miércoles, 8 de febrero de 2017

Capitulo 2 Gótica "Ángeles de la Muerte"


Capitulo 2


Los fantasmas del pasado me visitan cada noche, y mi sombra desnuda se aferra a la tuya…

“Las tierras de las sombras”

 Estoy perdida en el tiempo, mi reloj se detuvo cuando comencé a trabajar para la muerte, mi trascurrir en el inframundo es un destiempo insoportable, fue difícil dejar mi vida, aquella noche que tomé las plumas de mi padre y me marché bajo el camino de la luna por esas  lúgubres calles de mi pueblo, el viento traía el dulce sonido de los animales nocturnos a medida que me adentraba lenta y temerosa al bosque más oscuro que jamás hubiera imaginado, allí donde comienzas a  caminar en el reino de las sombras, no había remedio ni cura para mis males, recuerdo que mi esposo dormía cuando llegué a casa, entonces me incliné, le di el último beso de amor en los labios, luego seguí mi destino heredado por mi padre, me enclaustré en aquella antigua casa alejada de todo, muy profundo en el bosque, donde ni los más rudos leñadores se atreven a pasar, son las tierras del silencio, el sendero donde transita la misma muerte, el delgado velo entre la vida y la muerte, las tierras de la sombras.
La muerte cumplió con todo lo prometido, mi madre se curó, mi hermana y sus hijos tendrían una vida feliz, mis seres queridos no me recordarían, mis escritos darían vueltas por todo el mundo, y de esa forma sus historias de muerte cobrarían vida, así él tendría más almas, todo lo que escribo sucederá en alguna parte del mundo humano, quizás en distintos tiempos, era la condena que mi padre no pudo soportar, me heredó su don, su maldición; con el correr de los días debí encerrarme en el sótano, mis ojos me ardían constantemente, mi corazón humano comenzaba a morir lentamente, latía pausado, ¡Muy lento! Al poco tiempo de mi encierro me escapé entre las sombras de la noche, corrí llorando casi sin dirección guiada por la pálida luz de la luna que se colaba entre los árboles muertos,  mientras se oía casi como un cántico tenebroso los sonidos de los cuervos y búhos, y a lo lejos los lobos aullaban, al fin atravesé el umbral, o eso creí, entonces fui a visitar a mi esposo, añoraba los momentos que vivimos juntos, nos habíamos casado tan jóvenes, soñábamos con los hijos que íbamos a tener, me sentía desaparecer de este mundo sin él, lo amaba con cada parte de mi cuerpo y de mi triste alma de luto.
Me escondí bajo los sauces del jardín de nuestra casa,  todo se veía tan diferente, el aire se torno más  tibio, casi podía sentirme viva, me temblaban las manos, él no podía verme allí,  no me recordaba, sus recuerdos se habían esfumado como humo, ya tenía  nueva esposa, tenía dos hijos hermosos, hijos que deberían ser míos, la muerte había cumplido, él no tenía memoria sobre nuestro amor, fue la última vez que lloré, las lágrimas me caían desconsoladamente, todos los proyectos de mi vida se derrumbaron ante mis ojos, deseaba como nunca un abrazo de mi madre, pero no podían ver en lo que me convertí,  para mí sólo habían pasado unas semanas, pero me equivoque, corrieron muchos años sin que lo advirtiera. Salió al jardín, se encendió un cigarro, me quedé escondida contemplándolo, sentí un deseo casi incontrolable de salir de las penumbras  y colgarme de su cuello como solía hacer, para besarlo con todo el amor que me quema por dentro, salí lentamente en dirección a la calle, pero él logró verme, - ¡Disculpe!- Gritó. Seguí caminando, él comenzó a caminar para seguirme, sus pasos estaban cerca de los míos,
- Creo que la conozco, ¿Qué hacía usted en mi jardín señorita?- Gritó para que me detuviera, pero sabía que podía ser peligroso para ambos, estaba violando el pacto con la muerte, apresuré mi paso, cuando estábamos a media cuadra de distancia él gritó.
– ¿Helena Mendizábal Brand?.. ¡Cierto!..- Me quedé tiesa, ¿Cómo pudo recordarme? ¿Acaso nuestro amor era más fuerte que los designios de la muerte?-  giré, allí estaba mirándome confundido, nos miramos a los ojos, nos fuimos acercando lentamente, no fueron necesarias las palabras, el silencio gritó todo lo que las palabras callan, acaricié su rostro, estaba tan diferente, una lágrima rodó por su mejilla para morir en mi mano, él cerró sus ojos, me sentí como hacía mucho tiempo no me sentía, sentí de nuevo mi corazón latir dentro de mi pecho, pero en mi pecho sin brillo ya no entraba la vida de una enamorada, miles de recuerdos me asecharon, lloré en sus lágrimas, sé que lloraré toda esta noche mis últimos sollozos de amor, y así en el amanecer poder recobrar la fuerza del no amar, sufriré y soportaré cada lágrima que derrame esta interminable noche fría, cada palabra de amor escrita en mis lágrimas para ya nunca más volver a ser una niña enamorada, para poder cumplir con mi condena, deberé dejarlo ir, a veces hay que aprender a perder, a veces hay que dejar ir a quienes ya no nos pertenecen; hay que aprender a exorcizar los dolores del corazón, los recuerdos que nublan el futuro, debemos dejarlos olvidados, aunque estos vuelvan una y otra vez como fantasmas, mi sangre heredó esta maldición que me deja perdida en el tiempo, creí que la muerte terminaría con esta agonía, pero no, el pensamiento más exacto y la naturaleza más pura en mí no era más que el deseo de morir, pero me equivoque la muerte no era el final era este nuevo comienzo, sofocada y confusa, corrí tan rápido como pude hasta que él no logró alcanzarme.

