miércoles, 1 de febrero de 2017

Capitulo 1 de Gótica “Ángeles de la Muerte” Una Novela escrita en relatos Góticos



 


Gótica
“Ángeles de la Muerte
Lucila Castro Díaz




Ahora caminas por el reino de las sombras y los senderos del silencio, ahora eres parte de este círculo sin tiempo donde reina el poder del fuego, todos somos esclavos de la muerte y del amor....






Esta noche ya nada importa, yo me suicido un poco cada día,  aprendí a vivir con las sombras y los fantasmas del  pasado, trazo con mis manos vacías, la tumba de mis pocos días felices, mientras mis lágrimas dibujan las líneas de tu silencio y el mío, no es que me seduzca el sabor de mis lágrimas, es que en ellas recuerdo que aún queda un rastro de sentimientos humanos dentro de mi oscuro corazón. Sé que no he nacido en la oscuridad, pero solo recuerdo estar siempre en las sombras, donde sanan las viejas heridas, para poder sobrevivir a mi misma me aferré a mis raíces tétricas y oscuras, lo mío es el tierno amor inagotable por el terror…
Gótica




Mis queridos lectores,  en el transcurso de las siguientes narraciones  les contaremos nuestra historia antes que el círculo vuelva a cerrarse,  como llegué a ser Gótica el ángel de la muerte,  los reto a leer las siguientes páginas, pero cuidado ustedes también pueden ser nuestras víctimas, antes de comenzar con la lectura, cierren todas la puertas y ventanas, y sobre todo no apaguen ni una sola luz,  o  nos darán la oportunidad  para contemplarlos, quizás al correr las páginas puedan oír a lo lejos nuestras risas burlonas, los gritos agonizantes de nuestras victimas,  o quizás simplemente el sonido metálico de nuestras guadañas al rozarlas por las paredes mientras caminamos a su alrededor, quizás te den escalofríos y tus cabellos se ericen,  después no digan que no les advertí; pero no teman tarde o temprano sus almas de todas formas nos pertenecen, todos los humanos son propiedad de los ángeles de la muerte, ahora caminas por el reino de las  sombras y los senderos del silencio, ahora eres parte de este círculo sin tiempo donde reina el poder del fuego, todos somos esclavos de la muerte....


Gótica
Capitulo I

Eran cerca de las veintitrés horas de un viernes del mes de junio, corría el año 1925, el invierno cubría con su manto de oscuridad al pueblo, y los árboles desnudos aguardaban ansiosos la llegada de la primavera, unos débiles rayos de sol acariciaban los rostros de los jóvenes amantes, sentados en cómodos sillones de hierro con cojines de terciopelo negro, ubicados en el balcón principal de la casa, unas negras nubes comenzaban a cubrir lentamente el cielo azul, Dana dejó descansar sobre la pequeña mesa el libro que leía, para poder servir té a su amado esposo, Abel recibió la taza con una dulce sonrisa, luego acarició suavemente la cara lozana de su esposa y por un instante sintió perderse en sus brillantes ojos, el amor en ellos estaba intacto a pesar de llevar varios años casados, ella se inclinó para darle un corto beso en los labios, aún no tenían hijos pero no perdían la esperanza, quizás la vida les regalara la grandeza que es la llegada de un bebé. Abel corrió la página del libro y continúo con la lectura, un cuervo abatiendo sus alas, chirrío cerca de ella, quien al ponerse de pie sintió un extraño dolor en su pecho, asustada gritó a su esposo, -¡Mi madre!
Él la sostuvo de sus blancas manos y la llevó al interior de la casa abrazándola, -¡Tranquila mi amor! Mañana iremos a verla. Le dijo mientras caminaban.
-¿Y si mañana es tarde?- Preguntó ella con los ojos sollozos…Miró hacía su costado izquierdo, donde se encontraba un viejo espejo de pie, y vio pasar la figura de un hombre vestido de negro, aquella imagen desapareció con rapidez, un viento feroz ingresó por el ventanal, haciendo caer las tazas de té, que acababan de  dejar sobre la mesa, aquel aire fuerte que anuncia la llegada de una extravagante tormenta,  Dana giró a su derecha y nuevamente le pareció ver la figura del hombre de negro pasearse como un fantasma, pero se desvanecía  rápidamente, un relámpago estalló iluminando la sala,  el candelabro en el techo se mecía con el viento, Abel miró hacía fuera, el aire estaba enrarecido, tanto que le pareció por unos segundos estar dentro de un sueño, los árboles crujían y se golpeaban unos con otros, el día se oscureció en plena tarde, eran las cinco PM, Helena apoyó sus manos sobre los hombros de su amado esposo, ambos miraban hacía el bosque cercano, los sonidos de la madre naturaleza los envolvía, los relámpagos estallaban en el cielo, Abel cerró las ventanas y corrió las cortinas.
-         Mi amor ¡tranquila!- Exclamó Abel al ver el preocupado rostro de su esposa, la abrazó y ella apoyó con delicadeza su cabeza en el pecho de su amado.


