miércoles, 15 de febrero de 2017

Capitulo 3. Gótica "Ángeles de la Muerte"Una Novela escrita en relatos Góticos


Capitulo 3
Gótica


Nacer, morir, ¿Qué es la muerte sino un nuevo comienzo o el comienzo de la eternidad”?..Finalmente lo que queda claro para todos nosotros es que a pesar que los inmortales dispersan entre los humanos penas, alegrías, recompensas y castigos, actos que el ser humano hace durante  toda su vida, solo la muerte decide el límite temporal de esta existencia  y su evento final lo cual  únicamente lo determinan las hermanas del destino y sus súbditos ”Los Ángeles de la Muerte”…


 “El reencuentro con la muerte”


 La tormenta no cesaba desde hacía varios días, en el sótano rodeada de libros, tinteros vacíos y bollos de papel, Helena escribía como de costumbre desde que se entregó a la muerte, aquella que la mantenía cautiva trabajando en una noche eterna, perdida en el tiempo, entre ambos mundos, conviviendo en el inframundo donde vagan los ángeles y demonios de los seres que habitan la tierra, donde se esconden las diversas criaturas de la noche, donde moran las almas perdidas, donde redacta las historias que se vuelven realidad. Un relámpago iluminó su pequeña ventana, sus blancos y finos dedos tocaron sus labios dejando una gota de tinta, hizo sonar los huesos de sus manos para calmar los calambres, giró la cabeza de un lado a otro para quitar un poco las contracturas, el gato negro se frotaba ronroneando en sus piernas, afilaba las uñas en su falda negra de encajes, se inclinó para acariciarlo,
- Estás muy cariñoso hoy amigo mío. - Le dijo ella al gato, luego lo alzó y comenzó acariciarlo.
La campana de la puerta principal la distrajo de sus juegos con la mascota, se puso de pie, tomó la llave de la mesa y subió lentamente las escaleras, el tul bordado con detalles dorados en su falda acariciaba los escalones, sus movimientos físicos eran cada vez más sensuales, la casa era grande y sombría, fría y casi sin iluminación, sólo unas  pálidas velas en extraños candelabros, era lo que lograba vislumbrar las paredes grises y húmedas, las manchas dibujaban extrañas figuras que  se movían lentamente como espectros buscando la oscuridad, unas estatuas de piedra corroídas por el tiempo, la observaron mientras caminaba lentamente por la amplia sala, atravesó el gran salón de baile, aquel que durante un tiempo había servido para fines festivos, como las grandes fiestas de mascaras que los antiguos dueños realizaban para  fin de año, donde las damas solteras y los caballeros adinerados concurrían anualmente, las doncellas usaban largos y costosos vestidos que combinaban con las mascara y los zapatos de tacón, aprovechaban para conseguirse un marido poderoso o al menos eso creían, criticaban a todos al juntarse en la cocina o en el baño, y los esposos infieles decían ser solteros escondiendo sus rostros tras diversas mascaras pintadas y decoradas, ahora esos grandes festejos quedaban en el olvido, ahora ese inmenso y sombrío salón sería el escenario donde la muerte atraía a sus victimas hacía el último baile con sus propios demonios. En el centro mismo de este circular salón había un gran candelabro dorado repleto de velas y de figuras de vidrio que brillaban,  gótica parada en medio miró hacía arriba al estallar un relámpago, su rostro se iluminó puesto que arriba muy a lo alto en el techo, había una ventana que mostraba el cielo, la campana continuaba escuchándose, y el cielo seguía agitándose.
Aquella antigua casona era la más grande y antigua del pueblo, había sido construida muy profundo en el bosque, desde que terminaron de hacerse las fiestas nadie más volvió a pisar aquellas tierras, sus anteriores dueños habían desaparecido misteriosamente entonces la casa no volvió jamás a ser habitada y su aspecto de abandono era aterrador para los lugareños que contaban cientos de historias de terror sobre la misma, la casona estaba rodeada por enredaderas algunas secas y otras aún verdes, era el lugar de cita de cientos de cuervos y animales nocturnos, se decía que aquel lugar se encontraba en el límite de ambos mundos, aquella antigua casona se sentía familiar para Helena pero no podía recordarla, era el preciso punto, exacto, que la muerte encontró para su tan preciada y nueva criatura nocturna.

