domingo, 13 de diciembre de 2015

"Sangrienta Navidad" 3 Cuentos de terror de Navidad escritos por L.C.D




Un Cuento corto de terror “Navidad”

Valentina era una adolescente de 14 años, estaba ansiosa por abrir los regalos que yacían abajo del árbol de navidad, eran cerca de las 3 am, en su casa sus padres y su hermana tiffany de 3 años dormían placidamente después de celebrar la noche buena, Valentina no podía soportar hasta la mañana siguiente para abrir sus obsequios, entonces espero pacientemente a que todos se durmieran en la casa, bajo con sus pies desnudos lentamente la escalera, la casa estaba en penumbras, solo era iluminada por las luces intermitentes que decoraban el pino de plástico, todo estaba en completo silencio, hacían dos semanas que se habían mudado de casa, cuando llego a la chimenea notó que faltaban las galletas que habían dejado para santa claus y que el vaso con leche estaba vacío, esto la sorprendió bastante puesto que ya no creía en la existencia su existencia, pensó que seguramente su padre se las había comido para que ellas no sospecharan nada. La niña de hermosos rizos rubios y grandes ojos verdes miró a su alrededor al escuchar un estornudo, pero la escasa luz no la dejo ver, no le dio demasiada importancia a esto, solo quería acercarse tomar su regalo abrirlo y pasar la noche jugando con su nueva play station, la caja que llevaba su nombre era muy grande, eso la emocionaba más aún, a medida que se iba acercando las luces intermitentes la hacían sumergirse en el deseo incontrolable de tomar su regalo repente se oyó otra ves el estornudo pero más lejos, miró para lo alto de la escalera ya que pensó que quizás alguien se había despertado, pero nada, entonces al fin abrió su caja, sonrío dulcemente, su play estaba ahí impecable, con una colección completa de su juego preferido, mientras registraba toda la caja, oyó pasos fuertes como si alguien subiera o bajara las escaleras, entonces asustada, cerró la caja nuevamente e intento dejarla exactamente igual que su madre, subió las escaleras, observó a su hermana dormir y se acostó en su cama.
Por la mañana su madre las llamo desde abajo, Valentina dio un salto en la cama y corrió abajo, nadie había notado que ella había revisado todos los regalos, entonces su madre mientras preparaba el desayuno le dijo que podía ir a ver si santa había leído su carta y le había dejado el regalo prometido, luego le dijo que después de abrir su obsequio despertara a su hermana, Valentina corrió hasta el árbol de navidad, afuera el sol resplandecía, antes de abrir la gran caja notò unas huellas de barro cerca de su obsequio, una brisa acarició su rostro, detrás del árbol la ventana a la calle estaba abierta, cuando abrió su regalo se oyó el grito desgarrador de su madre,
-¿Donde esta Tiffany?


La niña miró el interior de la caja, donde yacía su hermana muerta en posición fetal, tenía un lazo en el cuello y una nota que decía “No debiste abrir los regalos”





¡Feliz Navidad Pequeña Matilde!