Cuando regresé a la vieja casona, la muerte me esperaba en el sótano, tenía sus piernas sobre el escritorio fumaba un habano, me miró sonriendo.
- Mi hermosa Helena, mi fiel escritora, ¿pretendes acaso engañarme?, solo vas a empeorar las cosas, tu situación es casi lógica para mí, pero ese amor que te queda no me sirve de nada. - Me dijo la muerte con su sonrisa burlona.
- ¡Me has mentido! dijiste que él no me recordaría, que me borrarías definitivamente de sus recuerdos, sin embargo, mi esposo dijo mi nombre, se veía tan triste cuando me miró a los ojos. - Le grité desesperada a la muerte.
- Mi bella Helena, es lo que sucede cuando las almas son gemelas, no importa cuántas veces le borres los recuerdos, siempre se reconocen.- Dijo acariciando mi cabello, luego paso sus fríos labios sobre mi cuello,
- El murmullo de mi insomnio, es el eterno eco de todos mis recuerdos pasados.- Le dije confusa.
- Te resistes a dejar tu humanidad, escribe y esos susurros va a desaparecer- Exclamó la muerte. Caminó hasta el umbral de la puerta.
- No salgas más hasta que yo te deje salir, mi querida Helena, si amaste a tu esposo no vuelvas a intentar verlo, déjalo en el pasado, sabes que es contra las reglas, las que te impuse, tu estas cambiando, tienen una nueva y diferente existencia a la tuya, ahora eres Gótica ¡ah me olvidaba!, te traje a alguien que te va hacer compañía en tus noches de encierro, está en la caja junto al escritorio, necesitas darle amor a alguien verdad,  no puedo ser tan cruel contigo mi dama. - Dijo y se marchó.

Caí al suelo, puse mi cabeza sobre las rodillas, mi esposo era mi alma gemela, nada podía doler más que estar lejos de él, luego abrí la caja, era un gato negro recién nacido, lo puse en mi falda, lo acaricié, sus ojos parecían mirar dentro de los míos, miré la luna llena por mi ventana, la nostalgia me invadió por unos instantes, este dolor era el fin de mi vida humana, entonces tomé el tintero y la pluma y comencé a escribir:

