eso intento curar en ti.- Me dijo suavemente al oído y puso mi mano sobre su corazón, la observé directo a los ojos, fue el instante más maravilloso de toda mi vida, su blusa mojada trasparentaba sus firmes senos, ella desabrochó el primer botón, luego proseguí con el resto, su cabello dorado caía mojado sobre su torso desnudo, nos recostamos despojados de ropa sobre las sabanas, de costado cuerpo con cuerpo a penas si nos rozábamos, levanté mi brazo derecho para acariciar su rostro, casi como si no me importara que sus pezones rezaran tenuemente los míos, momento en que se siente cosquillas en la parte más íntima y estimulante del cuerpo, “el cerebro”, entonces los ojos de Helena se perdieron al sentir la yema de mis dedos sobre su cabello, cerró los ojos, parpadeo, mis dedos bajaron a sus mejillas, luego a su cuello, mis dedos subían y bajaban contorneando desde sus pómulos hasta la curva de sus caderas, como dibujando letras o figuras imaginarias sobre su blanca y suave piel de doncella, aunque mis ojos jamás descenderían como mis dedos, mi respeto era extremo y su amor muy puro,  solo tenía mi mirada puesta sobre sus pupilas, entonces al fin la besé en los labios muy suave, y esperé que mi dama sea la primera en reposar su lengua sobre la mía para trazar figuras difusas en mis labios y yo dentro de su boca, acerqué más aún mi cuerpo hasta sentir su piel fundirse con la mía, susurré a su oído,  -“Te amo” eres mi dueña Helena. Sonrío al escuchar esas palabras tan precisas, paso sus manos por mi espalda, - ¡Abel mi amor!, eres tan suave y fuerte.- Dijo, su respiración se agitó, sintió un poco de vergüenza, entonces ambos reímos, la ansiedad comenzaba a poseerme, tomó mi mano caliente como las llamas del infierno  y la puso sobre su seno, me estremecí  y exhalé un leve gemido al sentir que ella exploró sutilmente pero con firmeza mi miembro ya erecto, entonces nuevamente susurré a su oído mientras que también exploraba su bajo vientre y los senos de mi amada se mecían muy despacio sobre mi pecho, - “ no hay nada en este mundo que desee más que hacerte mía, hacerte desfallecer entre suspiros, como si tu corazón estuviera a punto de quebrarse, sentir que mi alma se rompe, hasta que juntos convulsionemos, estallemos en lágrimas, hasta que nuestros cuerpos se eleven, de esa manera sabre que logré darte placer y hacerte sólo mía”. – Ella se sintió embriagada por mis palabras, yo por el aroma de su virgen piel, con delicadeza me alcé sobre mi dama, la besé primero con suavidad y clavé mi mano sobre un lado de su cintura para acomodarla, ella apretó mis muslos con fuerza al sentir mi parte más intima rozarla con fuerza, apreté mis ojos para cerrarlos, -“¡Aún no! Aún tenemos toda la noche” Exclamé excitado, su respiración humedeció mi cuello, entonces deje que mi lengua degustara todo su frágil cuerpo desde su cuello hasta sus pies, mientras que ella gemía dulcemente, las velas allá arriba ardían, Helena me dejó perderme en su vientre en su intimidad con mi lengua filosa y ardiendo, - “No existe es este mundo un vino más perfecto que dulce sabor de tu sexo”.- dije embriagado por mi doncella, ella serpenteaba sus caderas y hacía remolinos en mi largo cabello, jamás antes había hecho el amor de esa manera tan perfecta, eran nuestros cuerpos, nuestras sombras hundiéndose en la noche más perfecta de mi vida, entonces sólo en el preciso instante, en la hora precisa de la noche al fin la hice mía.


Gótica


“Lágrimas de Sangre”

Me aferré a mis raíces oscuras para poder recordarte siempre, tú siempre estarás en mis días de soles negros y en mis noches de tormenta, tú nunca morirás para mí….



La muerte miraba os cuervos volar, el paisaje que podía verse desde aquel balcón era  inspirador, los tonos grises se asemejaban a una pintura,