Como cada noche de lluvia , se levantó corriendo para colocar ollas bajo las goteras de su precario techo de chapa, el que drenaba por varias partes, Matilde era una mujer de veinte años humilde, su pueblo era chico, por ende el trabajo escaseaba, su padre era alcohólico y su madre se prostituía por dos pesos, ella no conseguía trabajo estable, debido a que no había podido terminar los estudios, toda su corta vida había sido limpiar casas ajenas, soportar las humillaciones de sus patronas y los acosos de sus empleadores. Hacía varias semanas que la habían echado de su último empleo, el hambre que estaba pasando la estaba enloqueciendo, ya no le quedaba nada ahorrado, las últimas monedas se las había gastado en ir a buscar a su padre que estaba tirado ebrio en las puertas de un bar de mala muerte.
Puso la pava sobre el fuego para prepararse un té, cuando ingresó su madre empapada.
- Esta lluvia espanta los clientes.- Le Dijo sacudiendo su cabello.
-  ¿Tienes algo de dinero?- Le preguntó Matilde.
- ¡No!, Ya estoy grande para esta vida que llevo, en este pueblo de mierda los tipos pagan poco, me dijeron que la señora Sara la dueña de la casona vieja, necesita una chica para que la cuide, en una de esas tienes suerte y te recibe en su casa.- Le dijo su madre, dando un sorbo al té que su hija le sirvió.
- Voy mañana temprano a verla entonces. - Respondió
Matilde alegre por la noticia.
La casona de la señora Sara, era la más antigua del pueblo, nada se sabía con exactitud de la anciana, solo que era poseedora una importantísima fortuna, muy pocos habían tenido oportunidad de ingresar a su casa, puesto que esta mujer era muy distante con la gente del pequeño pueblo. Matilde llegó después de mucho caminar, hasta las puertas de la casa, tocó a la puerta acomodándose el cabello detrás de las orejas y limpiando el sudor de su frente por el excesivo calor, fue la misma anciana quien atendió su llamado,
- Adelante señorita. - Le dijo Sara. Matilde ingresó, la casa era oscura y fría.
- Gracias a Dios que ya me mandaron a alguien que me ayude, ¿es usted del pueblo?- Preguntó la anciana
- ¡Sí!...- Exclamó Matilde en voz muy baja.
- Hábleme fuerte, tengo noventa y ocho años, y con los años uno pierde la audición.                                                        - Dijo Sara dejando su bastón y sentándose en un sillón. 
- Le ofrecería un té pero como ve apenas puedo caminar. - Le dijo mirándola.
- No se moleste señora, busco empleo, usted necesita a alguien que la cuide, soy la persona indicada, no tengo esposo ni hijos. - Dijo Matilde mirando el enorme anillo de la señora, el mismo era de oro y con un diamante negro, pensó que seguramente llevar puesto semejante anillo sería difícil por el tamaño de la piedra, se quedó hechizada ante aquella lujosísima alhaja, como si el anillo la hubiese llevado a un mundo perfecto, soñado e inalcanzable para ella, sintió el deseo de arrancarlo de su arrugado dedo, jamás había visto un diamante, sintió deseos de ser Sara, de tener  aquel hermoso anillo, se sumergió por unos instantes en la envidia y el odio.
- Notó que le e gusta mí anillo. - Dijo Sara. Matilde miró rápidamente hacia otro lado, los ojos verdes de la anciana eran amenazantes. –
- No sienta vergüenza, es una joya que viene desde hace muchos años en mi familia, fue de mi bisabuela, de mi abuela, hasta que al fin la heredé yo, pero lamentablemente no he tenido hijos a quien heredárselo, lo tengo reservado para alguien especial. Queda usted contratada señorita, deberá mudarse a mí casa, la necesito las veinticuatro horas. - Le dijo Sara. Matilde la besó en la mejilla por agradecimiento.