Mis queridos lectores
  Ahora caminan junto a mí por las tierras de las sombras que no son  sombras, mis dedos se acalambran, mi piel empalidece, mi cabello está más negro que las noches sin luna, mis ojos se cristalizan, no siento hambre ni sueño, creo que me transformó en una extraña criatura de la noche que vive en estas melancólicas tierras del silencio, recuerdo a mi padre  escribiendo, acalambrado y delgado. Jamás entra el sol por mi ventana, este sótano está iluminado solo por velas ya que la luz me daña, el tiempo no transcurre, es tiempo que ya no es tiempo, voy mutando, convirtiéndome en un ser oscuro y frío, por mis venas pronto solo correrá tinta, mi mascota, aquel gato negro que la muerte me obsequió es mi confidente, él entra y sale de ambos mundos, empiezo a tomarle el gusto a los sonidos de la noche, comienzo a tomarle cariño a los seres que andan en el crepúsculo, son parte de mi nueva vida ahora, reconozco los distintos murmullos.
No sé por cuánto tiempo debo padecer esta agonía que me tiene cautiva sirviendo a la misma muerte, narrando sus historias, soy su esclava ahora, que puedo hacer, ya

es tarde para mí, qué más da, seguiré hasta que él decida que es mi hora, espero que llegue pronto, mientras intentaré tomarle el gusto a esta nueva vida, es más ya casi me gusta, mí piel esta fría siempre, no sé cuantos años pasaron tras el velo de la noche, sé que él me observa desde alguna parte, lo siento a veces respirar, él esta suelto deambulando por cualquier lugar y puedes encontrarlo, pone llave a tus puertas y reza por tus pecados, abraza mucho a tus seres amados, no olvides que una de mis historias puede ser la tuya, acá estoy para convertirla en tu realidad, el me llama Gótica,  es la forma de identificarme, es mi nuevo nombre, soy gótica, la dama de luto, una criatura más de la noche, aquella que dejó de ser humana para transformarse en inmortal, aquella que dejó de soñar para complacer y pagar un error del pasado, aquella que conoció a su alma gemela y debió abandonarla; ama la vida porque la muerte tarde o temprano irá por ti, estás en su lista, camina bajo la luz de la luna buscándote, soy una parte importante de las penumbras, lentamente fui perdiendo mi esencia humana la próxima vez ya no te advertiré eres dueño de tus actos, ahora solo soy una mujer fría que vive y redacta tus locuras, perdida en la noche eterna, en el inframundo donde se alimentan los ángeles y demonios de los seres humanos, aquellos que día a día se posan en tu hombro para incitarte a errar, solo narro tus miedos y ambiciones, llámame gótica, ese es mi nombre ahora y empieza agradarme”...





Ángeles de la Muerte

La creación”

