lunes, 31 de diciembre de 2012

Un cuento de terror de Gótica "La Viuda Negra"






La Viuda Negra

Las huellas de sangre dibujaban las plantas de sus pies sobre aquel piso, subió las escaleras lentamente, estaba tranquila como nunca antes en su vida, había hecho lo correcto, abrió el grifo del baño, se miró por largos minutos en el espejo, entendió que con lavar su rostro no sería suficiente, entonces llenó la tina de baño, sumergió su cabeza apretando los ojos, jamás volvería a molestarla, cansada de la rutina de una vida ligada al sufrimiento y al trabajo, esta vez halló la manera para tomar justicia con sus propias manos. Sandra salió de su largo baño de inmersión, se vistió, fumó luego un cigarrillo mirando las grandes bolsas negras en las cuales había puesto las extremidades, sonrió pensando en que al fin dejaría de atormentarla con sus amenazas vulgares y bajas, tiró la colilla del cigarrillo por la ventana, fue a la cocina se puso unos guantes de goma y comenzó a limpiar toda la casa,  después colocó las bolsas negras en el baúl de su automóvil, las mismas estaban llenas con los restos de aquella mujer que mató el amor que sentía por su amado esposo. Santiago le  jurado amor eterno ante la luna más perfecta jamás vista en su vida, ella lo amo con perfecta confianza hasta que su infidelidad la dejó sumergida en la depresión, pero no se quedaría llorando como cualquier persona comúnmente lo hace, Sandra descuartizó sutilmente a su amante,  no sentía ni un mínimo dolor ni pena por asesinarla, ni un poco de culpa, más bien estaba satisfecha y feliz, como si se hubiese sacado una mochila pesada de culpas, culpa que en esos últimos días no la habían dejado dormir, fue como borrar años de sumisión, de miedo, pero ahora un nuevo horizonte la esperaba, ya no era más una mujer sumisa ahora sólo la ira la dominaría.

Aquella mañana fue tan distinta a las otras, Sandra lo despertó dándole pequeños besos en el cuello, llevaban diez años de matrimonio, ella sufría de constantes depresiones debido a la perdida de sus embarazos, habían probado varias veces convertirse en padres, pero Sangra perdió todos los embarazos a los seis meses, ya no volverían a intentarlo, nunca más, esto la tenía en constantes depresiones, dormía mucho y comía muy poco, casi no salía a la calle, y casi nunca poseía deseos sexuales, pero aquella mágica mañana, Santiago y su esposa hicieron el amor como hacia años que no lo hacían, dulce y románticamente, despertó en ella un sentimiento de seguir adelante con su vida, la sintió de nuevo como aquella adolescente de la cual se había enamorado profundamente, la observaba mientras que ella se duchaba cantando, la notó tan feliz que la culpa de estar engañándola con la clienta de la inmobiliaria lo atosigó, la culpa lo atormentó, que haría si ella se enteraba, no quería perderla, ni tampoco dejarla caer nuevamente en la depresión.
- ¿Estas bien?- Le preguntó Sandra mientras desayunaban, Santiago la miró a los ojos como no lo hacia en mucho tiempo.
- ¡Sí!.. Es que mañana se vende la casa de la viuda, y tengo que hacer muchas cosas en el trabajo. – Le contestó.
- Al fin se va esa bruja del pueblo, cuatro maridos perdió súbitamente, no me gusta nada esa mujer, te llama más que tu madre por teléfono. – Dijo Sandra
- Es que, es de esas clientas ansiosas por vender sus casas, quiere irse del pueblo ya le vendí dos propiedades, esta es la última amor y se va para siempre- Dijo Santiago terminando su pocillo de café.
- Que bueno, algunos en el pueblo le tienen miedo, no solo por la muerte de sus maridos, aunque es extraño que pierda a los esposos de ataques cardíacos, todos la creen bruja mi amor, la han visto salir del cementerio por la noche, algunas mujeres le piden trabajos de magia negra y ese tipo de cosas, le dicen la viuda negra – Dijo Sandra.
- Amor son tonterías de un pueblo chico, no creas en esas cosas, lamento tener que irme después de tan bella mañana… Quiero recordarte una vez más que te amo. -Le dijo Santiago después de darle un dulce besó. Y se marcho.