 Acomodó su cabello hacía un costado para cubrir parte de su pálido rostro, pues, comenzaban a notarse sus venas, respiró hondo y abrió la puerta la cual provocó un sonido crudo.
- Al fin me abre señora, toqué varias veces, ¿Por qué tarda tanto en acudir a la puerta? - Dijo el hombre.
- Sabe usted que no debe molestarme, siempre le dejo los escritos en la entrada. -Contestó Helena.
- ¡Sí lo sé! pero llueve, no puedo dejar que se mojen sus escritos, usted sabe que debo llevarlos bien, una gota y se arruinan sus obras, debería dejarme pasar aunque sea unos instantes, su casa está demasiado alejada del pueblo, mis caballos tuvieron que pasar por mucho barro y quiero que descansen un poco, a parte hace frío, déjeme descansar un rato y luego me marcho, en todos estos años jamás me dejó pasar. - Dijo el hombre.
- Usted ha pedido demasiadas veces a la luna conocerme, es dueño de sus actos, pase, pero sólo un momento para que caliente el cuerpo, después se marcha y no volverá a repetirse. - Dijo ella observándolo con gran desconfianza.
El hombre ingresó, miró todo, se detuvo junto a una estatua, era un ángel de piedra, le pareció que la misma lo miró, luego se arrimó a la chimenea, el fuego danzaba en el aire y casi se sentía como un abrazo fraternal.
- Señora cada vez más lectores se interesan por sus historias, no es común que una mujer escriba terror, es usted un misterio, debería ir al pueblo, sus libros son un éxito. - Dijo el hombre.
- ¡Que bueno! Que así sea- Exclamó ella tajante mirándolo fríamente
- Soy un editor y dueño de varias librerías muy importantes, imagínese para que sea yo mismo quien venga por sus obras, lo importante que es usted para mí, no sólo como escritora, déjeme decirle que su belleza es impactante. - Le dijo el hombre.
- Muchas gracias, pero no me agrada conversar, es usted quien pidió verme ¿Gusta una taza de té? - Dijo Helena acomodando con sensualidad su largo y negro cabello.
- ¡Sí! por supuesto mi señora - Respondió el editor.
Helena se dirigió a la cocina, el editor se quitó la corbata, tomó del sillón la chalina negra de la mujer, la estrujó en su pecho, suspiró hondamente, luego la dejó allí donde estaba, ella volvió con la bandeja trayendo el té. Él se sentó muy cómodamente en el sillón desabrochando su camisa, ella se inclinó para servir el té, el editor perdió su mirada en su escote, ella al notarlo se sentó en frente.
- Aquí tiene sírvase y luego puede marcharse tengo mucho trabajo. – Le dijo ella.
- Es usted tan bella señora, tan interesante que cualquier hombre podría enloquecerse. - Dijo el editor dándole sorbos al té.
- Puede ya retirarse de mi casa señor.- Dijo Helena.
El editor se acercó a ella rápidamente, la tomó por la fuerza de la cintura,
- Hágame suyo Helena Mendizabal Brand, usted tiene una belleza extraña, parece tan pálida como los muertos y sus ojos cristalinos, son como mirar la luna, revelan su perversidad, solo quiero que sea mía por esta noche, la he llamado tanto en mis noches de insomnio, la he deseado tanto en mí soledad. - Dijo el editor hechizado por la  belleza de la dama.
- Va a ser mejor que me suelte señor.- Contestó ella
- ¡No! - Exclamó el hombre. Apretó sus muñecas, ella no se movía para intentar quitárselo de encima, lo dejaba hablarle, solo lo miraba fríamente.
- Quiere saber mí oscura dama lo que es truculento, lo que es el dolor, lo que se siente al ser golpeado y apuñalado, yo la voy hacerla sentir todo eso. - Dijo el editor completamente fuera de si, Helena logró soltarse, lo empujó para alejarlo un poco.
- Para usted ahora soy Gótica, no más Helena, es que no se da cuenta, soy una mujer que vive en las sombras que escribe sobre el destino de personas, soy dolor y rencor, como usted señor editor. -Dijo ella con una sonrisa macabra, sus ojos ya no eran humanos, tenían un extraño brillo.
- ¡Sí!.. ¡Así!, muéstreme toda su perversidad, va a ser un placer matarla lentamente. -Dijo el hombre. Helena comenzó a reír como loca.
- ¿Qué le causa tanta gracia? Debería estar aterrada. – Dijo el hombre
- ¡Usted! – Contestó ella.
Detrás del hombre comenzó a levantarse desde el piso la figura de la misma muerte, el fuego de la chimenea se alzó dibujando su sombra en la pared, se veía tan grande que llegaba al techo, el hombre vio la sombra y miró extrañado, giró para ver que había detrás suyo y dio un grito de horror que resonó en toda la casa, lo último que pudo ver fue a la muerte alzando su gran guadaña antes que la misma lo atravesara levantándolo centímetros del suelo y partiendo en dos partes el cuerpo del editor, mientras que sus ojos ardían como leños encendidos, la sangre del editor salpicó el rostro de Gótica, aquel grito advirtió al empleado del hombre que se encontraba dentro de la carreta esperando para llevar a  su patrón de vuelta al pueblo, este joven hombre ingresó a la casa sin anunciarse al ver tal macabra escena se quedó tieso junto a la puerta, la muerte lo miró a los ojos y lo señaló, el hombre tembloroso se quitó una vieja pistola de su cintura, pero Helena apareció como un fantasma más por detrás de la puerta y con su daga en mano cortó con rapidez la garganta del joven que cayó de rodillas al suelo, ella lo observaba con la cabeza levemente inclinada, entonces el muchacho puso sus manos y apretó su cuello desesperado, ella se acercó a él, lo observó morir con una pequeña sonrisa en su bello rostro.
- ¡Muy bien!, muy bien, me dejaste sin editor, para que intervienes.- Dijo Gótica aplaudiéndolo.
- Jamás voy a dejar que alguien te lastime. Tanto tiempo sin vernos y así me tratas - Le dijo la muerte volviendo a su tamaño real, luego se sentó en el sillón. Unas sombras emergieron del suelo arrastrándose hasta el editor y cobraron formas extrañas con brazos humanos que se peleaban por los pedazos del cuerpo del editor mientras desgarraban su carne, eran como criaturas cornudas, cuya piel se veía seca y quebradiza de color marrón, sus ojos eran grandes y tiernos, se notaban asustadizos, tenían largos colmillos.
- ¿Qué son esas cosas?- Preguntó Helena.
- ¡Rastreros!, desmembradores que se alimentan de los cuerpos en descomposición, viven en los cementerios y se comen la carne humana, ellos ayudan en este proceso de vida y muerte, son recicladores de cuerpos, mi querida dama.- Dijo la muerte 
- ¡Bienvenido a mi perturbadora morada!..Es cierto mucho sin vernos… Sé cuidarme muy bien sola, no te necesito para nada,  pero gracias fue divertido ver los ojos  del empleado apagarse, me has dado un don, ¿Cual era?- Le preguntó Gótica.
- Escribes el destino de los humanos, todos los ángeles de la muerte deciden el destino y únicamente Morgana decide el final, cuanto durará el hilo de la vida, esa es la realidad mi hermosa Helena. - Contestó la muerte.
- Llámame por mi nuevo nombre, Helena murió, la mataste de una forma cruel, la dejaste vacía y llena de nostalgia, la convertiste en una criatura más del inframundo, ya no hay nada de ella en mí. - Dijo ella mirando por el ventanal, la lluvia caía fuertemente. La muerte se puso de pie y fue junto a ella, apoyó su frente en el hombro de Gótica.
- No te di esta maldición, son las reglas, tu padre no debió suicidarse, mi dulce Gótica…  no te das cuenta que aún logra verse un rastro humano en ti. - Dijo la muerte.