 Lo único que puedo recordar de aquella trágica noche, es la mirada de la parca cuando me encontró en la oscuridad nuevamente, estaba llena de odio, parecía un demonio ardiendo de lujuria, tengo algunos recuerdos vagos y borrosos, recuerdos de aquel último ocaso, es más bien un tenue espejismo, en fin, estoy condenado por mis errores cometidos a estar en el inframundo, debo controlar a las criaturas de la noche, ellas no pueden atravesar el umbral que divide el mundo de los vivos, del reino de los espíritus, pero lo peor de todo es que tengo que enviar almas al infierno. Debí buscar la manera de hacer que los humanos cometan los peores errores, o como lo llaman ellos “Cometan pecados capitales” los asesinos, los pedófilos, los traficantes de drogas entre otros humanos, van directo al infierno, pero esas asquerosas almas no me alcanzaban, mientras más almas lleguen de mi mano al infierno, más poder tendré sobre las criaturas nocturnas, es muy difícil de controlar a tantos espíritus necesitados de luz, a tantos rastreros, muchos demonios quieren otra oportunidad y se escapan al mundo de los vivos, necesitaba mucha fuerza, entonces después de mucho tiempo al fin encontré la solución, no es bueno que alguien esté tan solo, porque tiene tiempo para pensar, para armar diferentes estrategias de muerte y  venganza, más aún alguien como yo perdido en el tiempo.
Llamé a la Parca, ella apareció como siempre, ahí estaba escondida en las sombras esperando que alguien pidiera su presencia, me besó como siempre brutalmente en mi boca, juró que la detestó, espero algún día tener la fuerza y el poder suficiente como para terminar con su  existencia, destrozarla en mil pedazos, hacerla pedazos miserables y arrojarla al infierno, pero aún soy débil, después de hacerle el amor otra vez más, ella estaba recostada mirando el cielo.
- Te confieso algo, eres mi debilidad, si tuviera el corazón vivo te amaría con locura enfermiza.- Me dijo tocando mis labios con la yema de su dedo índice.
- ¡Lo sé!.. Pero aunque tu corazón y el mío estén muertos, podemos sentir, porque aún está dentro nuestro, y el alma aunque este escondida en la oscuridad todavía está ahí esperándonos, por eso es la atracción que sientes, viene de aquí.- Le dije poniendo mi mano en su pecho, ella sonrió y después corrió mi mano, se sentó y se puso su parca.
- Pareces un adolescente, esas palabras ya las escuché alguna vez, no recuerdo en donde, ni quien las dijo pero a mí nadie me convence, lo que siento es simplemente lujuria, mi estimado ángel de la muerte, el amo de las tinieblas y tu presencia logran en mí eso, ¡Lujuria enfermiza!.- Dijo ella.
- Nunca me dirás tu nombre, debo decirte por tu nombre, aunque todos saben que eres la Muerte que gobierna todos los círculos.- Le dije.
- Dime Morgan, cuando tomó forma humana soy Morgan, tú no tienes recuerdos ni memoria, aunque algunos nombres y hechos los podrás recordar siempre.- Me dijo.
- Me gustaría saber más, ¿Cómo llegaste a gobernar?- Le pregunté.
- Soy esto hace tanto tiempo que sería casi como una historia sin fin, narrar mi existencia es casi imposible, los humanos creen que somos una invención, desde que comenzó la humanidad que tengo esta existencia.- Me dijo, se puso de pie, se vistió y volvió a sentarse, era tan hermosa, la observé por unos instantes, sentí la sangre correr fría por mis venas, cuando su mirada demoníaca se posó sobre mí.
- Dime algo más, quiero saber.- Le supliqué, ella brindó una pequeña sonrisa, su negra túnica y su largo cabello se mecía con el viento, rara veces el viento se torna tibio en estas heladas tierras y ahora lo sentía cálido sobre mi rostro.
- Quizás en algún momento descubras  quien soy, solo puedo decirte que sé lo que hacen cada uno de mis servidores.- Me respondió, unas hebras de hilo se desprendieron de su túnica y volaron por el aire, ella tomó una.
- Esta hebra fue tu vida humana, siempre la llevó conmigo, para recordarte.- Me dijo Morgan ensañándome una hebra de hilo dorado, luego la guardo.
- ¡Debo irme!- Exclamó ella.
- ¡Espera! Necesito pedirte un gran favor.- Le dije.
- Lo que desees, hoy estoy de buen humor.- Me respondió ella.
- Necesito pasar el umbral, es sólo por una noche, estaré en el mundo humano muy poco tiempo, ya me dijiste lo que me sucedería si me quedo ahí.- Le dije.
- Estas en el inframundo perdido en el tiempo, si te quedas en el mundo humano, envejecerás y  a los pocas hora te convertirás en polvo, yo te quiero así, intacto, joven y radiante. ¿Qué es lo que harás?- Me preguntó Morgan.
- Encontré la manera de enviar más almas al infierno.- Le contesté ansioso, ella se rió de mí.
- Provocaras un desastre natural o algo así-  Dijo ella riéndose de mí.
- ¡No! voy a crear un nueva especie de criatura inmortal, una nueva raza de criatura del inframundo.- Le dije sonriendo.
- ¿Qué serán? – Preguntó ella.
- Serán artistas, ellos son fáciles, aceptan rápido hacer un pacto, me di cuenta que el inframundo no tiene Ángeles de la muerte, no tengo esclavos.- Le expliqué.
- Tú eres el Ángel de la muerte del inframundo.- Dijo ella.
-  ¡Sí! Pero inframundo es el más poblado de almas, y tiene una gran variedad de seres, necesito ángeles bajo mi cargo, pactaran conmigo a cambio de fama, les haré dejar mensajes subliminales en sus escritos, y cada vez que alguien se suicide o asesine a otra persona por leer ese escrito el alma vendrá a mí para que la deposite en el infierno, y cuando sea hora de cobrar mi pacto, los traeré al inframundo, donde pueden seguir cumpliendo su rol, escribir sobre las almas equilibradas, agregarles a sus vidas humanas actos impuros de esta forma dejarían de estar en equilibrio y podría enviarlas al infierno, si la humanidad sigue así el inframundo nunca llegara a su propio equilibrio. Cuando las Moiras tejen el destino del humano que nace a veces quedan equilibradas, lo que te propongo es que mis ángeles de la muerte añadan a esa vida actos impuros para que dejen de estar en equilibrio.- Le expliqué mi plan muy ansioso.
- La verdad me sorprendiste, un artista pactará con contigo para tener fama, aunque en si será un engaño, tu quieres enviarlas al infierno,  después cuando sea su hora de pagar el pacto, los tendrás escribiendo aquí, en el inframundo, donde  sus historias serán sobre esas almas que les falta muy poco para irse al infierno, porque las hermanas ya decidieron la longitud de sus vidas ya escribieron sus destinos, que es lo que les corresponde, pero tú quieres reparar los errores de las Moiras, sobre ese destino, ¡Perfecto! eso puedo ofrecerte, eso sí, aquí serían muertes de rango bajo, esclavos. – Me dijo.
-Y luego su mutación final será a ángeles de la muerte y serán poderosos en el inframundo, para poder conservar el equilibrio de las criaturas.- Le dije.
- ¡Es brillante!, deberíamos probarlo con algún ser humano, si funciona ganaras más de lo que crees, - Me dijo Morgan.
- Serán mis esclavos…Por supuesto que los que no cumplan con el pacto los enviaré directo al infierno.- le respondí.
- Puedes salir entonces, veamos si funciona.- Me dijo ella y me dio las llaves del portal del inframundo. La besé y corrí al mundo humano en busca de personas que deseen pactar.

