sábado, 26 de marzo de 2016

5 Micro Cuentos y relatos de Terror. Por: L.C.D


Micro Cuentos y relatos de terror Extraídos de la revista de  "El Teatro del Silencio y de la Oscuridad" Show de terror.

Escritos por: Lucila Castro Diaz





“El hombre de la Bolsa

Carolina tenía quince años, solía escaparse todas las noches cerca de la 12 por la ventana de su habitación, para ir a encontrarse con su novio tres cuadras de su casa, dejaba la ventana abierta para poder regresar sin que advirtieran ningún ruido extraño, ingresó muy despacio a su habitación después de un encuentro romántico, se quitó los zapatos y camino con pasos mudos para comprobar que sus padres dormían desde el umbral de su cuarto, volvió a su habitación y se puso su camisón para al fin dormir, en su mente tenía un solo pensamiento y este era el recuerdo de aquel encuentro con su pareja, cerró los ojos sonriendo. Cuando escucho un extraño sonido que provenía del  closet,  entonces se incorporó en la cama, la puerta estaba abierta, intento observar pero todo estaba en penumbras, entonces escucho como si unos pies se arrastraran en el suelo y le pareció ver una sombra salir del armario, se lanzó a la cama y se cubrió la cabeza con la sabana, temblaba, sintió luego que alguien se sentó a los pies de su cama, alguien muy pesado y escuchaba una respiración agitada, levantaron la sabana a la altura de sus pies y algo peludo acaricio su pierna, entonces dio un terrible grito de terror y salió de un solo salto de la cama para correr desesperada a la habitación de sus padres, encendió la luz y estos dormían entonces ella les quito la sabana de encima y se encontró con los cuerpos totalmente desgarrados, no grito se quedo ahí tiesa dura del susto mirando la sangre que había salpicado hasta el techo, detrás suyo más precisamente en su nuca sintió una respiración agitada humedecer su cuello.




“La pianista”

Caía el ocaso, aquel anochecer se percibía distinto, quizás era por la neblina, o porque la luna estaba ausente en el cielo, Andrés se preparo una taza de café, se sentó junto a la ventana a leer, la casa se sentía tan silenciosa, sobre todo a esa hora del día, su difunta esposa había sido pianista y solía tocar largas piezas todos los días justo a las 8 pm , Andrés un año atrás había asesinado con arsénico a su mujer por dinero, ella misma se sirvió el veneno que estaba hábilmente mezclado en una azucarera de porcelana, la mujer endulzó su té de manzana y esa misma noche murió, jamás lo descubrieron y pensó salirse con la suya, el reloj marco las 8 pm y en la casa comenzó a oírse una bella melodía, aterrado al escucharla dejó caer la taza ya vacía, camino con pasos temblorosos hasta donde estaba el piano de su esposa, sus teclas sonaban solas, Andres comenzó a sentir fuertes dolores de estómago, sin darse cuenta había usado la misma azucarera que tenia arsénico en su interior, no comprendió como pudo sucederle esto ya que él la había arrojado a la basura un año atrás


“En la madrugada”

El timbre de la calle me despertó, miré el reloj en la pared, eran las 4 de la madrugada ¿Quién podría llamar a esta hora? Baje lentamente las escaleras, a esta edad tan entrada uno pierde un poco la movilidad, me dolían las rodillas desde hacia días, note que la puerta se sacudía un poco, ahora golpeaban con los puños desesperadamente, eso me asusto, entonces me pare junto a la puerta,
-         ¿Quién es? Pregunté
-         Abran por favor es urgente.-  Me respondió una voz  femenina, se presentía angustiada. No supe bien que hacer, seguramente era alguna mujer a la que perseguían o querían robar, la calle esta cada vez más peligrosa, pensé que si la dejaba entrar para que se resguardara podrían ingresar a mi casa también. Entonces intente llamar al 911 pero el teléfono no tenía línea, mientras tanto la voz del otro lado de la puerta repetía ahora gritando con desesperación – Abra señora, abra la puerta. Di vuelta la llave y exclamé, -¡Entre rápido!
Era una mujer joven de cabello largo, llevaba puesto lo que parecía un vestido de luto,
-         ¿Qué le ocurrió señorita? Le pregunté
-         Debo decirle algo muy importante Antonia. - Dijo ella con su rostro ya apacible.
-         ¿Cómo sabe usted mi nombre? No la conozco.- Le dije. La mujer sonrió, es que no se da cuenta, es su hora vine a buscarla, respondió ella, su risa inundó de terror el fondo de mi alma, entonces subí las escaleras mirándola de a ratos, cuando llegue a mi habitación vi mi cuerpo a un costado de la cama.

"En el Chat"


Eran las 3 am, de una noche de verano, llovía, las cortinas de su alcoba eran mecidas por el viento, con la luz del monitor como única compañía, Sara se dispuso a chatear con alguien puesto que se sentía sola, sus padres estaban de vacaciones, de repente alguien escribió en su Chat
- Hola Sara te sientes sola, puedo hacerte compañía...
la chica sonrió y respondió
- Si ¿Desde que lugar del mundo me escribes?
- Mira por tu ventana! Escribió él.
La chica aterrada se puso de pie, un relámpago estallo iluminando a un hombre parado frente a la ventana, en una mano tenia un teléfono celular y en la otra un cuchillo de caza, Sara Grito tan fuerte como pudo al verlo ingresar riéndose extrañamente.



“El último vagón”

Era una fría noche de invierno, sentado en el último vagón del tren a altas horas de la madrugada, leía para no dormirme, después de 48 horas trabajando en la guardia del hospital estaba exhausto, en la siguiente estación subió una chica, tenía un cuerpo perfecto, me miraba de reojo, parecía ser hermosa pero no lograba verle bien el rostro, quizás era un poco joven para mí, pasaron varias estaciones y nadie más subió al tren, la chica me sonrió, su cabello cubría la mitad de su rostro, entonces pensé ¿Porque perder una oportunidad de tener sexo? Después de todo ella me miraba, me sonría, me provocaba cruzando sus delgadas y arqueadas piernas cada tanto, seguramente esperaba que yo me acerque y entable una conversación, para terminar revolcados en mi lecho, ¡Sí! Pensé ella quiere un poco de diversión, me levante, y fui hasta ella, quien inclinó la cabeza como sintiendo vergüenza, - ¿Cuál es tu nombre? Le pregunté. Ella solo se reía en un tono muy bajo, como entre dientes, entonces me tomé el atrevimiento de correr su cabello para poder ver bien su hermoso rostro, sus ojos cristalinos se clavaron en los míos, dio un salto sobre mí echándome al suelo, le basto un solo golpe para dejarme inmóvil y así poder clavar sus colmillos en mi cuello.








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