Amalia caminaba nerviosa por toda la casa, dejando tras ella un hilo de humo de su cigarrillo mentolado, le dio un trago largo a su botella de vodka, luego la aventó contra  la pared de la cocina con furia, tomó el teléfono para llamar por novena vez a Santiago, Pero no lo halló en su casa. El timbre de la casa sonó en el silencio, se miró al espejo acomodando su cabello, luego abrió la puerta, echándose sobre Santiago excitada, él se la quitó de encima.
- Nos pueden ver Amalia, al menos espera que este dentro de la casa.- Le dijo regañándola.
- Te arreglaste con tu esposa, si es así te aviso que conmigo no se jode.- Le Dijo Amalia y cerró la puerta.
- De ser así es cosa mía, y no te interesa, no puedo irme mañana contigo, no puedo dejar a mi esposa por ti. – Le dijo Santiago con miedo.
- ¿Qué?..Todas tus promesas de amor no tienen sentido entonces, eres igual que los demás, creo que deberé visitar a mis muertos para pedirles un favor, sabes las cosas que son capaces de hacer las almas perdidas del cementerio por un poco de luz, la luz de una vela los quita de la oscuridad y te ayudan por eso.- Le dijo Amalia sentándose en el sillón.
- Mátame entonces, pídele a tu  espíritus que me lleven, porque a mí esposa no la dejo, caí en tus garras porque la carne es débil, ya no le temo a tus espíritus, podes hacer lo que quieras, ya no me vas a retener utilizando psicología barata, tendrías que haberte dado cuentas que si me revolcaba contigo era porque mi esposa estaba depresiva, porque no hacíamos el amor, lo lamento Amalia ya no te temo, no viajaré a ninguna parte, no te soporto más, hicimos todo lo que una pareja puede hacer en la cama, ya no aguanto tus llamados amenazándome.- Dijo Santiago y abrió la puerta para irse.
- Le hablaré de Sandra a mis espíritus si me dejas.- Dijo Amalia sin moverse del sillón.
Santiago cerró la puerta, dejó su maletín en el piso y bajó la cabeza, Amalia caminó lentamente hacia él.
- ¡Ella no!...- Exclamó Santiago preocupado.
- Sabes que es verdad lo de mis espíritus, recuerdas quien era tu jefe y porque tienes un mejor puesto en la empresa del pueblo… ¿recuerdas como viniste a mí?- Dijo Amalia.
- No hay día que no lo recuerde, era cobarde, y el desgraciado me había echado, sabes que tenía grandes deudas, sabes que mi esposa había perdido al primer niño, con ella no te metas Amalia. – dijo Santiago atormentado.
- Vamos a ser lo siguiente, mañana se vende esta casa, te doy dos días más para que ordenes tus cosas y viajemos, y así tu linda esposa vivirá, no le sucederá nada. Ya tengo la vela preparada para el dueño del banco, no van a rematarte la casa por la deuda, así que Sandra no se quedará sin hogar cuando la dejes, ya hablé con los espíritus, cuando la encienda en su mesa de noche buena su corazón se paralizará, ves como me acuerdo de todo mi amor, pero si me traicionas y no vienes conmigo será quien la encienda el que morirá, aquella persona que encienda la vela morirá – Dijo Amalia espantando el humo del cigarrillo y sonriendo.
- Bueno como vos digas Amalia, como siempre.- Le contestó Santiago.
- Vamos a jugar un juego, “Sumisión” se llama es mi preferido ya lo sabes como siempre.- Dijo Amalia atando sus muñecas.
Llegó a su casa cerca de la medianoche, el dolor en su espalda debido a los azotes de aquel juego sexual con Amalia le ardía, tomó un calmante, dejó en el cajón de la mesa de luz la vela de los espíritus, Sandra dormía, se acostó junto a ella, la angustia y el miedo que le tenía a Amalia se apoderó de su frágil alma, la abrazó con fuerzas y se quedó dormido.
Al medio día, entraron a la casa, ya todo estaba listo, Amalia había vendido su última propiedad, solo restaba entregar la casa en dos días y podrían fugarse juntos como ella anhelaba, Santiago abrió una botella de champaña para celebrar, ella estaba feliz.
- Vamos a ser muy felices juntos Santiago.- Le dijo Amalia y luego se lanzó a la cama.
- ¡Sí!.. – Exclamó Santiago.
- No sientas culpa por tu esposa, si se recupero después de todos los niños que perdió, va a seguir adelante después de que la abandones.- Dijo Amalia.
- Hoy quiero jugar un juego distinto, “sumisión”.- Le dijo Santiago atando sus manos.
- Ese no es tu rol, pero bueno estoy de humor, ojo no te pases.- Le dijo Amalia.
Santiago ato sus manos en los barrotes de la cama, luego se sentó sobre ella, con la punta de la navaja cortó su pecho, una línea de sangre corrió por su cuerpo.
- Te dije despacio acaso enloqueciste, suéltame.- Gritó.
- Sácame de una duda amor, ¿tienes algo que ver en la perdida de los embarazos de mi esposa? - Le preguntó Santiago con un tono de voz pausado y tranquilo.
- Desde cuando tanta valentía, siempre fuiste un maldito miedoso,  desátame, va a dejarme marca esto que me hiciste – Dijo Amalia riéndose de él.
- ¡Responde!- Gritó Santiago fuera de si.
- ¡Sí!.. No quería perderte por un maldito niño. - Gritó Amalia.
Santiago dejó la navaja sobre la cama, la miraba, mientras que ella gritaba que la suelte, que quitara sus amarras.
- ¡Lo siento! En dos días vuelvo y te quito las ataduras, esta noche enciendo la vela para el tipo del banco, se muere y la plata será toda mía, no dejaré a mi esposa.- Dijo y se marcho.
Lo que Santiago jamás imaginó fue el hecho de que su esposa Sandra estaba oyendo todo, ella sabia que su esposo le era infiel y lo siguió para asegurarse, para verlo con sus propios ojos, ingreso a la casa antes que llegaran y se escondió en el armario, cuando Santiago se marcho, ella salió del closet, Amalia se quedó perpleja al verla, Sandra tomo muy lentamente la navaja de la cama, había escuchado todo, inclusive lo de la perdida de sus bebes, una nube de ira la cegó, clavó la navaja profundamente en medio del pecho de la amante de su marido, luego completamente eufórica apuñaló su bajo vientre, una y otra vez, mareada se detuvo, no se dio cuenta que había hecho hasta que paro de darle puñalada tras puñalada, suspiró luego.
Llevó su cuerpo a la cocina, la dejó sobre el piso, buscó el hacha que normalmente se utiliza para trozar el pollo, luego unas bolsas de residuos, y comenzó a descuartizar su cadáver. Su risa y su llanto se escuchan en toda la casa vacía, se sentía confusa, una mezcla de nostalgia la envolvía, su esposo le había sido infiel, nada más y nada menos que con la llamada viuda negra, sus hijos habían muerto por culpa de sus brujerías, aquella mujer había arruinado su vida.