El mundo de los vivos se percibía tan enrarecido, hacía mucho tiempo que no sentía sobre mi rostro el viento humano, las calles empedradas y las voces humanas, ellos llaman noche a este centello luminoso sobre mí, hasta me causo gracia, si pienso seriamente en esto me provoca risa, caminé tanto, tanto en la noche, durante el día me escondía en algún viejo cementerio, no podía ver la luz del día, me atormentaba eso, y en las noches caminaba buscando donde poder enterrar mi guadaña. Debía apresurarme, ya mi piel comenzaba a secarse, debía de volver rápido al inframundo para volver a mi estado natural, hasta que al fin llegué a un pueblo chico, pensé que seguramente alguien estaría dispuesto a pactar conmigo, los dos artistas que había encontrado ya habían pactado antes con el amo de las tinieblas, entonces encontré una hermosa casa, una mujer escribía bajo la luz de la luna, me acerqué a ella, ocultando mi apariencia.
- ¡Buenas Noches señora! Tengo algo para obsequiarle.- Le dije.
- Disculpe debo entrar a mi casa es hora de la cena, lo que sea no me interesa, tengo todo, no necesito nada.-Respondió ella tajante y se marchó.
Aquella noche ingresé a su casa, no podían verme,  puedo moverme con rapidez por las sombras, en una sala un hombre esculpía, tenía varias esculturas terminadas, la señora se acercó a él y lo abrazó con ternura,
- ¡Ya está la cena! Limpia tus manos y ven a la mesa.- Le dijo.
- Elizabeth, pondré esta pieza sobre una fuente y voy a donarla a la plaza principal, él es  el padre y protector de todos los paganos, el espíritu del bosque. – Le dijo.
ella lo besó y salió de la sala, yo debía de conseguir esa misma noche un alma que pacte o mi plan estaría arruinado, entonces por esas casualidades  de la vida, el hijo de la mujer que escribía bajo la luz de la  luna, jugaba con la mascota, corría por toda la casa, hasta que sin darse cuenta atravesó una puerta de vidrio, se cortó las muñeca profundamente, la sangre comenzó a chorrear sin parar, la mujer corrió a socorrerlo, el niño se desmayó, aquella misma noche fue hospitalizado de urgencia, había perdido mucha sangre, los médicos le dijeron a la mujer que tenía muy pocas esperanzas, fue entonces cuando intervine, ella lloraba sentada en un banco en el patio del viejo hospital. Me acerqué lentamente.
-¡Disculpe señora!.. Creó que ahora si va escucharme.- Le dije con soberbia.
- Mi hijo se está muriendo, ¿Qué es lo que quiere de mí?-Preguntó ella.
- Simplemente salvar a su hijo, puedo salvar la vida de su hijo a cambio de algo muy simple, señora Elizabeth no tiene muchas opciones.- Le respondí.
- No sé como sabe usted mi nombre pero haría lo que fuera por la vida de mi hijo- Me respondió.
- Es simple la vida de su hijo a cambio de escribir para mí, usted simplemente escriba, en tres años vendré a buscarla para llevarla y así me paga.- Le dije.
- Pero como sé que no me está engañando -Me preguntó Elizabeth.  El médico apareció.
- Su hijo vivirá, creo que es un milagro, su esposo la espera en la habitación.- Le dijo, la mujer comenzó a llorar hondamente, me abrazó con dulzura, su abrazo me resulto familiar, hasta me provocó un poco de nostalgia, hacía mucho tiempo que nadie me abraza con tanto cariño humano.
- De acuerdo, lo esperaré señor.- Respondió ella y se marchó. Cerramos el pacto.
Cuando pasaron los tres años visité a Elizabeth para cobrar su deuda conmigo, era una noche de invierno, el frío azotaba las calles del pueblo, los árboles desnudos entrelazaban sus ramas en busca de abrigo, podía sentirse en la noche un aire que lograría entristecer al mundo entero, no sé aún porque me sentía un tanto confuso, seguramente era por atravesar el umbral, podía sentir algunas sensaciones atenuadas en mí, Morgan me había advertido que sólo contaba con una determinada cantidad de tiempo, puesto que si no me volvería polvo y  todos los recuerdos de mi vida humana me asecharían como viejos fantasmas sedientos de sangre, ¡mi sangre!, la que está contaminada con muerte. Me senté cómodamente a esperar a mi victima frente a su casa, ella salió a la calle, pudo sentir que la esperaba, esta mujer despertaba extraños sentimientos en mí, no de amor carnal, no de deseo por poseerla, más bien me hacía sentir un poco de tristeza, como si ella intentará iluminar mi lado más oscuro, como si intentara iluminarlo con su mirada de bondad, quizás me había equivocado al condenarla, quizás no debí forzarla a ser la primera en mi experimento por conseguir más almas, de todas formas ella debía morir, si yo no me la llevaba para darle vida eterna en el inframundo, otra muerte lo haría, puesto que en dos años más sería su hora señalada, la muerte cruel e inminente era su camino de todas formas, me consolé en esto. Salió de su casa, cruzó la vereda, me miró a los ojos con total dulzura.
- ¿Está preparada?- Le pregunté intentando evadir su mirada.
- ¡Sí!- Exclamó ella.- La guíe hasta el sendero por donde debía de caminar para cruzar al reino de los espíritus. La observé caminar hasta que se convirtió en una diminuta imagen que se confundía con el paisaje, respiré hondo y exhalé el aire, después de esto varios escritores comenzaron a llamarme en las noches sin luna para pactar conmigo.