Con el correr de los meses, Matilde se convirtió en alguien imprescindible para la anciana, se encargaba de todo, la bañaba, le daba la comida las medicinas, la señora Sara llegó a quererla como a una hija, pero Matilde no la quería ni un poco, sentía odio por aquella elegante anciana, por tener tanta riqueza, solo pensaba en la manera de quitarle su preciado anillo, la obsesión con el anillo la estaba comenzando a cegar, hasta soñaba que lo llevaba puesto, soñaba que, la gente del pueblo la llamaba por el nombre de Sara, y despertaba con ansias de asesinarla pero se contenía, tenía que fingir ser buena y comprensiva, debía darle masajes, escuchar sus largos sermones, complacerla en todo. Se aproximaban las fiestas de navidad y año nuevo, era ocho de diciembre cuando Matilde armaba el árbol de navidad, Sara se acercó con pasos lentos,
-Tengo una buena noticia para darte, ven aquí siéntate a mi lado y dame unos masajes en los pies. –  Le dijo. Matilde, bajó de la escalera, puesto que el árbol que decoraba era de más de dos metros de alto, un poco cansada le quitó las medias finas a la mujer, y comenzó a masajear esos pies arrugados.
- Sabe una cosa, amo la navidad, de niña me asomaba a ver los árboles que armaban los vecinos, mis padres jamás me dieron un regalo de navidad, menos un árbol. - Dijo Matilde
- No te pongas mal pequeña Matilde, yo tengo un regalo para darte. - Le dijo Sara
- Gracias señora.- Respondió Matilde.
- Te cuento, hoy hablé con mi abogado, te dejaré toda mi fortuna, en especial mí anillo tan preciado, te lo mereces. - Dijo Sara sonriéndole.
Matilde no supo como reaccionar, se rasco la nuca.
- Pero… ¿Está usted segura? - Le preguntó
- Si niña, mi pequeña Matilde desde ahora tendrás todos los regalos de navidad que tanto anhelaste en tu infancia, por supuesto quien mejor que mi pequeña Matilde para cuidar de mi anillo, igualmente no me moriré sin pasar la navidad contigo. - Respondió Sara. Matilde la abrazó, luego siguió con su labor.
Matilde no logró dormir durante toda la semana que prosiguió, estuvo durante siete noches pensando en las  palabras de la anciana, para colmo Sara tenía diarrea y cada vez que se cagaba encima, la llamaba a gritos. Debía cambiar sus sabanas y bañarla, ya no la soportaba más, debía ser encantadora con la vieja, se había ganado su confianza, la mujer llegó a quererla tanto como para dejarle toda su fortuna, Matilde comenzó a planear la manera de deshacerse de la vieja para así convertirse en heredera de su fortuna, la ambición la estaba cegando, había un antes y un después en su vida desde que ingresó a la vieja casona, antes era una dulce señorita, ahora solo la ira y la ambición eran parte de su vida. Esperó que sea la hora de la medicina para su enfermedad intestinal, eran las tres de la madrugada, cuando ingresó a la habitación de Sara, un viento sacudía las cortinas y movía las ventanas, se aproximaba una tormenta, la observó dormir, miró con ansias su anillo, dejó caer el remedio sobre la alfombra, tomó un almohadón de plumas, lo colocó sobre su cara y comenzó a asfixiarla, la mujer no tubo la suficiente fuerza como para defenderse, cuando ésta se quedó tiesa, ella quitó la almohada de su rostro, suspiró, y le quitó el anillo, un relámpago estalló iluminándola mientras se ponía el anillo en su dedo anular, sonrió macabramente. Los médicos dijeron que murió de un infarto mientras dormía, fue velada en su casa, nadie más que su abogado asistió al velatorio, Matilde estaba feliz, al fin era la heredera de su fortuna y nadie sospechaba de su crimen, sus padres intentaron llegar a ella pero Matilde los hecho como a perros enfermos, había dejado de ser aquella chica de veinte años humilde  y honesta para trasformarse en una mujer fría y ambiciosa, su vida había dado un giro inesperado desde el día que atravesó el umbral de la vieja casona de Sara.
Faltaba un día para la noche buena, Matilde estaba recostada en la cama mirando el anillo en su dedo, el brillo del diamante se reflejaba en sus ojos marrones, sonreía como orate, cuando escuchó el grito de Sara, el que usaba para llamarla desde su habitación, aquel tono de voz como el chillido de un cerdo, se incorporó  rápidamente, era una noche de viernes, caminó lentamente por la casa en penumbras, ingresó a la habitación de la anciana pero nada, no había nadie allí, fue entonces cuando se miró al espejo, asustada y confundida se acercó a el, se vio como si fuera Sara, se tocó el rostro, apretó los ojos al abrirlos la imagen desapareció, creyó que sería por haber deseado tanto ser como Sara, distinguida, llena de lujos, mucho dinero y demás cosas materiales, tomó del escritorio una fotografía de Sara, la miró por unos instantes.
- Maldita vieja arpía.- Dijo y la explotó contra el piso.
La noche siguiente estaba brindando sola por la noche buena, cenaba un delicioso pavo que cocinó ella misma por miedo de contratar una empleada y que le pasara lo que a Sara, la asesinaran como ella lo hizo con su patrona, cuando comenzó a sentir su cuerpo muy agotado, sentía una extraña presión en sus manos, se miró, su piel estaba arrugada, como pudo llegó ante un espejo, Matilde estaba consumiéndose rápidamente, le costaba respirar, la agitación en su pecho la mareo cayó al suelo, se arrastró hasta el espejo, el cabello se lo volvió blanco, el rostro arrugado, se miraba horrorizada ante el espejo, como se convertía en anciana, cuando logró ver detrás de ella el espíritu de Sara a través del espejo.
- No deseabas ser como yo, tener mi anillo, mis riquezas, ahora estas en mi lugar Querida Matilde. - Dijo el espíritu de Sara
- No, por favor, no quise asesinarla. - Dijo Matilde sin dejar de ver el espejo
- Bien pero lo hiciste, me hiciste el favor de darme tu cuerpo, o que pensabas que te daría todo a cambio de  nada, el anillo me da la oportunidad de ir cambiando de cuerpo cuando el mío ya no me responde, tranquila, ya tomaras mi lugar en el infierno junto a todas las que me han asesinado por ambición, por traicionarme es hora de tomar tu cuerpo y ser joven y hermosa otra vez. - Le dijo Sara.
Matilde cerró los ojos, y al abrirse ya eran los ojos verdes de la señora Sara, quien se levantó del suelo, acomodó su cabello, respiró hondo, extendió su mano para contemplar el anillo único conductor para poder ingresar en cuerpos ajenos, exclamó al espejo luciendo joven y hermosa.- ¡Feliz Navidad Pequeña Matilde!



