miércoles, 15 de febrero de 2017

Capitulo 3. Gótica "Ángeles de la Muerte"Una Novela escrita en relatos Góticos

Gótica

Mi cuarto esta ensombrecido por tu recuerdo, la soledad es atractiva y bella como el suicidio, como poemas de amor, todos los días nos suicidamos un poco, todos los días aprendemos un poco más sobre el silencio, todos los días dejamos llover la ausencia de aquella persona tan amada, todos días dejamos que la melancolía nos habite, todos los días de soles negros te siento, la oscuridad sobre la infancia, los ojos en el suelo, caminar con el luto interno por las calles, las lágrimas que gritan, este silencio que desgarra por dentro.

Las Tierras  Del  Silencio

  La noche nos envuelve en sensaciones atenuadas, la oscuridad en si misma se pierde, los recuerdos vagos me visitan por cortos instantes, como un suave soplo sobre mis parpados al cerrar los ojos, como una voz del pasado que susurra desde las tinieblas, en estas tierras del silencio,  siento que mi corazón se transforma en piedra, ya no hay versos que escribir, ni poemas de amor que desgarren el alma, sólo la luna oscura en un cielo estrellado, me despido de la luz, me quedo eternamente en esta oscuridad inmortal, donde descansan mis viejas heridas, a veces hay que hacerse fuerte a la fuerza, de que me sirve sentir dolor, angustia, ira, deseos de morir si no moriré, estoy perdida en la noche más bella, donde la melancolía reina, lo notó en los lamentos de las criaturas que viven en las sombras. A veces pienso en él felizmente, pero temo que ya no está en el mundo, la última vez que crucé el umbral que divide el inframundo del mundo de los seres humanos, habían pasado más de quince años, no me arrepiento de aceptar mi condena,  hice lo que debía hacer, cumplí con un error cometido por mi padre, juré obedecer a la muerte, no es tan terrible mi nueva vida, aquí todo es serenidad, terrorífica y tenebrosa tranquilidad, la muerte es vida para mí, cada persona que muere asesinada, o toma venganza es fortaleza para mí y alimento de la muerte, almas que se lleva para cumplir también con su trabajo, así funciona el inframundo, me alimento y me lleno de fuerzas escribiendo, él toma almas que entrega al infierno, dicho sea de paso, él es una muerte que trabaja para el infierno, pero depende de alguien también, cada cual cumple su rol.
Me levanto y estiro mis brazos, miro por la ventana, los cuervos vuelan buscando como matar el hambre, los murciélagos giran en círculo allá muy a lo alto, logran verse algunas extrañas criaturas que corren buscando asilo por las penumbras, observo mientras acaricio a mi gato, como el inframundo tiene su belleza, su cálida y negra belleza, la luna es tan perfecta, los árboles se ven tan torcidos que parecen lamentarse, sus ramas entre secas se enlazaron de tal forma que parecen seres cubriéndose para no ser heridos por un mundo que olvida la vieja magia, a veces hay que dejar llover la ausencia para liberarse de aquellos sentimientos que no sabemos porque nos asechan en los momentos menos esperados.
A veces, a menudo, despierto y grito tu nombre llamándote una vez más, aunque sé que no vendrás, cierro los ojos y te veo en mi vacío, siempre en guardia, siempre con aquella sonrisa dibujada en tu rostro, con aquel brillo de amor puro en tus ojos, acaricias mi rostro con las misma ansia contenida de siempre, me besas, y mi alma se abraza a tu sombra, así te veo, así te siento en mi piel, como una rama que florece después de la sequía, como el amanecer, como el despertar del tiempo, como el renacer de nuestra naturaleza marchita. Y entonces me di cuenta que nunca más volvería verte, tu iluminabas mis días de soles negros, no puedo soportarlo y me voy a dejar llevar por lo que soy ahora, por lo que me he convertido, para que mis heridas dejen de sangrar.
- Buenos días mi querida Gótica, dichosos son los ojos que la ven… ¡Ah!.. Perdón, debería decirle buenas noches, ¡oh! malas y oscuras y tétricas noches eternas…- Me dijo la muerte, su voz me quitó el buen ánimo.
- ¡Ya basta!..- Exclamé girando hacía él, que se sentó en mi silla.
- Que humor mi bella y oscura dama, vengo de visita y me trata así.- dijo la muerte. Caminé lentamente y con sensualidad, tomé sus hombros y comencé a darle fuertes masajes, - ¡estas tenso!.. – Le susurré a su oído muerto. La muerte dejó caer su cabeza muy lentamente hacia atrás, cerró los ojos por unos  segundos, luego se levantó de la silla con rapidez.
- ¿Para qué me has llamado?- Me preguntó la muerte distante.
- Acaso dije tu nombre, dije muerte te necesito ven a mí.- Contesté sonriendo.
- Estabas pensando en mí, y tu pensamiento era tal que podía escucharlo desde todos los círculos del infierno, supuse que me esperabas. – Dijo la Muerte.