“El  Pacto”

Nací en el año 1890, fui bendecida con el nombre de Helena Mendizábal Brand, mi padre llegó al país en un barco de vapor, en el año 1876, y mi madre en 1878, hija de ingleses con una excelente posición económica, se conocieron a los diecisiete años, y se casaron en una hermosa catedral de Buenos Aires. Recuerdo que mi padre solía leernos a mi hermana y a mí cuentos de hadas antes de dormir, mi madre nos enseñó a leer y a escribir hasta que ingresamos a la escuela, mi vida era normal, con una familia de clase media, jugaba a la rayuela con mi hermana, y nos gustaba ir al río a pescar, pero el suicidio de mi padre cambio todo nuestro mundo familiar. Comencé a escribir después de intente suicidarme, escribía todas historias de terror, me internaba en los cementerios por horas, mis cuentos de terror eran buenos, aunque en estos tiempos es muy difícil para una mujer ganar espacio en el medio literario.
 Mi dulce madre no se merecía el dolor que le afligía, cuando murió mi padre ella sola se encargó de mi hermana y de mí; trabajó realmente duro por nosotras, al fallecer mi padre en mí cumpleaños, fue cuando comenzó mi fanatismo por las artes oscuras,  y en secreto leía libros paganos donde enseñaban acerca de viejos conjuros  y aprendí diferentes dialectos, así conocí los diferentes dioses y demonios que dominan los reinos, las viejas tradiciones y costumbres, fiestas y celebraciones paganas, me fascinaban, mi padre se suicidó a la hora de la cena,  lo encontré muerto en su estudio, me lo dijo mi madre, aunque no lo recuerdo ¡mejor así!, él era un reconocido escritor en el pueblo, empecé a fantasear con la muerte y las tinieblas, mi obsesión llegó a límites inesperados, solía quedarme observando la luna, le confesaba mis pesares,  intenté suicidarme inútilmente una tarde de verano, corte mis muñecas en la tina de baño, recuerdo que tomé la cuchilla de afeitar que era de mi padre, y me provoque varios cortes, la sangre fluía y el agua se tornó roja, no lloré, no me lamente por mi corta vida que se esfumaba lentamente, cerré los ojos para dejarme ir hacía el otro plano, había dejado una carta pidiéndole el perdón a mi querida madre, y suplicándole que rece un rosario por mi, por el descanso de mi atormentada alma, ella creía firmemente en Dios, yo prefería no creer en nada, entonces entre en un sueño donde caminaba por un sendero iluminado por la pálida luz de la luna,  a lo lejos se oía un cántico, los árboles entrelazados y desnudos daban un aspecto lugre al paisaje, pero ciertamente me sentí llevar por los susurros, fue cuando logre vislumbrar a lo lejos una figura, quería acercarme a ella pero mis pies no me dejaban moverme, mi cuerpo se entumeció, la figura comenzó a  caminar hacía mí, alzó el brazo para enseñarme su guadaña que brillaba, - “Helena No es tu hora aún falta poco…”- Me dijo una voz masculina, al tenerlo de frente supe que era un hombre, aunque su vestimenta no dejaba que viera su rostro, acarició mi rostro y sentí escalofríos, eso fue lo que me hizo sacudirme en el agua, mi hermana me sacaba de la tina y mi madre lloraba, fui hospitalizada y debieron hacerme algunos puntos de sutura, pasé todo el verano en un lugar de descanso, mi madre pensó que me estaba volviendo loca.

