miércoles, 5 de febrero de 2014

"Los Poseídos" Relatos poéticos de terror de Gótica


Los Poseídos



Como  iba  a  evitar  el  pensamiento  cuando  mi  inconsciente  era  más
rápido que el respirar, más aún que el latido de mi infausto corazón,
cansado  de  tantos  enigmas,  me  dirigí  al  fin  al  sótano  de  mi  casa.
Café,  cigarrillos  negros,  sentarte  a  comer  un  delicioso  plato  de
comida  y  el  estómago  se  te  da  vuelta,  mis pensamientos seguían  aún  más rápidos  que  el  parpadear  de  mis  ojos  temerosos,  debía  descubrir  la  verdad que me afligía en el alma, y, todo se revelaba  en un estúpido golpe que dejó mi  cerebro hirviendo  en aceite,  aleteando  como  un pájaro  mojado huyendo de una  tormenta  que va a  derribarlo  en cualquier momento.
 Así fue  como empezó  mi  condena,  la  interminable  pesadilla  de  la  cual  no  lograba despertar, cautivo del destino que terminaba una vez más conmigo, preso de una  realidad  muy  ajena  a  mi  voluntad;  después  de  toda  tormenta  llega la calma  decía  mi  dulce  abuela;  pero  en  este  caso  navegaba  contra  viento  y marea, nadaba en un profundo mar negro.  
Así de la manera más tonta hace 20 años, comenzó esta escalofriante historia, resbalé y di mí  cabeza  contra  el  filo  de  una  mesa  quedando  inconsciente  por  unos minutos,  dejando  mí  cuerpo indefenso a  lo demoníaco,  ese fue  el inicio  de una nueva y detestable vida, un despertar hacia un mundo desconocido. Al abrir  los  ojos  después  de  mi  inconciencia  empecé  a  escuchar  voces desconocidas  dentro  de  mí,  gritos  de  dolor,  luego  sentía  mi  estómago desgarrarse, después la calma, como si expulsara  demonios de mi alma, no comprendía  que  me  pasaba,  pero  venían  a   cada  noche,  despertaba sediento  y  sucio  cada  mañana.  Se  apoderaban  de  mí,  obligándome  hacer cosas indeseables, mi amada se asustaba al verme retorcido en mi cama con los ojos duros fuera de mí mismo; descubrí que era una especie de imán para el infierno,  que mi accidente con el filo de la mesa abrió un portal tenebroso en   mente,  me  poseían  todas  las  noches  diversos  demonios,  ansiosos  de sangre, de vicios que no tengo. 
No quería caer en la realidad hasta que mi amada Laura me dijo que bajara
al sótano, y me relató la  triste verdad de lo que hacia; me acostaba en mi
cama y al cerrar los ojos otros se abrían, hacia un tiempo que ella sabia mi realidad, entonces los demonios le pedían sangre, Laura salía a la calle y traía a personas desconocidas  a  mi  sótano,  allí  abajo  me  lanzaba  como  bestia  sobre  ellos, devoraba  sus  corazones,  luego  sin  estar  satisfecho  jugaba  con  ellos haciéndoles cortes en sus cuerpos; al bajar para encontrarme con la verdad hallé quince muertos,  personas totalmente secas como pasas de uva, estaba alimentando  al  mismo  infierno  con  mis  salidas  nocturnas,  no  tenía conciencia de lo que sucedía cada noche, cuando despertaba en la mañana el demonio  dejaba   cuerpo,  por  eso  los  dolores  de  estómago,  la  ansiedad, síndrome vertiginoso decía mi médico, ¡que gracioso!
 Mi esposa había quitado todo tipo de figura religiosa de mi casa, para evitar que ellos se enojaran, jamás me dijo nada sobre mis posesiones, solo obedecía a los demonios para que no me mataran, yo eran un ferviente admirador de la iglesia, antes que me sucediera esto, cuando supe mi terrible realidad, me enoje con mi amada y le dije que terminaría con mi vida antes que seguir enredado en esta cadena de asesinatos. Tapié  la  ventana  de  mi  cuarto,  Laura  no  estaba  de  acuerdo  pero  yo, temía herirla,  quité  todos  los  muebles,  paré la  cama  contra  la  puerta,  me amarré con cadenas, mi esposa oía los gritos de ultratumba que salían por la noche de mi cuarto, los demonios comenzaron a descargarse conmigo por no dejar que ella los alimentara, a la mañana Laura curaba mis heridas, los demonios me  ocasionaban  mucho  daño,  quemaduras,  cortadas,  latigazos  en  mi espalda, mi cuerpo estaba extremadamente delgado y mutilado, era en vano seguir con este martirio, intenté suicidarme pero Laura no me dejó, trataron de  exorcizarme  pero  fue  inútil, era peor, ellos más se aferraban a y más retorcían mi cuerpo y mi alma en el infierno, más  inocentes  morían, los exorcistas no lograban nada, dos  sacerdotes,  un curandero, una bruja que se suicidó enfrente  de mí. Pero todo al fin  termina,  mi  dulce  Laura    curando  mis  heridas  logró  escucharme  entre tantas voces de demonios - Mátame amor, solo así seré libre. - Le dije.
Ella  lloraba  repitiendo  que  no  lo  haría,  jamás  podría  matarme,  pero  muy dentro  suyo  sabía  que  ya  no  era  dueño  de  mis  actos,  de  mi  cuerpo,  y  que lograría estar así por muchos años, ya no era el hombre que amo, aquel que la  amo  con  locura,  había  muerto  en  aquel  maldito  y  estúpido  golpe.  Los demonios rompieron las cadenas, Pude sostenerlos por poco tiempo, le pedí a Laura  que  me  clavara  la  navaja  y  terminara  con  la  tortura,  le  dije  que siempre iba amarla, 

-  ¡Te  amo!..Luego grito con todas sus fuerzas, - Vengan a mí y déjenlo vivir. Laura hizo el más hermoso  acto  de  amor  que  alguien  puede  hacer,  me  liberó  de  los demonios que torturaban mi cuerpo y mi alma. Pero fui estúpido otra vez, dicen que después de un shok traumático, se abren las puertas de la mente, se puede tener contacto con ambos mundos, ahora Laura lucha contra sus demonios, ahora ella  es  víctima  del  infierno,  y  yo, debo alimentar a todos sus demonios.

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