domingo, 14 de septiembre de 2014

"Nunca hables con extraños" Cuentos de Terror de Gótica


Con el correr del tiempo comprendí el significado de aquellas palabras que mi madre solía decirme como consejo antes de irme a la escuela, recuerdo las palabras exactas –“Nunca hables con extraños” a lo cual le respondía con un si, sin prestarle atención, siempre fui el mejor en todo, en la escuela las maestras siempre me daban el rol protagónico en los actos escolares, por mi carisma, era un triunfador en todo lo que me proponía, pero fallé, me enamoré perdidamente de una extraña que me robo la luz, ella era el peor de los demonios que habitan en las sombras, una devoradora de esencia humana, me dejó totalmente vacío y oscuro, ante la mirada del otro, era como invisible ante la sociedad. Siempre fui el más apuesto, cualquier chica caía ante mi mirada de galán, pero jamás supe tratar a una mujer, las utilizaba, las desechaba una vez que lograba revolcarme con ellas, no creía en el matrimonio, en la pareja estable, me parecía una total perdida de tiempo, y  no quería hacer merecedora de eso a ninguna mujer, menos aún enjaularme en una relación donde reinarían los celos, por eso jamás me había enamorado hasta que la conocí a ella; nunca, jamás nadie me vería con una chica fea, cada señorita que tuvo una relación conmigo eran de las más bellas y deseadas del pueblo, pero aquella extraña mujer cambio el curso de mi vida, logro que me enamorara perdidamente, fue la excepción a la regla que me gobernaba, me enamoré como loco, perdidamente.
Aquella noche cumplía años mi mejor amigo de la infancia, me destine al bar donde nos reuníamos habitualmente, cuando estaba por ingresar me interpuse sin querer en el camino de una chica insulsa, y la lance al suelo, fue como si ella se hubiese atravesado a propósito, era fea, realmente fea, aunque se diga que la belleza va por dentro, esta muchacha era demasiado fea como para que alguien notara su presencia, era como invisible ante los ojos humanos, nadie más que yo parecía haberla visto puesto que no hubo ni un solo intento por ayudarla a levantarse del suelo, pasaba totalmente inadvertida, la observé por un rato, luego extendí mi mano para que ella se pusiera de pie, su mano era extremadamente blanca y delgada casi cadavérica, me provocó un terrible escalofrió al sentir su piel, entonces la solté de inmediato, ingrese al bar.