Por unos momentos se quedaron en silencio, los relámpagos los iluminaban, luego la muerte levantó su cabeza.
- ¿Y tu quién fuiste antes de ser la muerte? ¿Me imagino que no naciste siendo el ángel de la muerte? - Preguntó Gótica.
- De mí no voy a decirte nada, todavía no, quizás lo haga en un futuro, pero lástima que no tenemos futuro, ni pasado, ni nada, estas perdida en el tiempo al igual que yo,  estamos en un circulo sin tiempo ¡No deseo hablar de eso! cambiemos de tema, ¿Crees que dejaría que un idiota como este intente matarte?, igualmente no morirías. - Dijo la muerte pateando los restos del editor que yacían en el suelo.
- Cada humano del cual escribo su destino, lo recuerdo muy bien, es lo único que logró retener en mi memoria, sus vidas humanas, su esencia, me diste ese don, este hombre siempre pensó en mí, desde que debí cruzarlo en mi con mi existencia en el inframundo, yo sabía todo lo que él pensaba hacer, no soy estúpida, quiero saber más, explícame como es todo aquí. - dijo Gótica.
- Escribes su destino ¡Es verdad!, son muchos los humanos, y no todos pueden tener la capacidad de ser señalados por las hermanas, somos muchos los ángeles de la muerte, ¡Es tiempo de  saber que eres!, las moiras existen desde que existe la humanidad, las Moiras, son tres y son una, cada vez que nace un niño, una de ellas hila la hebra de esa vida, su hermana mide la longitud y la última de las hermanas corta aquel hilo que termina con la vida de una persona, ella decide de que manera morirá, ella deciden cuanto vivirá una persona, hubo tres humanos que al nacer  llamaron poderosamente la atención de las hermanas, quizás porque les llegó un alma demasiado pura o demasiado oscura a ese cuerpo humano, y tarde o temprano ellas las querían a su lado como fieles  servidores,  su destino después de morir serían de guardianes, uno al infierno, otro al cielo y el último al inframundo, ellas los dejarían vivir sus vidas humanas pero debían de marcarlos para que al terminar su vida cumplieran labor. Decidieron que a una de ellas cobraría forma humana para contaminar con muerte a esos tres humanos que serían sus súbditos en los reinos, pero esta hermana contaminó de muerte también a aquellas personas que llamaron su atención en particular al nacer,  para tenerlas siempre a su merced, eternamente a su servicio particular, al enterarse sus hermanas  debieron de convertirlos en esclavos de sus súbditos, no podían dejar libres a esos humanos, porque contaminarían a toda la humanidad, entonces cortaron sus hilos, solo dejaron 7 personas contaminas, para que sean la muertes súbitas. El único que no tenía esclavos era la muerte del inframundo, la muerte del inframundo tiene muchas criaturas pero no servidores que faciliten su trabajo de enviar almas al infierno, aquí solo vienen las almas que están equilibrio y no corresponden ni al cielo ni al infierno; fue entonces que le propuse a Morgana tener ángeles de la muerte que escribieran sobre las vida de esos humanos en equilibrio, las hermanas del destino al escribir sus destinos cometieron algunos errores y quedaron demasiadas almas equilibradas,  Los ángeles de la muerte escriben  para agregarles actos impuros y así dejan de estar en equilibrio y puedo enviarlos al infierno, es por eso que escribes para mí, de esta forma tuve mi oportunidad de caminar por el mundo humano y volver a sentir, solo quería sentir y al menos no estar tan solo.- Dijo la muerte.
- Y buscaste pactar con personas con almas capaces de quedarse aquí  sirviéndote a cambio de algo.- Le dijo Gótica
- ¡Sí! Pero cometí varios errores, había personas cuyas almas no resistían, entonces las hermanas cortaban su vida y le daban una muerte rápida o los hacían suicidarse. – Dijo la Muerte
- Los Ángeles de la muerte somos los responsables de  esos actos que los dejan sin equilibrio.- Dijo Gótica
-¡Sí! Como hay otros Ángeles que son responsables de los actos puros, aunque esa no es mi área.- Dijo la muerte sonriendo, luego ambos rieron.
- Al editor lo espera una eternidad justa, es la primera vez que le doy muerte alguien.- Dijo Gótica y extendió su mano para darle una taza con té a la muerte.
- ¡Veneno!, que bien envenenaste el té, buena estrategia, el alma de este estúpido es mía me la llevo, que pena que no me mata a mí verdad, estas pensando eso ahora, yo no entro en tus historias mi bella amiga ya estoy muerto. - Dijo la muerte muy cerca de su rostro.
- ¡Que pena!- Exclamó ella al oído de la muerte.                                 
- ¿Me matarías? - Preguntó la muerte
- ¡No!, ya hasta me caes bien, pero no me desafíes, sino mira lo que le paso al buen editor y a su empleado. - Dijo Gótica.
- Creo que me gustaría jugar un juego contigo.- Dijo la muerte.