 Como cada noche escribía mis historias de horror; había algo diferente, como si el ambiente estuviera extraño, mis noches de insomnio solían ser de café y cigarrillos, la campana de la puerta intentó quitarme la inspiración; fui a ver quien llamaba a esa hora de la noche, era la empleada doméstica de mi hermana, mi madre víctima de una cruel enfermedad  estaba en sus últimos suspiros, pedía con urgencia mi presencia, subí corriendo las escaleras, cuando llegué a lo alto caminé con pasos lentos por el pasillo oscuro, ya que había escuchado unos pasos detrás de mí al correr, sentí pánico de dar media vuelta, se sentía como si alguien estuviera siguiéndome, entonces vi una imagen reflejada en la pequeña ventana al fondo del pasillo, eso me sobresalto lo suficiente como para dar unos pasos hacía atrás y lanzar al suelo un jarrón que rodó sobre la alfombra, cuando volví la mirada al vidrio la imagen ya no estaba, me arrodillé para juntar las flores amarillas que cayeron, suspiré para calmarme. Ingresé a la alcoba matrimonial, un relámpago estalló, iluminando a mi esposo que dormía plácidamente apenas cubierto con la sábana hasta su media espalda, me acerqué lentamente para no despertarlo, besé suavemente sus labios dormidos, él sonrió sin abrir sus ojos, acaricié su cabello, lo amaban inmensamente,  entonces me marché bajo un cielo tormentoso, su empleada domestica estaba demasiado alterada y pudo espérame, entonces de todas formas deje que Abel descansara y me marché. Caminaba por las lúgubres calles de mi pueblo, un viento frío sacudió mi cabello, me dio un terrible escalofrío, pensé en mi madre, fantaseé un poco con la idea de que quizás no pudo esperarme, entonces me apresuré, cuando en una esquina encontré a una persona,  - Creo conocerla señora ¿Es usted Helena?, ¡Sí! - Dijo dando largas pitadas a su cigarrillo.
- Discúlpeme tengo algo de prisa. - Le dije tajante, me asusté, él sabía mi nombre.
- Espere... Soy un viejo amigo de su padre, fui su editor me recuerda señorita – Dijo el hombre.
- Disculpe señor en otro momento, estoy realmente apurada. - Dije y apuré mi paso, el hombre se quedó allí en aquella lúgubre esquina.