- Bueno, confieso, ¡Sí!, es verdad te llamé, sé que si te necesito, apareces como uno de los diversos fantasmas que me rodean, como un alma perdida más... Quiero salir de la casa, quiero caminar por el inframundo, desde aquí se ve el lago, quiero respirar el aire nocturno…La última vez que salí, sé que cometí un grave error, pero juro que esta vez no voy atravesar el umbral, lo prometo.- Le dije a la muerte quien me miraba a los ojos, se acercó a mí, tomó mí mano con suavidad.
- ¡Bien!.. Lo sé, tranquila, no quiero que nos odiemos, nos necesitamos.- Me dijo al verme ansiosa y confusa, su voz se escuchaba tan tenue y dulce que me asombró.
- Jamás vas hablarme sobre tu vida anterior, ¿Quién fuiste antes de ser el ángel de la muerte?- le pregunté.
- Voy a confesarte algo, la verdad es que no sé quién fui, es como si hubiera nacido siendo la muerte del inframundo, cuando te conviertes en la muerte vas perdiendo lentamente tus recuerdos, a veces recuerdo algunas cosas pero son confusas, a veces tengo al igual que tú, imágenes distorsionadas en mí mente, recuerdos vagos que se esfuman, a ti  te va a pasar también, es el precio de estar en el inframundo, me asusta un poco saber quién fui… No debí decirte eso.- Dijo la muerte.
- Te entiendo, a veces hago algunas notas sobre sentimientos que me nacen sin saber de dónde vienen,  a veces recordar duele tanto en el alma que uno prefiere olvidar, quizás hay una parte en mí que aún  extraña ser humana, intentaré que nos llevemos bien. - Le dije sonriendo falsamente, él respondió de igual manera con aquella sonrisa macabra y desfigurada que lo caracteriza.
- Querida Helena, aquello que has visto, la vez que intentaste llegar a tu esposo, sólo fue una ilusión, creíste que te dejaría llegar a él, que me arriesgaría, sólo te dejé ver lo que necesitabas en ese momento de transición, no querías dejar tú humanidad, a todos les pasó, sabes que fueron almas gemelas, no podía dejar que lo encontraras, estabas dejando tú sensibilidad para ser una criatura más, todos pasamos por eso, tu estúpido editor te nombra tanto en las noches, que pretende tú cuerpo, que logrará llegar a ti en algún momento, no se da cuenta que ya no lo necesitabas, porque ya no eres de su mundo, que ahora tus historias son reales en el mundo de los mortales…Ahora ya puedes andar por donde quieras, no podrás salir del inframundo, sólo hay una manera de hacerlo pero aún es muy rápido para ti, todavía te falta un poco… ¡Sólo te aconsejo algo!..- dijo la Muerte y puso mi pluma en mí mano, unimos nuestras manos, luego entrelazamos nuestros dedos, fue un dulce y nefasto momento, romántico y abominable, sentí muy dentro mío que algo nos unía más allá del inframundo, más allá de la deuda de mi padre, fue una maldita y sentimental conexión, una añoranza me inundó, tocó mí duro corazón inmortal, él me llevó de la mano hasta las puertas de la casa, abrió lentamente.
- ¡Bienvenida al inframundo! mi bella dama, mi hermosa escritora, ya eres parte de nuestro mundo, estás lista, eres una de nosotros, ya formas una parte importante de este oscuro mundo, hay más como tú aquí, ya nadie podrá hacerte daño, estás preparada para convivir en el inframundo, disfruta tú nueva vida, vas a ir descubriendo cuál es tu destino real más allá de escribir para mí, si me necesitas ya sabes que hacer.- Me dijo la muerte soltando mí mano, noté una miraba de tristeza en su rostro, hacía tanto tiempo que estaba encerrada en la casa, mutando, que ya no recordaba lo que era sentir una sola lágrima rodar por mí mejilla, la muerte con su dedo índice me la quitó de mí pálido rostro humano, luego caminó hasta desaparecer en el bosque.
Mientras caminaba por el terreno infértil y rocoso del inframundo, una extraña cantidad de sensaciones me envolvieron, el aire era más limpio de lo que creía respirar en la casa, si levantaba la cabeza, por entre las ramas secas de los cientos de árboles que me rodeaban, podía ver a algunos demonios volar, me interné en el bosque, hallé a muchas extrañas criaturas, cada una de ellas con una historia propia de narrar, me di cuenta que estaba a mi manera feliz, que estaba en mi hogar, me hallaba en este mundo tan ajeno a mí otra vida y tan lejos del mundo de los vivos, era una criatura monstruosa más en el  extraordinario y espectral mundo de la noche, donde jamás salía el sol para nosotros, donde nadie juzgaba al otro, donde el tiempo corría tan lento que no se sentía, donde sería joven para siempre, donde podía alimentarme y saciar los designios de la muerte, comencé a correr como niña. El agua comenzó a sentirse bajos mis pies, mi gato empezó a beber de ella, grité, jugué con él, mojé mí rostro, me sentí viva y bien recibida por los que deambulan entre las penumbras de la noche, unas estrellas brillaban sobre mí cabeza, la creciente luna se reflejaba en el agua, los sonidos eran terroríficos, complacían mis nuevos sentidos que se despertaban, levanté mí cabeza al negro cielo repleto de estrellas, alcé mí mano, un cuervo se posó sobre ella, sonreí y lo eché a volar, estaba en mi hogar.
