sábado, 16 de abril de 2011

"El Viejo Cuarto de Mamá" - Cuentos de Terror de Lucila Castro Díaz




Camine lo más lentamente posible con los pies desnudos y ensangrentados, para espiar por la rendija de la puerta, quería saber si ella seguía ahí, amaba a mi madre más que a todos, pero ahora le temo, llevo horas encerrada en su viejo cuarto, no sé como salir, sé que ella espera que yo cometa el terrible error de abrir la puerta para intentar escapar, así le daría su oportunidad para asesinarme, ahora ella golpea por momentos la puerta con los puños, puse su antigua cama para evitar que entre; siempre me pregunté como será estar muerto, jamás pensé en como moriría, ella fantaseaba con que papá le era infiel, mi padre no haría eso jamás, menos con quien ella pensaba. Una tarde que regresaba yo del trabajo fui directamente a su cuarto, se escuchaba que ella se quejaba por algo, al entrar lo que vi fue espantoso, sentí como si se me helara la sangre en las venas, quedé tiesa, dura del susto, Mamá había matado a papá, tenía un cuchillo que usaba para deshuesar el pollo, y jugaba con las tripas de mi padre, sin estar conforme con apuñalarlo lo había abierto del cuello a los genitales y sacaba sus órganos, ella lo imaginó siéndole infiel.
Me creí morir del dolor, al ver aquel escenario macabro, que nadie jamás puede imaginar ni en sus peores pesadillas, nunca logre quitar de mi mente aquella terrorífica imagen,  la enviaron al hospital psiquiátrico, lleva ya dos años allí, yo me casé con el deseo imperioso de formar una familia, mi esposo era todo lo que soñé en mis treinta años, tenía una vida normal, estudiaba leyes, trabajaba como secretaria de una doctora, llegaba a mi casa y solo anhelaba cenar con Juan e ir juntos la cama. Siempre quise abrir el viejo cuarto de mamá, la casa estaba ya muy antigua, intenté venderla pero con los hechos que aquí ocurrieron jamás lo logré, en el barrio le decían la casona de los crímenes, mi abuelo la había comprado en un remate cuando contrajo matrimonio por muy poco dinero puesto que la dueña anterior, después de asesinar a su esposo e hijos, intentó prenderla fuego, parecía ser un lugar destinado a los peores homicidios, mi abuela; se suicidó en el cuarto que más tarde fue de mamá, como iba yo ahora habitar aquella húmeda y escalofriante habitación después de los hechos tormentosos allí ocurridos.
Con Juan estábamos ahorrando dinero para comprar un departamento y
mudarnos para no caer en la maldición que parecía tener la casa, fue una
pena no poder irnos de aquí, justo la noche anterior a la mudanza aconteció lo tan  temido.
 Era una cálida noche de estío, las estrellas brillaban como nunca en su firmamento, regresábamos de festejar nuestro primer aniversario de
casados, cuando notamos que la puerta principal había sido forzada, Juan
me pidió que me quedara en la vereda, pero yo lo acompañé hasta el porche, se oían ruidos raros como si alguien corriera descalzo por la casa, él ingresó, por largos minutos no se escuchó nada, hasta que después pude oír un grito de dolor de mi esposo, entre cegada a la casa, encendí la luz del living y nada, recorrí todo abajo, subí lentamente las escaleras, hasta que allí lo vi a mi amor, estaba junto a la puerta del baño todo ensangrentado, tenía abierto el pecho como papá, grité como loca, lo abrace estremecida, hasta que sentí que alguien me jalaba del cabello, miré para arriba, era mamá,
- Eres la perra que fornica con mi marido.- Gritó alzando su cuchillo.
- ¡No!...mírame bien mamá soy yo Julieta...tu hija. - Le dije sollozante.
Ella me sonrió, logré quitarle la mano de mi cabello, corrí al viejo cuarto,
donde me encerré con llave, ella comenzó a golpear con los puños mientras me maldecía, intenté huir por la ventana, pero estaba tapada desde afuera con maderas, no sabía que hacer, gritaba a la gente de afuera pero parecían no escucharme.

Cada minuto era una agonía, no podía dejar de pensar en Juan, mi dulce y
comprensivo esposo, víctima de la crueldad de mi madre, ahora ella me quiere a mí, como podía hacer para salir, pensé en matarla, busqué algo con que hacerlo pero en el viejo cuarto solo había un cristo en la pared corroído por el tiempo que perteneció a mi abuela, para colmo hay algo que aún no les narré, mi abuela asesinó a mi abuelo con aquel cristo que ahora esta adornando la pared del cuarto, en la pared, se lo incrusto en el ojo, luego apuñalo a mi abuelo, cuarenta puñaladas le dio, todas en su corazón, mi madre había colgado aquella cruz de metal con cristo crucificado, para recordarle a  mi padre lo que podía sucederle si le era infiel. Entre la humedad y el terrible calor que hacia afuera estaba ahogándome, no podía creer que mi madre después de tantas horas, no se cansara del otro lado de la puerta, que los vecinos no levantaran sospechas con todos los gritos de la noche en que asesinó a Juan, ya no tenía fuerzas, intentaba ponerme de pie y me caía, los pensamientos de beber y de comer me enloquecían, tragar saliva me dolía y la garganta la tenía cada vez más trecha, comencé a ver borroso y todo giraba en mí mente, ya no tenía que vomitar en mí estómago, cerré los ojos agotada, un solo pensamiento me atosigaba en aquella tarde de verano y este era el deseo de muerte, me dejé caer al suelo, me desmayé.
Unas voces desconocidas me hicieron reaccionar, alguien había entrado en la casa, seguramente la policía, algún vecino al fin los alerto y venían a rescatarme de las garras de mi madre,  miré por entre las maderas hacia la calle, al fin, dos ambulancias y varios vehículos de la ley, alguien forzó la puerta del viejo cuarto en donde yo estaba falleciendo víctima de mi madre, un oficial ingreso  - ¡Esta acá!.. - exclamó sin mirarme. Me levanté como pude, una escalofriante revelación vino a asecharme, vi mí cuerpo inerte junto a la ventana, tenía el cuchillo que usaba mi madre para deshuesar el pollo en mí mano derecha, y las venas de mí mano izquierda cortadas, salí del cuarto atormentada, una camilla se llevaba a Juan, busqué a mamá pero no la hallé. Escuché a un oficial que tomaba nota; mujer de treinta, Julieta Ávila, asesinó al marido por la espalda y se quitó la vida en aquel cuarto, la vecina de al lado quien estaba como testigo dijo,
- La pobre tiene a la madre en un psiquiátrico por matar al padre. – Declaró, una terrible revelación llego a mi como un viejo fantasma familiar, estaba muerta y asesiné a mi amado esposo.
Miré hacia la calle como la ambulancia llevaba mi cuerpo, una pregunta
vino a mí, ¿Estaría eternamente en el viejo cuarto de mamá? - Pensé en
Juan, el pobre murió por mi mano, recordé como entré con él a la casa
aquella infortunada noche, fui a preparar café, me era infiel lo había visto
aquella tarde en su oficina con la secretaria de su jefe, iba a dejarme y
cuando lo vi de espaldas lo apuñalé quince veces, hice lo que todas las
mujeres de mi en la familia hicieron, me vengué porque me fue infiel o al menos eso creí., ahora veo a una mujer que habita la casa, poniendo veneno de ratas en la cena de toda su familia.


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