Al llegar a mi destino, mi hermana me recibió  llorando,
- Entra a su cuarto, quiere verte.- Dijo limpiando su rostro con el pañuelo. Toqué su vientre.
- ¿Cómo esta el bebé? - Le pregunté
- ¡Bien! estamos bien, nuestra madre pidió verte. – Me respondió ella.
Entré con pasos mudos, la ventana de su cuarto estaba abierta, la cerré, la observé desde ahí, estaba tan delgada que apenas podía reconocerse,  mi madre se apagaba lentamente ante nuestros ojos sin que nada pudiéramos hacer por ella, en su rostro se notaba que ya había aceptado su muerte, dormía, besé su frente, ella abrió los ojos, me sonrió dulcemente como siempre, comencé a llorar como niña regañada sobre su pecho, ella acariciaba mi cabello,
- ¡Ya! tranquila... siempre voy a cuidarte y amarte. - Me dijo mi madre, me levanté y corrí a la calle, no pude soportar verla morir.
Me senté en la entrada de la casa, lloré hasta que ya no pude más, levanté la cabeza y en la vereda de enfrente estaba el hombre que me había cruzado en la esquina, este salió de las sombras y caminó hacía mí,
- Tu madre es una buena mujer, es una pena que muera esta noche. - dijo sonriendo.
- ¿Cómo sabe de mi madre enferma? - Pregunté asustada.
- ¡Que ironía! Escribes de mí - Dijo el hombre.
- ¿Quién eres?- Pregunté
- Una lástima que no me reconocieras... Tantos cuentos te inspiré y así me pagas... soy aquel que lleva las almas, el mensajero.- Dijo.
- ¿Cómo sabes de mis cuentos jamás los enseño? –  contesté.
- Tanto alabas a la oscuridad, tanto me representas y no me reconoces, ¿No crees que soy real?.. Puedo darte una prueba si lo deseas. – Me dijo desafiándome.
- ¿Eres la muerte? - Pregunté asustada
- ¡Sí!.. Tu padre, el señor Gonzalo Mendizábal jamás te hablo de mí. - Respondió la muerte.
- ¿Cómo murió mi padre? no logro recordarlo – le pregunté entonces él tocó mí frente con su dedo índice; de repente todo fue oscuridad y el silencio me sofocó el alma, pude sentir mi sombra retorcerse, grité, mi grito se volvió sobre si mismo.
Abrí los ojos y me sentí estar dentro de mis recuerdos, como si me hubiesen metido en mí inconsciente; era mi cumpleaños número diez, mi madre me pidió que le avisara a mi padre que estaba lista la cena, caminé por la casa y subí las escaleras buscando su estudio, se la pasaba durante días sin salir de allí, pero hoy lo haría ya que debíamos festejar en familia, todos juntos, abrí rápidamente la puerta, él escribía, estaba delgado y encorvado, me miró como si no me conociera, extrajo de su cajón una vieja pistola, me sonrió, me apuntó luego bajó el arma,
- Ya no puedo seguir ... perdóname hija quiero ser libre. – Dijo mi padre y se dio un tiro en la cabeza.
Grité con todas mis fuerzas, junto a la ventana hallé a un hombre vestido de negro, giró para mirarme,
- Ahora sigues tu niña, vas a escribir sobre mí como lo hacía él, es tu maldición... Cuando sea el tiempo nos volveremos a ver.- Dijo apuntándome con su guadaña.
Volví en mí, no recordaba la muerte de mi padre tan  claramente, asustada salté para incorporarme,
- ¡Sí!.. Te recuerdo, asesinaste a mi padre y ahora quieres a mi madre. - Grité
- No asesiné a nadie, tu padre era un frustrado escritor que pactó conmigo, yo le daría fama a cambio de escribir sobre mí,  dejar mensajes suicidas en su prosa, la gente ama leer cuentos de terror... lo que él escribía sucedía, yo le di ese don, gracias a él me conocieron... sigue escribiendo Helena…aunque este sea un pequeño y alejado pueblo, deseo cada una de estas almas... - dijo
- ¡Jamás!.. Romperé todos mis escritos... mi padre dio su vida, no comía, no dormía, se consumió lentamente. - Dije sollozante.
- Entonces voy a tener que llevarme a tu madre, y a tu hermana como pago de la deuda que dejó tu padre... el rompió nuestro pacto, el hijo que tendrá tu hermana, será quien escriba para mí, será el próximo en heredar el don que le obsequié a tu padre, tu hermana morirá en el parto, alguien tarde o temprano pagará, ¡ah...! Tu esposo, podría despertar ahora caer por las escaleras, romperse  su frágil  cuello, o mientras duerme le daré la bendición de la muerte súbita, ese es mi gran don, es así Helena, a ti te dejaré vivir para que sufras. – Dijo la muerte
- ¡No..! No me hagas esto. - dije rendida a sus pies
- No creas que eres la única, tengo músicos, actores y políticos trabajando para mí, soy capaz de hasta resucitar a un muerto únicamente por un alma más.- dijo la muerte
- ¿Qué será de mí? - Le pregunté.
- No me culpes, tu padre te dejó esta maldición, no debió suicidarse...yo le advertí que heredarías el don  que le di, tu padre escribía y con el transcurso del tiempo se transformaba en realidad, así funciona hermosa Helena Mendizábal Brand, para que pueda llevarme almas, no soy una muerte común, solo me llevo almas pecadoras, almas que cometieron los peores errores. Vas a encerrarte, dejarás todo, tus seres amados tendrán una vida hermosa te lo prometo... Eso si no me fallas, tu sobrino no heredará tu don, en cambio te vendrás conmigo, en tu claustro escribirás las historias que te vengan a la mente, sabrás que escribir, esta vez no puedo dejar que vivas en tu vida mortal a tu padre le di esa oportunidad y me fallo debo hacerte cruzar el umbral de la noche lo siento, para no intentes suicidarte, es tu vida o la de tus amados... Busca las plumas y el tintero de tu padre, mi hermosa dama te llamaré gótica, tu alma me pertenece hasta que te deje ir, nos volveremos a ver, siempre voy a estar entre las sombras. - Dijo y desapareció.
Sellamos el pacto, él dejará a mi madre sana como si el  cáncer jamás la hubiese tocado, a mi esposo le dará una vida feliz, borrará todo recuerdo de nuestro amor de su mente, lo hará olvidarme, borrará todos los bellos momentos de amor que vivimos, los doce años de felicidad, pacté para terminar con la deuda de mi padre y salvar a mi amor de la muerte. Cuando entré a la casa, mi hermana me abrazo llorando,
- Nuestra madre se sentó en la cama, dice sentirse mucho mejor.- Repetía
Entré al viejo cuarto de mi padre, tomé sus plumas, su tintero y alguna de sus cosas, me fui caminando muy lento bajo la delgada y escasa lluvia; ahora estoy aquí,  encerrada en mi sótano escribiendo, en esta vieja casona que él me dio, me preguntó ¿en que voy a convertirme?