Me senté y apoyé mi espalda en un árbol, entendí que todo lo que estaba experimentando era real, era una nueva vida, este era mi hogar ahora, quizás el aire del inframundo me inundó el alma hasta curar mis viejas heridas del pasado, ya no tenía sentido pensar en quien había sido o porque habían sucedido todos estos hechos, sabía dentro de mí que los árboles y sus habitantes me acompañaban,  no estaba sola, sabía que me había conectado con ellos, con las fuerzas de quienes los habitan, con los elementos de la naturaleza. Caminar por el bosque era como caminar por un mundo misterioso, enigmático, lleno de vida a pesar de ser un lugar destinado a quienes acaban de morir en el plano humano, una vida especial, diferente, hasta podía adivinarse en las formas de las ramas, en el rumor del viento entre las hojas, que tenía un destino mejor, sin dolor físico ni espiritual,  cuando sentí esas presencias observándome, me dejé llevar para que mis emociones nuevas florecieran, estaba entre amigos y no había necesidad de fingir ni disimular lo que percibía, nadie más que ellos podrían entenderme mejor, ni estar más de mi parte que los habitantes del bosque encantado, hechizado, los bosques del inframundo,  me habían recibido como a una ellos, sentí una paz especial, una sensación de tranquilidad que no tenía antes de salir a conocer mi nuevo hogar, entonces me recosté sobre el tronco de aquel hermoso árbol y cerré los ojos, sentí su abrazo, y cómo su fuerza, su energía llegaba a todos los rincones de mi cuerpo y de mi mente, fue el momento exacto para comunicarme con los espíritus que  habitaban el inframundo, poco a poco encontré las señales, las respuestas que necesitaba, me quedé con mis ojos cerrados en conexión,  di las gracias, cuando abrí los ojos ya no recordaba que era lo que me tenía atormentada.
Decidida a volver a mi casa, oí una voz, era como el lamento de una mujer, giré varias veces, la trémula voz seguía escuchándose, seguí mis instintos, busqué entre los árboles, hasta hallar a una joven mujer que se estremecía de dolor mirando el lúgubre cielo, me acerqué cautelosa y con desconfianza hasta ella.
- ¿Quién eres?- Me preguntó.
- Me llamo Gótica y tú- Le respondí.
- Soy Elizabeth, la noche está más negra que nunca, ¿Sabes lo va a sucederme?- Me preguntó.
- Depende de ti.- Le dije.
- Hoy crucé el portal, es mi primera noche aquí, estaba en un cuarto oscuro, salí y comencé a correr, el miedo me vence siempre, soy muy temerosa, no puedo ni matar a un insecto, cambiar la realidad de alguien, escribir sobre personas que asesinan gente inocente, no es para mí, lo mío es la poesía, la vida, no la muerte estoy aquí  por amor a mi hijo.- Dijo Elizabeth.
- Por la mañana despertarás con la mente ordenada, sin miedo, con todo el valor que jamás tuviste, no me recordarás a no ser que desees recordarme ¿Quieres recordarme?- Pregunté.
-          Eres uno de ellos, mírate, aunque aparentas un rostro humano, quizás ya aceptaste esta especie de vida,  no puedo juzgarte por resignarte a una eternidad en este lugar, yo no merecía esta condena, mi hijo moría por un accidente domésticos, pero fue mi destino, amo a mi familia y por ellos me entregué a la muerte.- Dijo Elizabeth. Temblorosa, comenzó a escucharse muy cerca un bello canto.
-          ¿Las escuchas? oyes ese monstruoso canto, son las lamias disfrutando de mi desgracia.- Dijo Elizabeth y cubrió sus oídos, entonces tomé sus manos para ayudarla.
-          Ellas cantan para aliviar tu pena.- La abracé para tranquilizarla.
-          ¡Ven conmigo!, quiero que las veas, para que no sigas con este temor. - Le dije y caminamos hasta la orilla.
-          Míralas, son hermosas, déjate llevar por unos instantes por sus melodías.- Le dije, frente a nosotras a unos pocos metros, había tres lamias peinando sus lagos y dorados cabellos.
-          ¡Míralas bien! son criaturas malvadas que asesinan personas, ellas se alimentan de la sangre de sus víctimas, cantan para atraer  a los desdichados hasta este lugar y así devorarlos, son seductoras y hermosas pero sólo en apariencia, las acabo de ver devorar a un hombre hasta dejar solo huesos y corrí a esconderme, sus ojos son negros y sin brillo.- Dijo Elizabeth.
-          Ellas son como nosotras, somos criaturas del inframundo, nosotras también acabamos con vidas humanas, somos ángeles de la muerte, ¿por qué juzgar a las lamias? Ahora cantan para ti para aliviarte, lo que viste que ellas han hecho no es lo que harán contigo… Si te aferras a tu vida pasada solo quedaras perdidas para siempre.- Le dije.
-          Prefiero convertirme en polvo, o perder la cabeza que ser una criatura asesina. - Respondió Elizabeth.
-           Pero si te aferras a lo que fuiste en el otro plano las almas perdidas podrían destruirte o enloquecerte, sólo vuelve a tu morada y acepta tu destino, es lo único que puedo decirte es todo lo que sé.- Le dije a Elizabeth, ella me sonrió tristemente y comenzó a caminar muy despacio hasta alejarse de mí.