-         ¿Qué te sucede? Le preguntó Gótica saliendo, se apoyó sobre una columna.
-         Tengo problemas como un ángeles de la muerte.- Respondió mirándola,
-         ¿Elizabeth?- Preguntó ella
-         ¡Sí! Sé que ya se conocieron, Elizabeth no quiere dejar de pensar en  sus pocos recuerdos de su vida humana, ella fue mi primer ángel de la muerte, quizás me equivoqué y su alma no estaba destinada a esta existencia eterna.
-          Llora, se niega a escribir, le teme a quienes habitan el inframundo, intenta huir.
-         ¿No puedes dejarla libre? Preguntó Gótica
-         Mi querida dama,  los ángeles de la muerte que están aquí  han pasado el plano en cuerpo y alma, su cuerpo fuera del inframundo con el correr del tiempo se volvería polvo, quizás en días o en hora dejaría de existir y su alma quedaría perdida, ya no pertenecen a ningún reino, esa almas se pierden, caminan eternamente por el valle de las Moiras ¡No habría salida!- Responde la muerte, Gótica apoya su mano sobre el hombro de la muerte, y él la acaricia.
-         Debo irme, como siempre un placer verte.- Ingresa a la oscuridad de la casa y desparece, Gótica se queda ahí en el balcón mirando el cielo, la luna iluminaba las copas de los árboles,  los cuervos volaban,  los sonidos de la noche la envolvían y el rocío brillaba sobre las frondosas platas. Entonces mira hacía abajo y ve a una mujer correr,  al parecer es Elizabeth, entonces corre,  baja las escaleras con rapidez, la cola de su vestido negro acaricia los escalones, las estatuas en la sala la observan, las manchas de humedad se movían en las paredes, salió de la casa,
-         ¡Espera!-  Grita, la mujer corría con rapidez, tanto que gótica deja de verla, la busca entre los árboles, entonces ve a una mujer sentada y apoyada contra un viejo árbol, tiene el cabello de color rojizo, muy largo esta enmarañado y cubre más de la mitad de su rostro, tiene un vestido largo y deshilachado que al parecer fue blanco, pero se ve gris esta lleno de encajes rotos, se lleva las manos a la cara y sus largas uñas negras corren un poco su cabello del rostro, sus ojos eran blancos, su mirada se posa en ella era  fría.
-         ¡Hola!.. Te confundí con alguien.- Le dice Gótica
-         Disculpa si te asuste, buscaba belladonna, tu casa esta rodeada de ella, necesito algunas de sus flores para una poción que estoy preparando.
-         ¿Cómo te llamas?- Preguntó Gótica.
-         ¡Sara! Vivo en la cabaña más próxima a tu casa, soy una de las hechiceras que custodia el inframundo, no me habías visto aún porque yo vivo del otro lado del plano, y en este plano las hiervas que usamos para los hechizos y para el caldero son más efectivas, la plantas crecen más grandes, pero si me necesitas estoy más de este lado que del otro, venimos con mi esposo al inframundo.- Le dice,  Gótica la mira extrañada.
-         ¡Si! Aunque te resulte extraño, las brujas podemos amar, es cierto que la mayoría de nosotras nace sin alma, pero cuando eres hija de una hechicera y un mortal naces con alma, ese es mi caso, soy una inmortal con alma, la hechicera nace fruto del acto sexual entre una de nostras y un incubo.- Se levanta del suelo y comienza a caminar, Gótica camina junto a ella.
-         Puedes buscar cuantas hiervas y flores necesites, no hace falta que te ocultes de mí.- Le dice
-         Cuando te queman en una hoguera,  o  te lanzan al agua atada de pies  y manos, te puedo asegurar que no deseas ver un mortal nunca más, te llenan de odio,  me enamoré de un mortal, el pueblo nos acuso de brujos,  y entonces nos  lanzaron atados uno al otro a la laguna,  ahí nos dejaron, ¡podes creer! nos abandonaron para que muriéramos,  me desmayé o morí, nostras morimos y revivimos, tenemos siete vidas  y cuando desperté Máximo había muerto ahogado, él no era inmortal, rompí las sogas con las que estábamos atados, arrastré su cuerpo a la orilla, estaba desesperada, hacía unos minutos que había muerto, mi grito fue tan profundo que alerte a mis cofradías, mis hermanas salieron de sus escondites y me ayudaron a cargarlo hasta este plano,  lloramos las cinco sobre un cáliz, las lágrimas de una bruja y unos gotas de sangre de  la muerte, pueden revivir un cadáver, la muerte del inframundo se compadeció de mí dolor y  no dio tres gotas de su sangre,  entonces le dí de beber las sangre mezclada con las lágrimas, Máximo abrió los ojos, pero su alma ya se había ido, él recordaba lo que nos hicieron, el sabía que me amaba, entonces nos ocultamos en la cabaña más cerca al inframundo, pero Máximo no es un humano ahora, es un muerto viviente, asesinó a varias personas del pueblo,  por eso ahora lo tengo encadenado a mí. – Le enseña su pierna y en el tobillo derecho tiene una cadena.
-         La cadena es larga, para no pederlo en el inframundo cuando vengo, del otro lado es más corta para que no se escape y asesiné, no quiero perderlo otra vez, lo alimento con sangre de animales y para calmar el dolor de la muerte, le doy pociones, lo amo y no lo dejaré jamás, aquí lo siento más vivo que nunca, como una rama que florece después de la sequía, como el amanecer, como el despertar del tiempo, como el renacer de nuestra naturaleza marchita…- Corta flores y hierbas que introduce en una canasta mientras habla, Gótica la escucha
-          Hay humanos que nos buscan,  se internan en los bosques y nos llaman, ahora el mundo humano nos acepta es más ¡Nos quieren imitar! Y hacen ofrendas que dejan en los bosques o parques, no saben nada de la antigua magia, adoran dioses y demonios, nosotras seguimos ocultas, aunque algunas de mis hermanas se adaptaron a los tiempos que corren, Máximo y yo pasamos más tiempo en el inframundo, pero mi misión es custodiar desde el otro lado.- Dice con la canasta llena de hierbas y flores.
-         Tu historia es hermosa, Cuando sales del inframundo puedes elegir en que año o tiempo salir, lo que no puedes es alterar tu destino.- Le dice Gótica
-         ¡Sí! Lo sé, pero es igual en tiempo en el que salga, ¡Solo quiero estar con Máximo! Somos el uno para el otro.-
-         Tuviste mala suerte mujer, la persona que amaste estaba maldita y esa maldición se pego a ti, ella no iba a dejarte las cosas fáciles.- Le dice a Gótica, que la mira extrañada,
-         ¿De que hablas?- Le pregunta Gótica
-         De tu vida humana, antes de estar aquí fuiste humana, de que todo fue una trampa, ella lo amaba. Le responde y comienza a juntar la cadena, gótica no comprendió
-         ¡Gracias! Si me necesitas o quieres algo de mí aquí estoy…- Le dice y jala de la cadena. Se marcha.
Gótica la mira alejarse recogiendo la cadena hasta pasar con su amado al mundo humano.



Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos.
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¡Gracias por tu visita!



Les deseo unas eternas lunas

L.C.D


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3 comentarios:

  1. me gusta tu articulo como hago para poder descargar el libro?

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    1. Gracias! El libro esta publicado aquí este mes subo el final,te deseo unas eternas lunas.

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