Ángeles de la Muerte

La Iniciación

  Eran las cuatro de la madrugada, cuando salí ebrio de aquella sucia y oscura taberna, me caí en la esquina vencido por la borrachera junto a la plaza principal del pueblo, miré el viejo y amplio cielo con algunas estrellas centelleando, las advertí tan lejos y frías que me provocó nostalgia, la luna parecía enorme, redonda y perfecta, intenté sentarme y no lo logré, entonces me puse de costado comencé a vomitar a tal extremo que parecía que mí corazón vomitaba también junto con todos mis órganos, unos perros vagabundos comían basura junto a mí, luego oí voces desconocidas, intenté ver quien era pero comenzaron a golpearme pidiéndome el dinero que traía, la sangre que brotaba de mí nariz me estaba ahogando, fue entonces cuando escuché un fuerte grito;
- Dejen al señor muchachos.- dijo una voz extraña.
Luego la paz, pensé que había muerto por la golpiza, los hombres que me golpeaban huyeron despavoridos como si hubieran visto al diablo en persona, probé alzar la cabeza para ver a quien pertenecía aquella voz que salvo la vida, pero entre los golpes que había recibido y la borrachera mis ojos se nublaron, aquella voz tomó forma al acercarse a mí, era un hombre que me extendió la mano y dijo;
- Lo ayudo, no hay que andar a estas horas de la madrugada solo.-
- Gracias por ayudarme. – contesté. Me senté en uno de los bancos de la plaza, a descansar mi fatiga, llevaba varios noches casi sin dormir, solo bebiendo y apostando, tomé el pañuelo de mi bolsillo y limpié mi nariz, el hombre se sentó junto a mí, lo miré con detención al tenerlo tan cerca, me enseñó una pequeña sonrisa en nuestra de amistad, ¡Si que era extraño! su piel era tan blanca a tal punto que podían verse aún en la sombría noche unas venas hinchadas en su frente y mejillas, su cabello parecía de seda, lacio y brillando ante la pálida luz de la luna llena, caía en sus hombros y constantemente lo acomodaba detrás de sus orejas, sus ojos eran grandes y claros, parecían casi cristalinos, debo confesar, que su aspecto imponía un poco de temor,
- ¿Qué lleva a alguien joven como usted a refugiarse en el alcohol? – Me preguntó mirando el amplio cielo de una noche de estío.
- ¡La vida apesta! Es más fuerte que mi voluntad estimado amigo, me gustan las mujeres, el alcohol, la morfina es una buena opción y la delicia el opio si esta combinación le sumo las apuestas,  estoy hecho y feliz, he bebido con peligrosa intensidad los últimos seis años de los treinta y ocho que he cumplido, no tengo que trabajar puesto que soy único heredero de una gran fortuna, la cual estoy echando a la basura cada vez que juego en una mesa y busco encontrarle gusto a la vida, la noche es mí compañía. - Le contesté
- Hay que andar con cuidado en la noche, puedes encontrarte con personas indeseables.- Me dijo sonriendo macabramente.
- Lo que más quiero en esta vida es  jamás morir, nada logra asustarme, te va a resultar extraño si te digo que en muchas oportunidades intenté vender mí alma al diablo, pero para que ni el diablo me quiere, fui a ver en varias ocasiones a una gitana que me dijo moriría para renacer a otra vida – Le dije
- ¿Jamás amaste a una mujer? Es el peor de los castigos. – me dijo el hombre.
- ¡No jamás! Sabe algo estimado caballero, en ocasiones escribo poemas para intentar sanar mi alma intoxicada, me mantiene cerca de la única mujer buena que he conocido en esta miserable vida- exclamé
- ¿Y quién era esa dama?- Me preguntó.
- Mi madre. – Respondí con melancolía
- Es mi caso señor Abel, amo a la peor de las mujeres que deambulan en la noche. - Me dijo mirándome a los ojos.
- ¿Cómo sabe usted mi nombre?- Le pregunté asombrado