Regresé entonces a mi casa, encendí unas velas en el sótano, mi gato se posó sobre mi regazo como lo hace de costumbre mientras escribo, es mi fiel compañero, acaricié su cabeza, tomé mi cuaderno y leí lo que había escrito antes de salir…

Deberé de huir por oscuros senderos
hasta desvanecerme en las sombras,
Suplicaré a mis ancestros que me 
ayuden a olvidarte, a arrancarte de mí,
Aunque mi alma desnuda
Aún se atreve a amarte, pero sé
Que no me amas, ¡Tú no me amas! 
Tú sombra siempre está ausente
o camina bajo otro cielo.

Seguiré contemplado mi vida,
Desde las sombras,
Profesando a luna todos mis secretos,
maldiciéndote con todas mis
voces interiores.

Ya no necesito que me rescates de mi misma,
 estoy haciendo las pases con

Mis recuerdos y le pedí
una tregua a mis miedos.

Mi cuerpo cae, mi sonrisa se desfigura,
mis labios se enfrían,
mis manos tiemblan
mi mente se duerme
mañana será otro día
Para intentar olvidarte.



Arranqué la hoja, sonreí mientras quemaba esas palabras humanas con la llama de vela, ya no más, pensé, no me dejaré llevar por la poca humanidad que me queda, entonces tomé la pluma y comencé a escribir lo que la muerte espera de mí…




El Próximo Miércoles no dejes de leer el Capitulo 4 de Gótica “Ángeles de la Muerte” Una novela gótica romántica, escrita en relatos y cuentos.
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¡Gracias por tu visita!



Les deseo unas eternas lunas



L.C.D




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