Después de varios tragos y una buena noche de festejos con amigos, me dirigía  a mi hogar, eran cerca de las 4 de la madrugada de un sábado, la ruta estaba oscura y yo un poco ebrio, entonces intentaba manejar con precaución, de repente golpee algo, eso me hizo pisar el freno, baje del vehiculo, había arrollado a un perro, me sentí realmente miserable por esto, observe todo a mi alrededor, hasta que note que alguien se acercaba en bicicleta, era una mujer,
- ¿Necesitas ayuda?- Me preguntó. La chica me ayudo a quitarlo del medio de la ruta, la sangre del animal chorreaba y me ensucie el pantalón,
- ¿No me recuerdas?- Me preguntó, la observe detenidamente.
-¡Sí!..Disculpa no fue mi intención lanzarte al suelo en las puertas del bar.- Le dije, era la chica fea que se interpuso en mi camino,
- No hay problema, estoy bien, suele sucederme soy invisible creo, ya hasta estoy acostumbrada. Me llamo Luna, ¿y tu?-Preguntó con una tenue voz.
- Soy Luís. Gracias por tu ayuda.- Le dije despidiéndola
- ¿Me puedes llevar hasta la Avenida principal?- Me preguntó. No pude negarme, había algo extraño en ella que me atraía, a pesar que no era bonita, más bien todo lo contrario, tenía el cabello corto, opaco y oscuro, era demasiado flaca, Luna era insulsa, tenía manchas en su piel, no era como las mujeres que solían estar conmigo, era muy pálida, su rostro pequeño y sus labios finos, hablaba con un tono de voz tenue, como tímida, su vestimenta intentaba invitar a la imaginación, con su larga falda estilo monja, y su camisa holgada, no me gustaba su presencia ni un poco, si se sonreía podían verse sus amarillentos y grandes dientes, pero Luna tenia algo que nadie notaba, porque toda ella era un don nadie, algo que me dejo maravillado, sumergido en el encanto, y eran sus ojos, unos enormes y rasgados ojos color violeta, jamás en mi vida había visto a alguien con aquel hermoso color de ojos, aquellos ojos me impactaron, eran perfectos, sublimes, su mirada expresaba todo lo que su apariencia no decía, no logre notar este hermoso detalle en ella, hasta que subió a mi automóvil, y la tuve cerca de mi rostro, fue que al sentarse corrió el cabello que llevaba hacia un costado, lo corrió con elegancia dejando al descubierto sus bellos ojos color violeta, sentí perderme en ellos, me quedé hechizado mirándola, ella me sonrió con sus finos labios mostrando con aquella mueca sus grande y amarillentos dientes, entonces aún no sé porque tomé el valor y la invite a mi casa, en mi largo prontuario de relaciones sexuales jamás había llevado a nadie a mi casa, pero a Luna la llevé sin pensarlo. Cuando llegamos a mi casa, antes que yo encendiera la luz, ella me suplico con vergüenza que cubriera los espejos, me dio un poco de pena, se sentía tan fea e inferior a mí que no soportaba ver su triste realidad, eso fue lo que me dijo, hicimos el amor durante horas, primero dulcemente con algo de timidez de su parte, luego al hacerla mía por tercera vez la frecuencia iba subiendo y empezó a soltarse de tal manera que comenzó a enseñarme su lado más salvaje y oscuro, era toda una experta en la materia sexual.
Por la mañana siguiente se veía completamente diferente, como si las manchas en su rostro se hubieran esfumado, su piel parecía haberse hidratado, hasta me agradó, era todo muy extraño, sentía sed constantemente, desesperación por poseerla, no salíamos de la casa, con el correr de los días, cinco días,  ella en cada amanecer se veía más y más bella, su cabello ahora estaba brillante y sedoso, ya no se notaba grasiento y aplastado, su piel estaba suave ya no era seca y dura, era suave como la de los ángeles, me enamoré perdidamente de Luna. A los siete días de estar encerrados en la oscuridad de mi cuarto, Luna ya era perfecta, y yo ya no me imaginaba la vida sin ella, éramos el uno para el otro, habíamos cenado en casa a la luz de la luna llena, conversado por horas, nos habíamos entregado en cuerpo y alma, fueron siete noches de amor perfecto, donde logre enamorarme por primera vez, ella estaba distinta en todos los aspectos, se notaba segura de si misma, bella, fuerte, una mujer perfecta como las que siempre tuve, solo que a ella me enamoro como loco. Pero lamentablemente para mí la perfección dura poco, la magia del amor se terminó, la séptima noche jamás la olvidare en toda mi vida, ya no había ni un mínimo rastro de fealdad en Luna, cualquier hombre mataría por ella, me levanté de la cama al verla vestirse,
- ¿A dónde vas?- Le preguntè asustado.
- Al siguiente pueblo quizás, o donde me lleve el camino de la siguiente luna, la luna llena ya pasó, ya no queda nada en ti que me sirva.- Me dijo con su sensual voz y me beso en la frente. Comencé a suplicarle que no me dejara que la amaba, que me suicidaría. Ella solo tomó su bicicleta y se marcho.
Enloquecido me vestí para salir corriendo tras ella, la ropa se me caía, me sentía extraño, como temeroso e inseguro de salir a la calle, pero igual lo hice, me sentía estar dentro de una pesadilla, fui al bar a ver si ella estaba allí, la gente se tropezaba conmigo como si yo fuera invisible, sentía mucho miedo al ver a las personas, ingresé al bar, mis amigos bebían unos tragos, pase por al lado de ellos pero no advirtieron mi presencia, entonces la sofocación del pánico me atormento, entre al baño, me moje el rostro, y el espejo me revelo mi terrible verdad, Luna me había robado mi belleza, se había devorado mi esencia humana, Luna me convirtió en un don nadie, mi piel estaba manchada, mi rostro demacrado, el miedo era el único sentimiento vivo en mi, ella me había arrebatado todo, por eso ella mejoraba y yo empeoraba, Luna era lo que llaman una bruja, en siete días y siete noches de luna llena ella se alimento con mi alma, hasta que terminó quitándomela, me hechizo con su mirada que no era humana, dejándome vacío e insulso, transformándome en un ser invisible, sin gracia que deberá vivir en las sombras por miedo, mi alma esta en sus manos al igual que mi corazón porque la amo con locura, jamás volví a verla, todavía sueño con ella, todavía tengo latente en mi su dulce y profunda mirada que me convirtió en prisionero,  dejándome completamente hechizado hasta el limite de haberle entregado mi propia alma.




2 comentarios:

  1. gracias por compartir , me gusta mucho tu estilo y la difusión que haces.

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