Aquella noche se festejaba la noche buena, Sandra después de deshacerse del cuerpo, lo esperaba con la mesa para recibir la navidad, exactamente como a él le gustaba, hablaron mucho sobre sus proyectos, Santiago estaba feliz, cuando el reloj estaba por marcar las cero horas, Santiago sirvió las copas, la miró con los ojos llenos de amor, amaba a su esposa, hacia años que no sentía amarla tanto, la besó, sabía que al fin serían felices. Sandra corrió a la cocina, el reloj marco las doce,
- Mi amor hay que brindar.- Gritó Santiago.
- Si ya esta faltaba algo para que sea la noche perfecta.- Dijo Sandra y colocó un candelabro en la mesa con tres velas, Santiago se quedó inmóvil.
- ¿Qué te sucede? estás pálido.- Le preguntó Sandra encendiendo la primer vela.
- Nada tonterías mías amor,  levanta la copa.- Le dijo y sonrió Santiago.
- ¡Sí mi amor ya esta!... Contestó Sandra antes de encender la tercera, Santiago le grito.
-No enciendas esa vela Sandra.- Aterrado.
-¿Por qué? moriré ¡cierto! ¿Por qué Santiago? ¿Porque me traicionaste con ella?- Le preguntó.
- Deja el cerillo mi amor, y hablamos, no lo hagas por favor. – Le suplicó Santiago.
- ¿Ahora quieres hablar? Tú me heriste, no me importa lo que me suceda.- Dijo ella.
- ¡Te amo! Eres todo para mí, no podría seguir sin ti ¡Por favor!- Suplicó él.

-Ya es tarde mi amor.- Dijo Sandra y encendió la vela, al instante cayó muerta sobre el suelo.



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