- ¡No podemos sentir deseo!  La sangre y las almas nos atraen, es algo parecido quizás a la excitación humana. – Dijo Gótica.
-  Justamente, hagamos un texto, entre los dos, ejemplo te digo una frase…“una mujer enamorada”.- dijo la muerte
- ¡Juguemos!- Dijo Gótica se sentó y tomó su pluma.
- ¡Sí! Ya siento la ansiedad…Sigamos, te decía “Una mujer enamorada”…- Dijo la muerte sentándose junto a ella.
- ¡No! Que sean una pareja. “Dos poetas sentados frente al silencio del mundo…”- Dijo Gótica.
- Dos poetas sentados frente al silencio del mundo, la mudez del arte de leer, enamorados, más allá de la poesía…- Dijo la Muerte. Gótica le sonríe
-  …la voz interior susurrándoles poesías y rimas que a nadie le importa en este mundo sucio, donde sólo reinan los pecados mortales, donde se están perdiendo los códigos, ellos tomados de la manos, palidezco al imaginarlo, ellos dos, tan enamorados de sus sombras, muy tiernos, muy íntimos, muy solos, se besan con total pasión y amor, en un cuarto en penumbras, mirando la ventana abierta a la luna contemplando las estrellas...- Narra Gótica
- ¡Oh mi dulce dama! Que bellas palabras… La humanidad daría cualquier cosa por ver aquella escena de amor incondicional y puro, gesticulan un  texto que al caer produce desnudez, admiración y la máxima expresión de amor...- Dijo la Muerte, y acarició el cabello de Gótica, ella sonríe
- ¡Ya! Lo tengo, escucha…” Dos poetas sentados frente al silencio del mundo, la mudez del arte de leer, enamorados, mas allá de la poesía, la voz interior susurrándoles poemas y rimas que a nadie le importa en este mundo sucio, donde sólo reinan los pecados mortales, donde se están perdiendo los códigos, ellos tomados de las manos, palidezco al imaginarlo, ellos dos, tan enamorados de sus sombras, muy tiernos, muy íntimos, muy solos, se besan con total pasión y amor, en un cuarto en penumbras, mirando la ventana abierta a la luna contemplando las estrellas...  La humanidad daría cualquier cosa por ver aquella escena de amor incondicional y puro, gesticulan un texto que al caer produce miedo, desnudez, admiración... No por el amor proferido entre estas almas que parecen haber nacido para estar juntas, sino porque ella salvajemente arranca el corazón de su victima para conservar ese perfecto instante de amor,  sin el desgaste diario, sin el olvido, así se congelo para siempre este momento perfecto de amor eterno, sonríe y suspira felizmente cuando alza su mano hacía los astros y observa el corazón de su gran amor.- Narró Gótica, la muerte se quedó tieso mirándola a los ojos perplejo, su mirada llena de amor se reflejó en los ojos de Gótica, quien suspiró con placer, tomó la mano de su compañero, y cerró los ojos, en su mente pudo ver a los amantes haciendo el amor con la ventana abierta en una noche de verano, como un tenue viento acariciaba sus mejillas, el aroma embriagador que exhalan las enredaderas en flor de la ventana,  logró sentir la sangre en su cuerpo correr caliente como cuando era humana, estos poetas desnudos en el mundo humano se estremecían en orgasmos, vio el preciso instante en que la mujer arrancó el corazón de su amante para entregar sus almas a la eternidad de la muerte, abrió despacio sus ojos que brillaron, la muerte exclamó,
- ¡Ahora! Solo observa por la ventana, y lo verás pasar, gracias por este momento.- Exclamó
Gótica corrió hacía el ventanal, y vio pasar al hombre de su escrito, desnudo y con el pecho ensangrentado.
- El es mío y también ella.- Exclamó la muerte junto a Gótica.
- ¡Gracias! Hacía mucho tiempo no sentía placer, fue diferente a lo que suelo escribir, ¡pude ver!  Pude sentir mi cuerpo temblar, y el aroma del aire humano, fue una experiencia única, deberíamos jugar más seguido.- Le dijo Gótica.
- Fue distinto porque lo creamos juntos, incitamos a los enamorados, y bebimos de su esencia humana, los usamos para sentir, cuando escribes mi querida dama solo eres la criatura que asesina para mí, ahora fuimos uno, fuimos ángeles de la muerte ambos, y utilizamos su placer, sin que ellos lo percibieran ¡Fue amor inmortal! Es por eso le propuse a Morgana un ángel de la muerte diferente, para poder sentir es la única manera de sentir.- Dijo la muerte.
- Pues, entonces quiero ser un ángel de la muerte.- Exclamó Gótica.
- Ya lo eres mi querida Gótica,  acabo de enseñarte a sentir lo que escribes, hacerlo real en tu mente y cuerpo, ya eres  un ángel de la muerte que escribe para mí, cuando tu pluma haga salpicar sangre humana podrás sentir .- Dijo la muerte, Gótica sonrío con sus ojos brillosos, un brillo diferente se instaló en sus grandes ojos desde aquel momento, ya la mutación había llegado a su fin, ya nunca más sería humana, ni abría humanidad en ella, ahora era un ángel de la muerte.
- ¡Hasta pronto! - Dijo la muerte y besó su mano. Luego desapareció.