"Gracias por la cena de navidad"  

Abril arropaba a sus 4 niños, despues de haberles contado las típicas historias navideñas, los cuatro niños quedaron profundamente dormidos con sonrisas en sus pequeños rostros, entonces ella comenzó a hornear las galletas con formas de pinos y hombrecillos de chocolate  para obsequiarles a sus hijos en la mañana como parte de las tradiciones, fue cuando sacaba la ultima bandeja repleta del horno que escucho en el silencio de la noche extraños ruidos, era como si la ventana se golpeara con el viento, camino con pasos mudos sosteniendo el palo de amasar en alto por si debía defenderse de algún ladrón, en las épocas de fiestas siempre intentar robar en las casa, y los delincuentes pueden ingresar fácilmente por las ventanas entreabiertas o por los jardines traseros de las casa,  entre las penumbras y siendo apenas iluminada por las luces intermitentes del árbol familiar, Abril noto que aquel extraño sonido era provocado por la mascota familiar que rascaba la madera de la puerta para salir afuera, entonces abrió la puerta principal y lo dejo salir, luego volvió a la cocina para comenzar a decorar las galletas eran las 12 en punto, la navidad era su fiesta favorita le trai cientos de recuerdos de su infancia y hacia todo para que sus niños estuvieran felices, entonces miro el reloj en la pared eran las 2 am, algo la sobresalto, otra vez ruidos en la casa, como si alguien hubiera hecho caer algo sobre el piso de madera  de las habitaciones de arriba, no le dio gran importancia termino las dos ultimas galletas, nuevamente ruidos pero esta vez fue como si hubieran dado un portazo, subió las escaleras quizás alguno de los niños se había despertado, abrió la puerta del cuarto, pero nada los niños dormían, los observo desde el umbral de la puerta para no despertarlos, en ese preciso instante escucho la puerta principal abajo abrirse, entonces bajo las escaleras corriendo al recordar que había dejado la puerta sin llave al dejar salir al perro, cuando llego abajo vio a un hombre disfrazado de Santa Claus, era muy robusto su rostro estaba bañado en sangre, este la señalo y luego le sonrió, sobre sus hombros tenia una bolsa roja que drenaba sangre, Abril grito con todas sus fuerzas y el hombre desaparecio entre los los arboles se movía con mucha rapidez riéndose salvajemente, el terror la poseyó, tomo el telefono y marco el 911, intentaba explicarle a la operadora que un hombre había intentado ingresar a la casa, la mujer del otro lado del telefono le sugirió que pusiera llave en la puerta y que viera a los niños puesto que en estas fechas suelen secuestrarlos mas fácilmente, Abril volvió a correr hacia el cuarto de los niños y desesperada descubrió sus camas, los niños tenían el pecho abierto, les habían quitado sus corazones, y sus ojos sobre la mesa de luz había una nota escrita con sangre que decía, "Gracias por la cena  navideña"



 ¡Les deseo una feliz navidad!

L.C.D

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