- No me temas, el miedo esta dentro suyo, aunque usted diga no sentir miedo, sino cual es la razón de su deseo de inmortalidad, su deseo vine de su miedo a morir, sé eso y mucho más, en tus 38 años no amo nunca a  nadie, eres ambicioso, te gusta herir, vives sólo en una mansión fría de paredes húmedas, tu madre abandonó a tu padre y el murió lentamente por pena de amor, ella era una poetiza , por eso te juraste jamás amar a ninguna mujer, te sientes tan solo que cubres tus necesidades con alcohol, cigarrillos, drogas y prostitutas, en realidad eres una persona frágil y temerosa, sufres mucho y le temes tanto a la muerte que por eso has buscado cientos de maneras de ser inmortal, y el dinero no compra la inmortalidad mi querido amigo. – Dijo el hombre cruzándose de piernas.
- ¿Quién eres?- ¿Quién te dijo todo eso de mí?- ¿Acaso al fin encontré al diablo? ¿Qué necesitas de mí?- Le pregunté ansioso casi se me quita la borrachera, sus palabras eran muy exactas.
- ¡Muchas preguntas! Mí nombre no importa, no sé como me llamo, cuando entras a este mundo oscuro ya no tienes nombre, lo olvidas, como olvidas toda tu vida, o simplemente deja de importarte porque ti existencia es eterna… Lo que puedo decirte es que fui contaminado con muerte, soy una muerte súbita más, un ángel  oscuro de los muchos que deambulan en el crepúsculo, un empleado más de la parca, somos muchos en distintas categorías, cada uno sabe a cual corresponde, ella te guía, te asigna tu lugar en la noche, una mujer me contaminó, me ha convertido en un ángel de la muerte, portador de la guadaña, cuando me siento tan vacío por dentro y mi pena es profunda, mi suspiro termina con la vida de alguien, a veces cuando camino por la noche y suspiro tan hondo como si liberara mi condena, alguien siempre muere, no importa la edad que tenga, por eso me llaman la muerte súbita. Morí y nací de nuevo entre penumbras, las sombras son mi refugio, cuando te vi supe que eras el indicado.- Me confesó la muerte súbita.
- ¿Indicado? Te confieso que me seduce ser una muerte, ser inmortal es mi mayor anhelo, hago lo que sea a cambio de serlo. Quiero invocar a la muerte para pactar con ella ¿Qué debo hacer?- Le pregunté sonriendo, al fin había encontrado lo que tanto busqué por años,
- Ella me pidió alguien para darle esta vida nocturna a cambio de dejarme libre, debo juntar una determinada cantidad de almas que quieran pactar y seré libre de esta condena, llevo tantas décadas que ya no lo deseo más, ella me dará una oportunidad, una nueva vida humana es lo que busco, eres el primero, muchas gracias por aceptar, vas a tener tu inmortalidad tan anhelada, solo tienes que internarte en el bosque donde la oscuridad es tan profunda que solo las criaturas de la noche la habitan, donde solo ellas pueden ver, y la encontraras esta noche, ¡buena suerte!, quizás nos crucemos nuevamente en la noche.- Dijo y extendió su mano.
 Tomé su mano con fuerza para aceptar su reto y volverme inmortal, luego se levantó y desapareció en la oscuridad.  Mojé mi rostro con el agua de la fuente, estaba fría, intentaba quitarme un poco la borrachera, estaba feliz porque al fin había hallado la manera perfecta de ser inmortal, de tener sexo con cuanta mujer quisiera, de ver más allá, dejaría de ser un simple y  frustrado humano, respiré profundo, recordé a mi padre muriendo de pena, a mi madre desapareciendo en una noche tormentosa. Toda mi vida no fue más que derrochar dinero, emborracharme y ser golpeado por provocar peleas callejeras, era mi gran oportunidad de ser alguien importante, dejar de ser un don nadie, es difícil vivir siendo nadie, solo, sin que nadie vea en ti algo interesante, sin aspiraciones y fracasando siempre en todo, entonces decidido afrontar mi destino me sumergí en el bosque buscando a la parca.