Gótica miró al gato beber la sangre del editor, lo levantó del suelo, las criaturas rastreras la miraron con temor, ella les sonrío se inclinó y acarició la cabeza de una de ellas, luego comenzó a caminar,
- Tengo algo mejor que eso para ti, ¡eso apesta! - Le dijo a su gato.
Bajó al sótano, encendió unas velas, la lluvia seguía azotando aquellas tierras encantadas, observó el inframundo por su pequeña ventana, se sentó, tomó la pluma y comenzó a escribir.

Gótica
El infierno esta dentro nuestro



 El viento soplaba y los árboles crujían, eran cerca de las tres de la madrugada,  Gótica escribía siendo alumbrada por la luz amarillenta de las velas, una rama golpeaba el vidrio de la ventana, entonces se puso de pie y observó hacía afuera, parpadeo seguido para vislumbrar en la lejanía,  caminó con pasos lentos hasta el balcón, donde respiro profundamente el aire nocturno, los aromas eran embriagadores, suspiró al ver las bellezas del inframundo, alzó su mano sonriendo alegremente, un cuervo se posó sobre ella, lo acercó a su rostro, lo besó y lo hecho a volar,  cerró los ojos y volvió a respirar hondamente, la madre selva exhalaba un perfume exquisito, 
- ¡Buenas Noches!- Exclamó la muerte a su oído, sorprendiéndola de espaldas.
- Pensé que no volvería a verte nunca más. – Respondió Gótica.
- Te extrañé mi hermosa dama, te dije que siempre acudiría a tu llamado, parece que me pensaste mucho, y aquí estoy a tus pies. –Dijo la muerte
- ¡Sí!.. Es verdad te necesito, pero no te hagas ilusiones, sólo quiero un poco de compañía. – Dijo ella, la muerte  la abrazó enredando sus brazos por la cintura,
- Sólo  quieres que te deje libre.- Dijo la muerte respirando sobre el cuello de Gótica.
Ella giró, lo miró a los ojos, por unos instantes simplemente se miraron fijamente.
- Veo que me necesitabas tanto como yo a ti. – Dijo la muerte dulcemente.
- ¿Crees que podríamos amarnos? eso del amor esta lejos de nuestros corazones, somos seres de la noche caminando entre ambos mundos, estamos perdidos, nuestras almas están perdidas,.- Dijo Gótica muy cerca de los labios de la muerte.
- No recuerdo nada, esa es mi verdad, somos esclavos de un sistema, al igual que los humanos, somos criaturas de la noche, un suspiro en los labios de un moribundo, un escalofrío en alguien que camina por calles desoladas- Dijo la muerte mientras caminaba en dirección a aquel viejo piano en el salón, aquel que ya nadie tocaba, se sentó en el y comenzó a tocar una vieja y conocida melodía, ella se sentó a su lado y juntos compusieron una pieza, luego Gótica exclamó
- Somos suspiros en los labios de quienes están muriendo, somos el orgasmo de unos enamorados que están dispuestos a suicidarse.- Dijo ella sonriendo
- ¡Lo sé!.. - Exclamó la muerte, luego tomó su mano 
- Ven, bosque nos espera ¡Caminemos!, ambos necesitamos compañía por un rato.- Dijo la muerte y salieron de la casa.