Una noche en la que regresaba al inframundo después de un pacto, algo me perturbo bastante,  como una ráfaga de susurros que  me guío hacía la calle principal del pueblo, un perfume exótico que conseguía estremecer a mi alma negra, aquel aroma me hizo naufragar, me recordó a alguien que amé, o al menos creo que fue eso, aunque no sé quién sea. Caminé cada vez más rápido siguiendo mis instintos, el aroma se acentuaba en una esquina, más precisamente en una vieja casona antigua, era el aroma de un alma pura, dulce y fresca, no pude contener mis instintos asesinos e ingresé al patio de la casa, dos niñas jugaban a la rayuela, las observé por unos instantes hasta que una de ellas advirtió mi presencia.
- Está en propiedad privada. ¿Busca a alguien señor?- Dijo la más pequeña de las niñas.
- Soy un contratista, editor, busco artistas.- Le dije.
- Ha venido usted por mi padre entonces, él es escritor.- Me dijo la niña. La más grande corrió al interior de su casa.
- ¡Por supuesto!- Le respondí, ella sonreía tiernamente, fue entonces que su padre salió para recibirme.
- ¿En qué puedo servirlo señor?- Me preguntó.
- Vengo de tierras lejanas,  viajo buscando talentos nuevos, tengo una buena propuesta para hacerle.- Le dije extendiendo mi mano para saludarlo, el hombre me hizo pasar a su casa.













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Les deseo unas eternas lunas

L.C.D


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