 La luz de la luna se filtraba por entre las ramas secas de aquellos árboles muertos del bosque, se escuchaban extraños sonidos noctámbulos, tenebrosos, más caminaba más me sumergía en la oscuridad, unos murciélagos volaban muy bajo, llegué a un punto que no lograba ver nada, seguí caminando igual, mí respiración se agitó, y levanté mis manos para no chocar con nada, pues la oscuridad era total,  el suelo se volvió rocoso, el viento se torno frío,  hasta que al fin vi un poco de luz, la encontré, la mujer era hermosa, estaba sentada en un tronco junto al agua que corría desde la montaña para bañar el  bosque, su rostro estaba cubierto por su cabello, tenía el vestido subido, podían verse aquellas finas piernas perfectas, me acerqué lentamente a ella,  al notar mi presencia corrió su cabello del rostro, me miró a los ojos, su mirada era tan penetrante que me provocó un poco de temor, diferencia del ángel de la muerte que me guío hasta encontrarla ella tenía los ojos amarillos,  fue como ver una hermosa ninfa, una encantadora hada oscura, tenía el rostro fresco, su cutis blanco, sus rasgos delicados, parecía de porcelana, cincelada por los dioses o demonios,  sus labios eran finos y pálidos, quedé completamente hechizado por ella, se levantó de aquel tronco, sonrió dulcemente, caminó con sensualidad hacía mí, serpenteaba sus caderas como nunca vi en ninguna mujer al caminar, seguramente no superaba los cuarenta años.
- Tu belleza es ideal para el trabajo que las muertes debemos cumplir, te daré la inmortalidad que tanto buscaste, una muerte súbita te guió hacia mí, hay leyes que cumplir, cada alma que me entregues te hará progresar, con el correr del tiempo, llegaras a estar entre mis favoritos, cada persona humana que sea tuya morirá al despuntar el alba no olvides eso, si deseas hacer el amor con una mujer humana ella morirá, no quedará contaminada como los hombres o mujeres que yo elijo para que sean mis ángeles de muerte,  solo morirá, podrás conservar tu vida, puesto que no hay nadie en ella, pero sólo por un tiempo, hasta que hallas mutado,  para las personas habrás muerto, sabes que solo podrás andar en la noche, no podrá darte ni un mínimo rayo de luz hasta que  te transformes por completo, lo que anhelan todas las muertes, pero pocas llegan, mientras más almas me entregues más te acercaras a una vida nueva, así funciona hasta que el día menos pensado podrás tener tu vida entre los vivos.- dijo la parca. Tomó mí rostro entre sus manos, me quedé sin palabras, me besó luego en los labios, dejó caer su vestido, desnuda ante mí acariciaba mí rostro, desabrochó mi camisa, dio un suave mordisco en mí pecho.
- Sé que serás mí preferido, pero ¡cuidado! no soy tan dulce como parezco, respeta siempre mí ley…Hay algo  en ti que me enloquece, no es tu virilidad, no es tu belleza, es tu esencia, tu alma, va a hacer por primera vez en mucho tiempo un honor para esta muerte poseerte, que me pertenezcas solo a mí, contagiarte con muerte, satisfacer mis oscuros deseos.- Me dijo mientras que me quitaba lentamente la camisa.