  La luna resplandecía sobre un cielo estrellado, se veía tan pálida que embriagaría cualquier ojo humano, la muerte sonreía mientras caminaban por aquel terreno rocoso, la platas exhalaban aromas exquisitos, el bosque los envolvía con una gran cantidad de árboles, Gótica miró hacía el cielo, la brisa nocturna naufragó sobre su rostro y su cabello, un búho se posó en la rama de un torcido árbol muerto, ella sonrió al verlo,  y ambos se observaron fijamente, la muerte arrancó una hermosa rosa roja, la misma al sentir su tacto comenzó a marchitarse hasta quedar seca, una extraña y pequeña criatura parecida a un duende se acercó a ellos buscando amistad, la muerte le susurró algo al oído y este se marchó dando pequeños saltos, luego extendió su mano para obsequiarle la rosa muerta a gótica,
-         Rosas negras para el amor eterno, aunque no lo creas hay un poco de ternura en este oscuro corazón.- Dijo
-         ¿Crees que podrás conquistarme?- Preguntó ella tomando la rosa marchita y enseñándole una pequeña y falsa sonrisa.
-         ¡No! Pero sé que en poco tiempo sólo desearas estar eternamente perdida en el inframundo,- Le respondió la muerte.
-         ¡Lo sé! No hay salida para mí, pero me gusta como se siente mi sangre fría correr por las venas, como puedes notar mi estimado amigo, mi piel ya no tiene color, es tan pálida como la  de los muertos, y si observas de cerca verás el recorrido de mis venas  parecen negras como la tinta.- Dijo ella enseñándole el antebrazo. 
La muerte acarició sutilmente el rostro de gótica, luego con su dedo índice hizo el recorrido de sus venas desde las muñecas hasta llegar a su cuello, por unos instantes reino el silencio, se miraban a los ojos, no hacían falta las palabras, ambos sabían que sus almas aún estaban intactas aunque fueran criaturas de la oscuridad. Gótica posó sus manos en los hombros de la muerte, la luz blanquecina de la luna los alumbraba, la muerte cerró sus ojos,
-         Si miró la sombra donde la luz desvanece lentamente, temo deshacerme entre las penumbras,  dejar que mis pocos recuerdos me lleven hasta perderme en la noche del inframundo, ya no quiero pensar en quien fui, por eso las palabras siempre me han salvado de mi misma.- Susurró Gótica y apoyó su cabeza en el pecho de la muerte.
-         La melancolía es lo mismo que la depresión, y la oscuridad es solo el otro rostro de la luz, mi querida dama solo la depresión te haría perder, por eso es mejor no recordar y acostumbrarse a vivir en este plano inmortal, desde donde vemos todo con claridad.- Dijo la muerte,  luego abrió sus ojos, un deseo casi incontrolable de besarla lo poseyó, ella estuvo tan cerca de sus labios que pudo sentir el frío en su respiración, él la abrazo, se estremeció al sentir el rostro sobre su pecho, acarició su cabello que era tan negro como las noche, besó sus manos, ella se dejó llevar por ese instante de romanticismo humano, la noche los envolvía una vez más, los cuervos volaban a su alrededor, los lobos aullaban a lo lejos, se sentían casi humanos, era una extraña sensación para ambos, que estaban acostumbrados al silencio, la oscuridad y a la soledad.
-         ¿Qué halló en ti?- Preguntó la muerte
-         Noche oscura, negro y frío invierno, muerte, dolor, castigo..¿No es así?- Respondió ella
-         No es eso solamente, aunque es una buena respuesta, es algo más, tu mi dama, debes sentir lo mismo, pues sé que soy irresistible.- Dijo la muerte con una sonrisa, ambos rieron.
-         Soy tu creación y quizás es tu vanidad la que te hace sentir, soy el fruto de tu ambición, de tu frialdad.- dijo ella quitando lentamente sus brazos que estaban enredándolo.
-         ¡No sé! No es eso, no podría jamás ser descortés contigo, pero cuando te abrazo siento en mí la magia y la calidez del amor humano. - Le confesó la muerte,
-         Sigamos caminando. Dijo Gótica para cortar aquel momento incomodo para ambos. Unas risas femeninas se oían,  era más bien como gemidos
-         ¿De donde provienen esas risas? – Preguntó ella
-         Hemos caminado bastante y eso que escuchas son las ninfas buscando a los faunos, es mejor no cruzarse con ellos, pese a que deben de obedecerme, ambas criaturas son agresivas y solo buscan satisfacer a sus bajos instintos, ellos suelen intentar escapar al mundo humano.- Respondió la Muerte

Mientras caminaban, el cielo comenzó a nublarse, y los relámpagos se agitaban pronosticando una tormenta, se encontraron frente a un lago, subieron a un bote para cruzar hacía el otro lados, Gótica vio a las Odinas nadar en la profundidad, algunas se encontraban en las orillas,  una de ellas se entretenía ahogando a un humano, un pescador que cayo en sus redes y ella lo guío hasta entrar en el inframundo,  
-         Nunca confíes en una Odina, no tienen alma y pueden nadar entre ambos mundo, para traer a sus victimas, son criaturas muy traviesas.- Dijo la muerte.
Al bajar del bote, una extraña y aterradora criatura se hecho hacía ellos, era como un perro de tres cabezas, su cola de serpiente se mecía hacía ambos lados, la muerte lo acarició,
- El es Cerbero,  guarda la puerta del inframundo y del infierno, se  asegura que los muertos no salgan y que los vivos no puedan entrar, estamos a pasos del mundo humano, y del infierno, aquí transitan todas las criaturas que tienen permitido entrar y salir de ambos mundos, él se encarga de quienes no pueden salir del infierno y del inframundo, si debe desgarrarte en mil pedazos lo haría, las brujas, los vampiros y los hombres lobos, aunque parezca una fantasía existen y son los que transitan con más libertad por estas tierras.- Dijo la muerte.
Frente a ellos había  una cabaña, parecía en ruinas, se percibía abandonada, un olor a azufre envolvía aquel lugar, podían oírse gritos que provenían del interior, Gótica miró el cielo, en una de las ventanas apareció un hombre que gritaba y golpeaba el vidrio, suplicando salir de allí, Gótica dio unos pasos hacía atrás
-         ¿Por qué me has traído hasta aquí? ¿Dónde estamos? - Preguntó
-          Estamos en el umbral, esta puerta divide al inframundo del infierno.- Dijo la muerte erguida apoyando la guadaña en su hombro derecho, su rostro había cambiado.
-         ¡Que romántico eres! ¿Para que hemos venido hasta este lugar?- Preguntó ella
-         Tengo que enseñarte, los limites del inframundo, debemos entrar tengo un trabajo pendiente, en esta parte del infierno están las almas condenadas, las almas que no han cumplido sus pactos, y aquellos que su última acción los trajo al infierno, y continuamente se hacen preguntas a ellos mismo, escucharas voces que dirán ¿Por qué lo hice? ¿Si no hubiera hecho esto? debemos ingresar, es sólo un momento, quiero que prestes muchas atención a todo lo que te digo, allí adentro ya no estaremos en este destiempo, allí los horas, los minutos trascurren, aunque lentamente, para su condena, su dolor sea más agónico. – Dijo la muerte
-         Nos volveremos polvo, no quiero entrar ¿Qué quieres que haga allí?- Preguntó Gótica asustada.
-         ¡Estas en lo cierto! podríamos volvernos polvo si el tiempo corriera normalmente, como en el mundo humano, es imprescindible que entres conmigo, ya descubrirás porque, cada vez que la luna se torna  roja como la sangre, es tiempo de abrir este portal, y darle la oportunidad a un alma condenada de salir para llevar su eternidad en el inframundo, es la forma en que se mantiene el equilibrio en todos los planos, la luna se torna roja pocas veces, sólo cuando se necesita el equilibrio entre ambos mundos, entonces la muerte que gobierna el inframundo debe abrir este portal y buscar un alma para liberar.- Dijo la muerte
-         ¿Van a lastimarnos?- Preguntó Gótica.
-         ¡Tranquila! sólo necesito que prestes atención a todo lo que digo, no te acerques a ellos, van  a querer confundirte, no dejes que ninguno te toque o van aferrarse a ti tan fuerte que no podrás quitártelos de encima, ellos buscan salir desesperadamente, puedes usar tu guadaña para defenderte si quieren arrastrarte con ellos, la mayoría de estas almas han pactado con demonios por diversos motivos, este círculo del infierno no es sólo considerado un lugar de tortura eterna, ellos están en un estado de sufrimiento, padecen sus miserias, sus mentes enloquecieron por ambición y vanidad, su paso por el mundo de los vivos esta intacto en sus recuerdos, son almas cuya única pasión en sus vidas fue avaricia y egoísmo, la misma frialdad que poseen ha hecho que este círculo se congelara, y no se arrepienten de sus actos, sentirás un aire diferente, no dejes que la confusión te domine, recuerda ellos se encuentran en un estado permanente de depresión y ansiedad, abriré la puerta ¿Te sientes preparada?- Preguntó la muerte, ella tomó con firmeza su guadaña y le hizo un gesto para que abriera.

Al abrir la puerta el sonido crudo de las bisagras crujieron en exceso, una ráfaga de frío sopló en sus rostros al ingresar,
-         ¡Bienvenida al frío eterno! Abre bien tus ojos, parpadea seguido para que no se congelen- Exclamó la muerte riéndose macabramente.
Gótica caminaba perpleja, frente a ella tenía un bosque de hielo, igual al inframundo pero congelado, la belleza de aquellos árboles gélidos, desnudos y blancos la sorprendió, aquellos tonos blancos y grises daban un aspecto mágico, caminaban lentamente y con precaución, el lugar parecía desierto,
-         Creo que te has equivocado, aquí no hay almas. - Dijo Gótica
-         Se esconden, buscan en que momento atacarnos, buscan aliados, solas no pueden hacer nada. – Dijo la muerte, ella sintió que algo golpeaba el suelo por el que caminaban, esto llamó poderosamente su atención, casi como hechizada, se arrodilló, comenzó a correr con sus manos entumecidas por el frío la nieve del suelo, allí en el suelo, se encontró con una hermosa y joven mujer desnuda, su cabello era largo y blanco, golpeaba el hielo que las separaba con sus puños, intentando encontrar la salida bajo aquel lago congelado, apoyaba sus senos y su boca en el hielo, sus ojos cristalinos miraban con angustia, Gótica no podía dejar de observarla, entonces aparecieron más, Gótica estaba como hipnotizada por ellas, estos comenzaron juntas a golpear el hielo, y este se quebró y una mano la tomó del tobillo, la muerte giró hacía atrás y vio lo que ocurría entonces cortó la mano que jalaba de Gótica con su guadaña,
-         Están sufriendo, deberíamos ayudarlos.- Dijo ella 
-         ¡No! Están fingiendo, su dolor es fingido, pueden soportar más que esta condena y la merecen.- Dijo la Muerte
Entonces la mujer salió del agua, y Gótica al verla correr hacía ella le cortó con rapidez la cabeza con la guadaña, el cuerpo de la mujer cayó al agua, al instante el hielo volvió a cerrarse, el agua se tiñó de rojo, pero varios habían salido del agua, y otros se escabullían entre los árboles,
-         Estamos rodeados, van a arrastrarnos con ellos.- Exclamó Gótica.
La muerte miró hacía todos lados, notó pequeña cabaña,
-         Vamos a refugiarnos allí.- Dijo señalando la cabaña.
Ingresaron aquella cabaña abandonada, el techo estaba caído en lo que parecía ser un living, donde un árbol había crecido, Gótica notó luz por debajo de la puerta de uno de los cuartos, entonces entraron y cerraron la puerta, había una chimenea apagada, el cuarto estaba vacío, sólo había un viejo escritorio, donde se encontraba un hombre casi congelado sentado con sus brazos sobre la mesa, a su lado una vela crepitaba, Gótica se acercó a él, pues no temía que le hiciera daño, el hombre estaba entumecido, lo observó por un rato, este señor parecía haberse convertido en parte de la silla, su espalda estaba encarnada al respaldo de la misma, tenía el cabello por los hombros blanco y con pedazos de hielo, ella apoyó su mano en su cabeza, sintió pena por el, este intentó levantar la cabeza pero había estado tanto tiempo con su mentón hacía abajo que no lo logró, escribía sin parar palabras sin sentido, balbuceo palabras que ella no comprendió, entonces se inclinó para poder verle el rostro y poder escucharlo,
-         No debí dejarle esta condena…No debí suicidarme… No debí hacerlo… ¿Eres tú? Me encontraste, casi no recordaba tu rostro.- Le dijo pausadamente el hombre a Gótica.
Gótica se incorporó con rapidez, jaló a la muerte de la manga de su parca
-         ¿Quién es?- Preguntó, la muerte miró hacía abajo
-         Helena, ¡Mi niña!  has vuelto por mí, es que me has olvidado.- Repetía el hombre
-         No señor me confunde con alguien más.- Le dijo ella
- De este lado que trascurre el tiempo podrás recordar algo de tu vida humana, al igual que a mi me sucederá.- Le dijo la muerte.
-         ¡Mi niña! Helena… Helena…Helenita…Soy yo hija. – Repetía el hombre sin poder moverse
-         ¿Helena era mi nombre cuando fui humana?- Preguntó ella a la muerte
-         Así parece.- Le respondió
-         Te suplico perdón, perdóname hija, Helena ¡mi niña!, mi niña…- Repetía el hombre en la silla, Gótica colocó una silla junto a él,
-         No lo conozco señor.- Le dijo atormentada
              De nuevo aquí a mi lado,
              Mi niña de bucles dorados,
              Eres cálida como los rayos del sol,
              Purísima Doncella, Más que la luna bella,
              Postrados a tus pies, mi niña de ojos de miel,
              Nunca te dejaré de querer...-
-         Recuerdas  Helena que te cantaba esta canción cuando llegaba a casa en las tardes, la escribí sólo para ti.- Le dijo el hombre, Gótica inclinó su cabeza, unas lágrimas cayeron de sus ojos y se convirtieron en gotas de hielo,
-         ¡Padre!- Exclamó Gótica, lo abrazo llorando
-         Por eso te traje al infierno, algo me decía que debía traerte, le daré la oportunidad de salir del infierno a tu padre Gótica, vamos a liberarlo de su condena juntos, cierra tus ojos y sólo piensa en el inframundo.- Dijo la Muerte, todo fue oscuridad, los gritos del infierno comenzaron a desvanecerse y se escuchaban cada vez más lejos, luego reino el silencio, al abrir los ojos estaba su padre parado frente a ella, como cuando tenía diez años, se abrazaron
-         Jamás quise heredarte esta maldición, una vez más me has salvado mi niña, siempre estaré a tu lado.- Le dijo su padre. Gótica lo abrazo muy fuerte, apretó sus parpados cuando abrió los ojos tenía un cuervo posado sobre su mano, la muerte cerró el portal del infierno, la luna se tornó blanca otra vez,
-         Tu padre será uno de los tantos cuervos que se posan sobre tu ventana, es libre ahora, no podía conservar una forma humana.- Le dijo la muerte.
Caminaron en silencio por el bosque del inframundo y junto al lago Gótica hecho a volar al cuervo y lo observaron hasta que desapareció,
- Antes que me olvide quiero agradecerte por escoger a mi padre para liberarlo.- Le dijo Gótica y besó la mejilla de la Muerte.
- Es un placer para mí complacerla mi estimada escritora del inframundo, mi ángel de la muerte, eres  preferida.- Le dijo la Muerte haciéndole una reverencia, y comenzó a alejarse
- Aprovecha los pocos instantes de recuerdos que ya están esfumando. – Le dijo desde una corta distancia la Muerte y se esfumó entre las sombras.
Gótica una vez en su casa, encendió una velas y se sentó a escribir cómodamente junto al ventanal, unos cuervos se posaron sobre su venta, su gato se recostó en su regazo, ella sonrió y comenzó a escribir ya sus recuerdos se habían esfumado.