Hicimos el amor, sobre el musgo y las hojas secas, bajo los árboles,  mi cuerpo cobraba fuerza, una mezcla de sentimientos me atenuaban, los tenebrosos sonidos del crepúsculo, nos envolvían en la más completa y fascinante oscuridad de la noche, bajo la luna testigo de mi nueva vida,  luego sentí escalofríos, calambres estomacales, ella poso su mano sobre mis ojos y la paz inundó mi alma, ahora soy la muerte súbita y estoy ambicioso de saciar a mi creadora con las almas de los humanos.


Si te gusto el primer capitulo de mi novela, te pido que me regales un like y que compartas con tus amigos de facebook, tu comentario es muy importante para mí así que no te olvides de comentar. El primer relato de Gótica fue escrito cuando tenía casi 17 años, fue el primer relato que escribí, en 1997, esta novela fue publicada en papel en el 2009 y se re- edito en el 2015. En la columna del costado podes descargar gratis mis cuentos de terror en formato PDF. Gracias por tu visita, te deseo unas eternas lunas.

L.C.D




8 comentarios:

  1. Me ha encanta e intrigado;ya quiero leer lo que se viene. Excelente me habian comentado de tu libro,un abrazo afectuoso.sigue asi Lucila.

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  2. me esta gustando mucho,adoro la literatura gótica; y tu novela esta gustando mucho;llevándome a sentimientos desconocido. Un saludo querida Lucila.

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    1. Muchas Gracias! por tu comentario te deseo unas eternas lunas.

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  3. jaja me vine asegurar de que nadie escucho nada cuando se puso a leer, me dio miedo la advertencia, muy bueno

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    1. Gracias! por tu comentario te deseo unas eternas lunas.

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  4. Excelente Lucilla , me encanta Gotica .

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