                                   
“A veces deseo tomar mi pluma y acabar con él en dos líneas, pero no puedo, él me dio este don, esta nueva vida, no puedo usarlo en su contra, es extraña la gran variedad de sensaciones que la muerte despierta en mí. Ya no extraño quien fui, voy olvidando lentamente mis recuerdos humanos, las criaturas del inframundo me adoran, y yo a ellos, son mi nueva familia. No olviden cerrar las puertas con llave, revisar debajo de las camas, y dentro de los armarios, nunca te sientas solo en las noches de insomnio, siempre hay alguien visible o  invisible acompañándote.
 Ya no siento culpa por lo que hago, comencé a disfrutarlo, el mundo mortal comete los peores pecados, nosotros  nos alimentamos de ellos, enviamos almas al infierno, debemos hacer pecar a los mortales, que mejor que mi pluma para ello, por eso estoy dispuesta ahora a invitarte a mi mundo, bienvenido a mi mundo, donde la oscuridad y la luz se funden en sensaciones atenuadas, donde el bien y el mal se interceptan, donde la nostalgia reina, si te atreves a conocer el terror continua con tu lectura, soy una oscura mujer que se alimenta de los demonios que te incitan a errar, soy aquella que toma justicia con su pluma, la tinta con la que escribo es la sangre inocente que derramas, tu sangre, la tuya sola, soy quien bebe de las sombras, mis palabras son armas que apuntan a tu cabeza, a tu alma, ¿Acaso necesitas motivación?..



El Próximo Miércoles no dejes de leer el Capitulo 4 de Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos.
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¡Gracias por tu visita!



Les deseo unas eternas lunas



L.C.D




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